LA ORIENTACIÓN EN EL BUCEO
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LA ORIENTACIÓN EN EL BUCEO
LA ORIENTACIÓN EN EL BUCEO

La orientación subacuática es una técnica que puede ser todo lo complicada que se quiera. De hecho, existen competiciones sobre orientación debajo del agua con equipos específicos para ello. (La Federación Española ─ FEDAS ─ organiza competiciones que merece la pena ver en su página ).

Siendo éste un blog dirigido a buceadores recreativos, este artículo no pretende ser ni exhaustivo ni un curso sobre orientación subacuática, sino sólo hacer algunos comentarios y precisiones sorprendentemente poco conocidas respecto de esta cuestión, que se espera sean del interés del lector.

 Todo el mundo utiliza indistintamente los dos términos. Sin embargo, representan aparatos ligeramente diferentes: en la brújula la rosa de los vientos esta fija y la aguja gira sobre ella marcando siempre el norte magnético. Por el contrario, en el compás ─ o más propiamente denominado compás náutico para diferenciarlo del aparato para trazar circunferencias ─ lo que gira es la rosa de los vientos o chapitel sobre un pivote o estilo, con el norte fijo obviamente, dentro de una burbuja estanca en la carcasa o mortero del aparato.

Desde este punto de vista, en el caso del buceo mejor hablar de «compás», asunto sin demasiada importancia que se menciona sólo por ser objeto de frecuente controversia, ya que se utilice bien un término o bien el otro, todo el mundo sabe de qué se está hablando.

Brújulas digitales

Aunque las brújulas digitales como aditamento independiente no son muy comunes, cada vez más ordenadores incorporan la función de brújula.

Brújulas digitales dedicada e integrada en ordenador
Brújulas digitales dedicada e integrada en ordenador

Estos aparatos tienen la ventaja de no depender tanto de la posición respecto del plano horizontal para su correcta lectura, así como no estar sujetos a distintas zonas de equilibrio ─ concepto del que se tratará un poco más adelante ─.

En algunos ordenadores con pantallas retroiluminadas, su lectura es más fácil en inmersiones nocturnas. Así mismo disponen de funciones de vuelta al punto de partida y algunos cuentan con sofisticaciones de rumbos que las analógicas no tienen.

Como inconvenientes, el mismo que tantos otros componentes del equipo de buceo: son más sofisticadas, caras y están sujetas a mayor número de fallos, empezando por las baterías que necesitan para funcionar.

Por ello, las analógicas siguen siendo las preferidas, siendo habitual tener la digital integrada en el ordenador como respaldo, aunque habría que preguntarse si esto refleja la existencia de ventajas reales o es una cuestión de desconfianza tecnológica.

Las brújulas analógicas están diseñadas para usarse dentro de un área determinada del globo (zonas de equilibrio) porque el campo magnético de la tierra no solo varía horizontalmente, sino también verticalmente, lo que hace que la aguja se hunda hacia abajo cuando la caja se mantiene nivelada. La aguja de la brújula se equilibra con un peso pequeño para contrarrestar la caída hacia abajo, de modo que no se arrastre ni se pegue en la parte superior o inferior de la cápsula. Por tanto, si se cambia de hemisferio o se lleva una brújula a una parte del globo significativamente diferente de donde se equilibró, habrá que verificarla antes de utilizarla.

A tener en cuenta también el origen de las compras en Internet.

Zonas de equilibrio de una brújula analógica
Zonas de equilibrio de una brújula analógica

Por el contrario, las brújulas digitales no tienen zonas de equilibrio. Son universales porque tienen una función de ‘calibración’ por el usuario, que se realiza en la región donde el buceador planea usar la brújula. Un cambio de región simplemente requiere una recalibración antes de su uso en la nueva ubicación.

El denominado norte verdadero es la dirección que apunta directamente hacia el Polo Norte geográfico. Pero el norte magnético es muy diferente: es la dirección a la que apunta la aguja de una brújula cuando se alinea con el campo magnético de la Tierra.

Y resulta que el Polo Norte magnético no es fijo, ya que se desplaza ligeramente y cambia con el tiempo, en respuesta a los cambios físicos y dinámicos del núcleo terrestre. Sólo en rarísimas ocasiones ocurre que el norte magnético y el norte geográfico coinciden exactamente. Así que, en general, el norte magnético y el geográfico formarán un ángulo variable en el tiempo, denominado declinación.

La sempiterna pregunta sobre los GPS

«Pero … ¿no hay un GPS para buceo?» ¡Cuántas veces se oye esta pregunta al hablar de orientación subacuática!

Pues no, pero … casi. El sistema GPS funciona con ondas electromagnéticas y la densidad del agua complica su propagación a distancia en dicho medio, de tal manera que sus señales sólo penetran en el agua unos 50 cm desde la superficie. Algo similar a lo que pasa con la luz, cuyo paso se ve dificultado en el agua de tal suerte que los colores se van perdiendo conforme aumenta la profundidad hasta la completa oscuridad.

Aun así, existe algún sistema como el ENC3-PRO provisto de una boya con receptor GPS conectada por un cable de unos 10 m de tal manera que soltándola a superficie, se puede conocer la posición exacta. Algo ortopédico parece aunque seguramente tendrá sus aplicaciones en cualquier caso muy lejanas al ámbito del buceo recreativo.

Sin embargo, el sonido es muy diferente a las señales electromagnéticas GPS, ya que es producido por el movimiento vibratorio de las moléculas de una sustancia elástica. En el agua, el sonido se propaga con mayor eficacia y rapidez que en que en el aire; las ondas sonoras (y ultrasónicas) se transmiten en el mar a una velocidad entre 1.400 y 1.600 metros por segundo, mientras que en la atmósfera aérea la velocidad de propagación es de unos 340 metros por segundo. Basados en esta otra posibilidad, existen aparatos que utilizan señales acústicas de localización (algunas combinadas con un GPS en superficie para la localización de la baliza emisora).

Sin embargo, la aplicación al buceo recreativo (y a todo lo que no sea militar), es un asunto complicado ya que se han hecho numerosos intentos de comercializar sistemas que permitieran al buceador localizar su barco y a sus compañeros ─ y viceversa ─ , con resultados exitosos que se pueden contar con los dedos de una oreja. El sistema Neverlost de UWATEC, el Navimate de SHB Instruments y muchos otros que incluso se llegaron a comercializar pero que han desaparecido en su inmensa mayoría.

El último intento que este Autor conozca es el sistema Divetrack de Shearwater, anunciado a bombo y platillo no hace mucho. Para que el lector se haga una idea de la complejidad y costo de estos trastos y la consecuente dificultad de su comercialización, se le sugiere bucear en la página de esta compañía a la que llegará desde el anterior enlace. Un botón de muestra podría ser el siguiente vídeo:

DiveTrack

Finalmente, es muy posible que en el futuro se comercialicen sistemas mucho más simples y baratos que sirvan para estos propósitos. Y sería un gran avance para el buceo recreativo. Pero, hasta que ese momento llegue, el costo y complejidad de lo existente hasta la fecha lo hace inviable en la práctica (salvo para contadas aplicaciones).

En la siguiente imagen se presentan dos brújulas o compases de buceo. Además de que una tiene correa y otra no, los colores y demás diferencias anecdóticas, ¿sería capaz el lector de encontrar la diferencia sustancial? Tic-tac, tic-tac …

Diferencias compás
Diferencias entre compás de buceo

Efectivamente: la escala graduada de la segunda está girada respecto de la de la primera.

Obsérvese en la de la izquierda que la escala de grados empieza en el Norte (N) desde el 0º-360º hacia la derecha, coincidiendo el Este (E) con los 90º; el Sur (S) con los 180º y el Oeste (W) con los 270º. Esto es lo normal en cualquier brújula o compás de tierra o náutica.

Sin embargo, en la escala del compás o brújula de la derecha, el Norte (N) coincide con los 180º; el Este (E) con los 270º; el Sur (S) con 0º-360º y el Oeste (W) con los 90º.

Es decir, la escala de la derecha está girada 180º respecto de la de la izquierda. Ésta última se llama graduación opuesta (no confundir con la graduación inversa que es la marcada en el sentido antihorario).

¿Por qué ocurre esto? Porque las brújulas de muñeca para buceo están provistas de una incomodísima ventanita lateral por la que mirar enfilando la línea de fe (ver imagen siguiente) y, quizá por costo y simplicidad, no duplican ni ocultan la escala, dando preferencia a esta lectura de la rosa de los vientos a través de la ventanita, respecto de la más natural desde arriba. Así, enfilando hacia el norte, en la brújula o compás de la derecha, a través de la ventanita se leerá 360º, que es la lectura correcta.

Esto, a juicio de quien escribe, es una chapuza, por muy frecuente que sea y muy acreditada la marca del fabricante. Lo adecuado sería duplicar la escala de tal manera que desde arriba se viera la escala normal hexagesimal con el 0º-360º coincidente con el Norte y sentido horario, y a través de la ventana lateral se vieran los grados de otra escala de graduación opuesta, invisible desde arriba.

Rumbo a través de la ventana lateral
Rumbo a través de la ventana lateral

Esto quiere decir que si alguien que vaya a dirigir una inmersión grupal mira su compás de buceo y dice «hay que seguir un rumbo de 270º desde el barco«, ─ que cualquier navegante interpretaría automáticamente como tomar rumbo Oeste (W) ─ más vale asegurarse de lo que realmente se está queriendo decir si se mira una brújula o compás como el de la derecha del ejemplo: si efectivamente hay que seguir rumbo Oeste (W) porque está mirando el rumbo a través de la ventanita lateral del instrumento o si, por el contrario, si la está mirando desde arriba, diciendo exactamente el rumbo opuesto hacia el Este (E). Este error puede suponer un gran problema en el agua.

Por cierto y a tenor de la anterior imagen, la cápsula del aparato (la brújula propiamente dicha) está mal insertada (girada) en la carcasa de goma que la porta pues el eje del orificio de ésta que permite ver la ventanita lateral no coincide con la línea de fe, impidiendo una lectura correcta. Falta de cuidado del fabricante o del vendedor al confeccionar sus catálogos. A continuación se presenta otra imagen con otra brújula correctamente montada. Estas cosas son importantes.

Brújula correctamente insertada en su carcasa de goma
Brújula correctamente insertada en su carcasa de goma

En un curso técnico que quien escribe asistió cuando los dinosaurios poblaban la Tierra, se comentó un cambio de protocolo consistente en ubicar la brújula o compás en la muñeca del brazo izquierdo y no en el derecho, como hasta entonces se llevaba.

Dado que por aquel tiempo se utilizaban focos HID con balasto que se llevaban precisa y permanentemente en el dorso de la mano izquierda, faltó tiempo para preguntar ¿¿Y qué pasa con la interacción magnética del balasto del foco?? La respuesta no pudo ser más deprimente: ¡Eso no ocurre dentro del agua! De un plumazo el instructor se había cargado la Física.

Pero como el Electromagnetismo existe a pesar de la conveniencia ignorante de aquel instructor, hay que tener cuidado con las interacciones de aparatos que se puedan llevar próximos a la brújula o compás.

A modo de ejemplo, se propone el siguiente vídeo filmado de manera chapucera por quien esto escribe esta misma mañana y debajo del agua, para que no haya dudas. Se puede apreciar la importante modificación de rumbo (casi 90º) que supone la aproximación de una simple linterna (cuidado con cómo se ilumina la brújula en las inmersiones nocturnas).

Influencia en la brújula de una linterna

Las brújulas digitales por supuesto tampoco están exentas de esta influencia, como se puede observar en el siguiente vídeo:

Influencia en la brujula digital de una linterna

Como se puede apreciar en el vídeo casero, al aproximar la linterna (da igual que esté encendida o pagada), tanto a la brújula independiente como a la del ordenador, los rumbos se modifican apreciablemente.

Así pues, precaución con las cámaras, focos, linternas, torpedos y cualquier archiperre similar. Convendría hacer con cada uno de ellos una prueba en seco (arrojará resultados casi idénticos que dentro del agua), para conocer la magnitud de su influencia y actuar en consecuencia dependiendo del caso.

Este líquido aceitoso hace que las piezas móviles interiores se muevan despacio. Si hay aire en su interior, la lectura puede ser incorrecta. Y, si ocurre ¿se puede reparar? Sí. Haciendo dos pequeños agujeros opuestos en el lateral de la carcasa y sacando primero todo el líquido existente con una jeringuilla para, a continuación, rellenarla de nuevo con cualquier glicol o aceite poco denso e incoloro por uno de ellos, hasta que rezume por el otro, quedando sin aire en su interior. A continuación, sellar los dos agujeros con una gota de un adhesivo ad hoc.

En el anterior artículo titulado «LA CONTRADICTORIA DEPENDENCIA DEL BUCEADOR AUTÓNOMO» se mencionaba la habitual costumbre de dejarse llevar y que otro (el divemaster, guía, instructor o compañero avanzado), determine casi todos los aspectos de la inmersión. ¿Cuántas veces ha visto el lector utilizar un compás a algún compañero que no pertenezca a estas categorías? Probablemente muy pocas o ninguna.

En el mejor de los casos recuerda que utilizó el compás en una especialidad remota de orientación de la certificadora que le impartió el Advanced … y nunca más la volvió a usar. Se lleva, pero como quien lleva una pata de conejo a modo de amuleto que per se libra de todo mal. Curiosamente, saberlo utilizar parece lo de menos.

De esta manera, cuando realmente es necesario tomar un rumbo, el buceador recreativo raramente se molesta en sacar su compás ─ en el infrecuente caso de que lo lleve ─ y tomarlo. Deja que otro lo haga, dependiendo de él durante toda la inmersión. Y ¿si se pierde?

Siguiendo la línea argumental del artículo anteriormente mencionado, lo adecuado sería que en un grupo todos aceptaran esa responsabilidad consecutivamente, siempre bajo la supervisión sensata del más experimentado. Desde este blog se anima a adoptar esta actitud como procedimiento para lograr una autonomía real.

Es muy frecuente que quien está nadando con un determinado rumbo se vea asaltado por la duda y la impaciencia. No se acaba de llegar, no se reconoce la zona por la que se está pasando, se ven hitos que parecen contradictorios con el rumbo tomado, … multitud de estímulos externos que hacen dudar de lo que se hace, duda salpimentada con una creciente ansiedad.

Y, entonces, ¿qué hace el buceador? pues dejarse llevar por estas impresiones y emociones cambiando el rumbo tomado. Esto no es que sea infrecuente, es que es lo habitual ─ al menos en trayectos largos ─, por absurdo que parezca. Los «esto no me suena … ¿no era por allí?» son la causa más probable de acabar en otro océano.

Es por ello que los navegantes, que desde siempre conocen y han sido víctimas de esta tendencia tan humana, implantan en sus brújulas una línea FIJA grabada en el cristal que marca el rumbo (coincidiendo con el eje del barco o «línea de crujía») y de la cual no hay que apartarse llamándola precisamente «línea de fe» (aunque frecuentemente se encuentra con su nombre en inglés «lubber line«).

Las brújulas de buceo también está provistas de una «línea de fe».

Línea de fe
Línea de fe

Este tradicional y maravilloso nombre expresa inmejorablemente una cualidad imprescindible en la orientación. En este caso, fe en el aparato. Quizá lo más difícil de aprender.

Fe ─ o «confianza ciega», o como se quiera ─ que hay que entrenar. Y quien esto escribe atestigua que no es fácil psicológicamente.

Uno tiende a otorgar su confianza a los amigos y compañeros de buceo que considera capacitados. Esto es un error a veces. Seguir un rumbo en grupo no es una cuestión democrática ni debe ser sometida a opinión. El que ha adquirido la responsabilidad debe asumirla. Y si el error es manifiesto, a discutir en superficie. Ello sin tener en cuenta la dificultad de comunicación dentro del agua. El Autor puede acreditar por experiencia propia y reciente que a veces los amigos marean mucho.

La posición del sol, las ondas en la arena del fondo, la topografía, las rocas … son sólo indicios. Pueden apoyar el rumbo elegido por otros medios, pero basar la orientación en ellos es algo inconsistente que no se recomienda en ningún caso.

La posición del sol puede ayudar … pero puede nublarse el día. O puede ser que se bucee en verano al medio día, con lo que la inclinación de los rayos solares no aportan nada al ser sensiblemente verticales.

Las rocas son muy diferentes vistas desde un lado (de ida) o del contrario (de vuelta). Tan distintas que muchas veces son irreconocibles. Sin mencionar la distinta profundidad en uno y otro caso.

Las ondas de la arena del fondo o las diferencias de cota pueden indicar hacia dónde está la orilla … o dónde se encuentra un bajo.

Así pues, el considerar la brújula como base para la orientación sin contar con más debiera ser lo aconsejable.

Acumular información antes de tirarse al agua supone empezar con un mapa mental sobre el que trabajar y no ir salvando las dudas sobre la marcha.

Forma parte de la llamada «consciencia de la situación» que casi todo el mundo ignora y tan importante es (a la que se dedicó un artículo completo que se recomienda leer.

Así pues, la toma de datos inicial, empezando desde el barco y la profundidad a la que está su fondeo es fundamental para cualquier orientación posterior.

Nada de trigonometría

En los cursos básicos se enseña a hacer rumbos muy sencillos en trayectorias triangulares y rectangulares. Sin embargo, en la práctica el 99% del uso de una brújula se concita en ir desde un punto a otro y volver.

A muchos buceadores les da pereza meterse en estos asuntos de la orientación pensando que tienen que poco menos que resolver problemas trigonométricos, incluso en el agua.

Se anima a estos buceadores a olvidarse de la trigonometría por el momento y centrarse sólo en seguir un rumbo lineal del punto A al punto B y vuelta. Y, aunque muchas veces tampoco es tan sencillo, acumular seguridad y práctica sólo en esto ya es un gran paso.

¿Contar patadas? … ¿de verdad?

La orientación es cuestión de rumbos … y de distancias. En los cursos básicos se enseña a medir la distancia recorrida mediante varios procedimientos: tomar tiempos, tomar presiones manométricas y contar patadas. Quien esto escribe nunca ha entendido la ventaja de la unidad «patada» ni la unidad de presión o consumo (bar) sobre la unidad de tiempo.

Respecto de la presión manométrica o del consumo depende de tantas variables (profundidad, estrés, corrientes y esfuerzo, etc.) que utilizarla se antoja de dudosa utilidad.

Respecto de contar patadas pues … una, dos, tres … trescientas quince, trescientas dieciséis … mil ciento una, mil ciento dos … ¿eso es una inmersión o un mantra de los Hare Krishna? Difícil pensar en algo más ortopédico y que fastidie más una inmersión. Se podría entender para distancias cortísimas, pero no parece un procedimiento generalizable.

Sin embargo, el tiempo aglutina y amortigua las irregularidades si se mantiene una voluntad de llevar un ritmo sensiblemente constante. Aunque tanto contar patadas como contar minutos están sometidos a correcciones debidas a las corrientes principalmente, ¿qué diferencia habría con llevar un ritmo sensiblemente uniforme y contar el tiempo? A la larga, ninguna, salvo que quizá el buceador pueda ver algún pez si deja de contar.

Cualquier inmersión en la que haya una corriente no muy fuerte pero apreciable, tómese a no mucha profundidad un hito de partida reconocible. A continuación, establézcase con el compás o brújula de buceo un rumbo que coincida sensiblemente con la dirección de la corriente. Nádese a ritmo constante contra ella unos minutos determinados. Pasado el tiempo establecido, dese la vuelta y nádese con rumbo inverso, de nuevo hacia el punto de partida, evidentemente ahora a favor de la corriente durante el mismo periodo de tiempo.

Con toda seguridad el buceador llegará de nuevo al hito de referencia antes de que acabe el tiempo dado. No importa. Porque de lo que se trata es de cuantificar aproximadamente la diferencia del efecto de una corriente nadando a favor y en contra.

Con esos dos datos, haga una pequeña proporción. Obtendrá un tanto por ciento de correspondiente al efecto de la corriente. Haciendo esto con corrientes de diversa fuerza (no hace falta ser exhaustivo) y en distintas direcciones, el buceador obtendrá unos factores de corrección que, aunque aproximados y muy groseros, serán valiosísimos y permanecerán dentro de su cabeza para siempre. Estas pruebas que se pueden hacer en casi cualquier inmersión pueden sofisticarse tanto como se quiera, a gusto del buceador.

En «el azul» y con corriente

La deriva es un término náutico que expresa la distancia que recorre una embarcación por efecto de la corriente, es decir, por el desplazamiento de la masa de agua en la que se encuentra, respecto de su rumbo teórico o Rumbo Verdadero.

Lo mismo pasa con el buceador. La corriente le va apartando de su rumbo, a veces perceptiblemente, pero otras veces, sin darse cuenta.

A este respecto, en el azul y sin referencias visuales u otra información previa, no se puede saberse si hay corriente, o no. Y esto es un gran problema.

Esto ocurre porque el buceador se haya inmerso en una masa indiferenciada de agua que se desplaza con él. Así, las partículas en suspensión, las burbujas y el buceador mismo viajan a la misma velocidad, haciendo extremadamente difícil -en realidad, imposible- tener alguna percepción de la corriente o de la velocidad del desplazamiento si no hay una referencia visual fija. Con suficiente tiempo, uno podría salir en otro continente sin enterarse, creyendo que no se ha movido del sitio.

Quien esto escribe realizó una inmersión con unos amigos en el azul pero a no demasiada distancia de un islote (unos 150 m). La inmersión era profunda y resultó no habernos tirado al agua en las coordenadas correctas para ver lo que queríamos, estando el fondo lejos de lo que nuestros gases permitían llegar.

Sin referencia alguna, después de intentar resituarnos sin éxito y hacer una deco de cierta entidad en el azul, salimos a superficie esperando ver el islote más o menos donde lo habíamos dejado. Casi ni se veía en el horizonte. Una corriente muy intensa nos había desplazado a una gran distancia sin que nos diéramos la más mínima cuenta. (La resolución de esta situación podría haber estado incluida en una novela del Realismo Mágico, pero no procede contarla ahora).

La deriva y la orientación en el buceo

Supongamos que un buceador desea ir desde lejos hacia la punta de un cabo terrestre que se ofrece de costado. Mirando el rumbo en línea recta hacia dicha punta, a un lado aparece tierra y al lado contrario … sólo agua.

Si estrictamente se tomase el rumbo recto hacia dicha punta pero existiera una imperceptible corriente que le desviara hacia el lado contrario a tierra, aun manteniendo perfectamente el rumbo en todo momento, podría derivar pasándose la punta inadvertidamente hasta su pérdida total.

Es por ello que, aunque no se advierta corriente alguna, (recordemos que sin referencias visuales no se puede saber si se está afectado por una corriente por fuerte que ésta sea), conviene ser precavido y no apuntar a la punta ─ valga la redundancia ─, sino tomar unos grados de desviación hacia tierra. Es preferible llegar a la costa y luego recorrer su perfil hasta llegar a la punta deseada que pasársela y seguir nadando inadvertidamente en la nada.

Hay veces en las que no hay más remedio que «hacer la tortuga», esto es, sacar la cabeza a superficie para saber dónde rayos estamos y, de paso, tomar de nuevo el rumbo.

Hacer la tortuga
Hacer la tortuga

Aunque hay buceadores que preferirían acabar en otro continente antes de admitir que no saben dónde están y salir a superficie para comprobarlo ─ siempre que los compañeros lo vean, claro ─ , no parece que sea una actitud muy defendible. El desconocimiento nos mete en problemas y la vanidad nos hace permanecer en ellos.

Por cierto, hacer la tortuga, sí … pero con una boya deco desplegada, no sea que alguna embarcación nos haga un corte de pelo indeseado.

Corolario

El autor confiesa que es un experto en desorientación. Hay gente que naturalmente se orienta bien. No es el caso de quien esto escribe. Precisamente por ello es necesario establecer pautas muy concretas a seguir con cierta convicción.

Si el lector pertenece a este grupo de desnortados, no se desmoralice. Practicar este tipo de cosas puede llegar a ser divertido. Y relájese: salvo un compañero del Autor del que se sospecha tiene la nariz magnetizada, todo el mundo se acaba perdiendo alguna vez. Muchas, se diría.

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3 thoughts on “

Perdiendo el norte:

APUNTES SOBRE LA ORIENTACIÓN EN EL BUCEO (I)”

  1. Lo primero de todo, decir que pertenezco al selecto y divertido grupo de desnortados, a pesar de llevar casi 30 años con la misión (más relevante) de llevar buques a buen puerto desde un oceano a otro; ahí abajo es muuuuy diferente el asunto. Si no conoces el sitio y te has hecho responsable de la inmersión, o te concentras bien, o te pierdes… pero ya puestos a reconocer… sí, he tenido que hacer la tortuga un par de veces. Vergüenza ninguna! ;p

    Sólo quería comentar que llevo de backup de la brújula analógica, el Suunto Cobra 3 y que hay que tener en cuenta que el modo brújula digital, con la propia luz del ordenador, modifica el rumbo real. Así que mucho cuidado! De dia lo mismo enciendes la luz sin querer (no es facil pero sí posible) o se puede encender debido a una alarma programada que acaba de saltar y no darnos cuenta. De noche es fácil saber que está encendida y percatarse de que la lectura no será la correcta hasta pasados unos segundos desde que la luz se apague sola.

    No sé si es un problema común de cualquier brújula dígital, pero al menos con este modelo, dato a tener en cuenta.

    Nada más. Muchas gracias por tan (siempre) interesantes artículos. Estaría bien abordar algún día uno sobre lo que te permite el BOE por ser buceador recreativo y lo que te pide cada certificadora por llegar a -40m, o por disfrutar de un traje seco, o por meterte de noche en el agua, o por tener la posiblidad, ya no de usar, sino de cargar tu botella con (hasta) NX40,… en fin, todas esas divisiones económicas que hacen. La última en unirse a ello creo que ha sido ACUC, que antes con un solo curso ya podías bajar a -40 y ahora lo tiene dividido en 2 al menos.

    Saludos.

  2. perfecta la descripción del artículo,soy instructor y me pasa lo mismo,un desnortado ,es mi gran lucha en todos estos años,entiendo todo lo que dices y comparto, sin más comentarios ,y gracias

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