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Nota introductoria: Éste es el primer artículo de una serie de cinco en que se tratará el asunto del «Gas Mínimo» o cantidad mínima de gas con la que iniciar imperativamente el ascenso a superficie en buceo recreativo. En esta primera parte sólo se señalarán los problemas y carencias que presentan las reglas comunmente enseñadas en los cursos, entre los que destaca el mito de tener que salir obligatoriamente con 50 bar en la botella. El entendimiento de estas carencias es ya algo muy importante, pero las conclusiones y soluciones aparecerán en posteriores entradas. Se ruega al lector un poco de perseverancia y paciencia.

¿Salir del agua con 50 bar?

Existe la creencia en el buceo recreativo, muy extendida por todo el mundo,  de que hay que salir del agua con 50 bar de presión en la botella.

Una vez que el Autor de este blog ya hubiera desistido por puro aburrimiento de que alguien le explicara qué aporta a la seguridad del buceador saber que debe estar con 50 bar de gas en su botella ya en superficie (salvando una mínima presión por debajo de la cuál un manómetro deja de ser fiable) o, incluso, el propio hecho de estarlo, también se cansó de preguntar sobre el manual y página de qué organización de enseñanza aparece esta regla.

Desaparecido el razonamiento, ni siquiera se llegaba a citar un argumento de autoridad. La cosa solía acabar en el consabido argumento falaz de apelación a la costumbre: alguna razón habría porque siempre se ha hecho así, no siendo discutible porque ser asunto de seguridad. Y la «prueba» aportada solía ser que los manómetros tienen un franja roja señalando el intervalo hasta 50 bar. Quizá haya sido el motivo de discrepancia más tensa con instructores y dueños de centros y de barcos de “vida a bordo”  que ha tenido quien esto escribe, que se ha dado contra este muro mental, una y otra vez, al serle exigido su cumplimiento.

La explicación más plausible de esto es que hace ya mucho tiempo, en los comienzos del buceo, no se utilizaban manómetros. La botella se consumía y, cuando el buceador se quedaba sin gas -literalmente-, tiraba de una palanca que la botella tenía al efecto cuya misión era activar la salida de gas de reserva. La grifería incorporaba un muelle tarado de tal manera que cuando la presión interior de la botella bajaba de una determinada cantidad, ese muelle cerraba el paso del gas. Mediante la palanca se presionaba el muelle para que el gas que quedaba pudiera salir.

Era la manera de indicar al buceador que sólo le quedaba la presión a la que se había tarado el mecanismo. En Europa se taraba normalmente entre 30 y 50 bar. En las fotos siguientes se puede ver una botella de marca La Spirotechnique con palanca de reserva.

Imagine el lector bucear sin conocer la presión de la botella en ningún momento de la inmersión … hasta quedarse sin gas y tener que tirar de la palanca. Probablemente el actual mantra provenga de aquellos tiempos en los que accionar la palanca para disponer de estos últimos 30-50 bar de gas hubiera sido sinónimo de «no llegar a utilizar la reserva» como indicación de seguridad.

Sea o no ésta la razón, el presente artículo pretende poner de relieve la transmisión contumaz de este tipo de creencias y simplificaciones y, sobre todo, la sorprendente falta de reflexión sobre algo tan básico e importante como es saber la cantidad de gas con la que hay que ascender necesariamente. Se introduce así el concepto del “Gas Mínimo”, es decir, de la cantidad de gas a partir de la cuál es necesario imperativamente terminar la inmersión y comenzar el ascenso.

Pero comencemos analizando el “mito” de los 50 bar -independientemente de su origen-, como mera reflexión sobre lo que se aplica sin pensar:

  • Primer problema:  50 bar … ¿¿de qué botella?? Porque el bar es una unidad de presión y la unidad de consumo en un tiempo determinado es el litro (o el gramo). Obviamente no contienen los mismos litros una botella de 10 l que una de 15 l, ambas a 50 bar. Hay un 50% de diferencia entre ambas. Y un 80% considerando una de 18 l de capacidad. ¿Hay que estar igualmente en el barco con 50 bar de una botella de 10 l  que de una de 18 l? ¿Supone igual seguridad? ¿Qué justificación pudiera tener esto desde el punto de vista de la gestión del gas?
  • Segundo problema: ni el buceador recreativo ni ninguna otra clase de buceador necesita saber con qué presión tiene que salir del agua, sino con qué presión tiene que iniciar el ascenso a superficie desde la profundidad concreta a la que está con su compañero. La “regla” de tener que subir al barco con 50 bar en la botella tiene la misma lógica que comprar un billete ferroviario en el que conste la hora de llegada, pero no la hora a la que sale el tren. Ninguna.

Otras reglas simples

Siendo tan palmarias estas disfunciones, ninguna organización de enseñanza que se conozca hasta el momento presente ha desmentido este mito explícitamente. A cambio, éstas enseñan reglas alternativas como:

  • iniciar el ascenso con 50 bar;
  • estar en el barco con 35 bar (con otro fundamento distinto mencionado al principio del texto);
  • iniciar el ascenso con 1/3 de la presión inicial de la botella (¿sea cual sea ésta?);
  • aplicar un ratio de 7 bar por cada 3 m de profundidad a la que se está, y alguna otra.

Todas ellas obvian la capacidad de la botella, expresada en nuestra primera objeción y no sólo eso, sino que la mayoría también obvian la profundidad desde la que se asciende. (Desde ese punto de vista, al menos una de las mencionada tiene en cuenta esta variable: la de aplicar un ratio de 7 bar cada 3 m de profundidad). Y, como se ha dicho, algunas ni siquiera indican la cantidad con la que hay que iniciar el ascenso, sino la cantidad con la que hay que llegar a superficie (sin duda la ciencia infusa que todo buceador novato lleva de serie le permitirá deducir mágicamente el dato de con cuánto gas empezar a subir).

¿Cómo es posible que un concepto tan básico se enseñe así?

En este punto es necesario mencionar que tiene toda la lógica enseñar reglas sencillas dado que el sujeto objetivo de estas asociaciones es el buceador novato que realiza muy pocas inmersiones al año en verano, que no piensa en el buceo el resto del tiempo y que sólo aspira a la mayor diversión con la menor complicación posible. Pero esto debiera ocurrir hasta un límite. Y el limite es la coherencia de la regla y, sobre todo, su verdad: ¿de estas reglas se deduce una cantidad de gas suficiente para cualquier inmersión del ámbito recreativo con cualquier botella? ¿es suficiente el dato que ofrecen para realizar un ascenso seguro en el peor escenario? Lo veremos.

El lector argumentará que para los límites indicados por las agencias (18-20-25 m), cualquier regla vale. Ya veremos si esto es así en próximas entradas. Sin embargo, un problema añadido muy frecuente y muy grave -a juicio de quien esto escribe- es el siguiente: la acreditación básica que se obtiene en los primeros cursos conlleva el poder bucear en la totalidad del rango recreativo (en España hasta -40 m), siendo innecesarios legalmente más requisitos (otros niveles de conocimiento y técnica) para ir más allá de los antedichos límites recomendados por las organizaciones de enseñanza.

El buceador frecuentemente no cree que necesite mayor formación porque con lo que tiene ya puede ir a donde quiere y prefiere acumular inmersiones («experiencia», aunque de ello se tratará en próximas entradas). Y en ese nivel de formación básico se permanece mucho tiempo -habitualmente para siempre- mientras se acumulan cientos de inmersiones y se transgreden límites. Incluso se puede acceder a la condición de divemaster o instructor con este conocimiento teórico básico, o con muy poco más. (Ver «Escapando por el tejado. El fundamento del buceo recreativo. Segunda parte: LOS LÍMITES» ).

Por ello, es frecuente encontrarse con buceadores con muchas inmersiones a sus espaldas, que dejaron muy atrás los límites que les enseñaron en sus cursos iniciales, pero con un conocimiento que no corresponde al buceo que realizan, utilizando todavía estas reglas simples y no dándose cuenta de que esta torpe simplificación además puede ser muchas veces insuficiente y peligrosa.

Enunciado el problema, en próximas entradas de este blog se mostrará el procedimiento general para calcular el gas que permite un ascenso seguro para la pareja de buceo.

Posteriormente, se analizará la corrección o incorrección de las reglas simples que más habitualmente se enseñan.

También se ofrecerá una calculadora con la que automáticamente se podrá conocer el Gas Mínimo necesario para cualquier ascenso sin obligación descompresiva.

Finalmente, el Autor de este blog propondrá una nueva regla simple que sí funciona para cualquier botella y profundidad dentro del rango recreativo. No se lo pierda el lector.

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La fábula de la palanca inexistente: EL “GAS MÍNIMO”

Primera parte:

EL MITO DE SALIR CON 50 bar Y OTROS DESATINOS.

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