Buceador bebiendo
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La narcosis en el buceo es un tema muy controvertido, frecuentemente mal entendido y, lo que es peor, infravalorado, sobre todo en el ámbito del buceo recreativo.

  • En esta primera parte del artículo, se describirán de manera general el fenómeno y algunos de sus aspectos básicos -muchos de ellos generalmente desconocidos-, ilustrados mediante algunos testimonios de pioneros indiscutibles del buceo mundial y también -para compensar tanta sapiencia y autoridad- con algún ejemplo personal. Será una parte un tanto «literaria» pero muy necesaria pata la comprensión de la naturaleza del fenómeno.
  • En una segunda entrega se abordarán asuntos algo más técnicos que nos permitirán comprender algo más detallada y fundamentadamente lo que se sabe de la narcosis.
  • La tercera estará dedicada a los conceptos que en la práctica permiten al buceador considerar los efectos en una inmersión al planificarla.
  • Finalmente, abordaremos en una cuarta entrega las contradicciones existentes sobre este asunto en la enseñanza al uso.

A lo largo de las distintas partes del artículo, el lector encontrará conceptos que sin duda le sorprenderán. Se ruega por tanto un poco de continuidad y de paciencia.

¿Qué se entiende por narcosis en el buceo autónomo?

narcosis

Del gr. νάρκωσις nárkōsis.

1. f. Producción del narcotismo; modorra, embotamiento de la sensibilidad.

narcotismo

Del fr. narcotisme, de narcotique ‘narcótico’ e -isme ‘-ismo’. 1. m. Estado más o menos profundo de adormecimiento que procede del uso de los narcóticos. 2. m. Med. Conjunto de efectos producidos por un narcótico.

narcótico, ca

Del gr. ναρκωτικός narkōtikós ‘adormecedor’. 1. adj. Med. Dicho de una sustancia: Que produce sopor, relajación muscular y embotamiento de la sensibilidad; p. ej., el cloroformo, el opio, la belladona, etc. U. t. c. s. m. 2adj. Perteneciente o relativo a la narcosis. 3. m. estupefaciente.

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Captura de pantalla de la primera búsqueda del término «narcosis» en Internet.

Internet es una fuente de información fantástica … a veces. Si alguien se interesa por el asunto que tratamos y teclea en el buscador las palabras «narcosis buceo» obtendrá la definición reflejada en la imagen adjunta.

Como se podrá leer, la definición no tiene demasiado sentido y consecuentemente quien la lea no obtendrá una idea mínimamente coherente sobre el fenómeno. Ni la conciencia del buceador se ve alterada por ninguna «alta solubilidad del nitrógeno con agua» (obviamente la solubilidad no es la causa de ninguna alteración de conciencia -y menos con agua-), ni es exclusiva del que porta una «botella de gas con nitrógeno», ni el efecto tiene porqué ser parecido a una borrachera.

Esta lamentable definición refleja bien el desconocimiento general sobre la cuestión.

La narcosis es un fenómeno fisiológico que se produce cuando el buceador respira determinados gases a una presión parcial (1) elevada (a profundidad), produciéndose una modificación en la transmisión nerviosa que deviene a su vez en alteraciones de la conciencia y de las capacidades mentales, de distinto grado y naturaleza.

Su efecto es reversible cuando la presión parcial de dichos gases disminuye (ascenso) pero, aunque su aparición no es grave en sí misma, sus consecuencias incapacitantes pueden resultar peligrosas e, incluso, fatales en determinadas circunstancias.

La narcosis hay que tomársela MUY en serio.

¿Qué causa la narcosis?

El mecanismo exacto y último de la narcosis todavía no ha sido establecido con total precisión. Pero, en contra de lo que creen muchos buceadores -incluso con miles de inmersiones a sus espaldas pero que permanecen con los conocimientos adquiridos en sus cursos básicos y poco más-, la narcosis no sólo es producida por el nitrógeno, sino por muchos otros gases respirables.

La enseñanza de que es el nitrógeno el responsable de la narcosis es justificada por quienes la propagan argumentando que en buceo recreativo únicamente se bucea con aire o Nitrox, reservándose mezclas con otros gases (principalmente helio) para otros niveles de buceo (aunque ya se empieza a hablar de «Trimix (2) recreativo»). De hecho, en algunos manuales se refiere la narcosis general como «narcosis por nitrógeno», sin mencionar nada más.

Sin embargo, enseñar que la narcosis se reduce al efecto del nitrógeno a profundidad es un error conceptual grave -a juicio de quien esto escribe- porque, aunque en dichos niveles no se utilicen mezclas distintas del aire o Nitrox, no sólo el oxígeno puede ser narcótico (con salvedades que se tratarán más adelante), sino sobre todo porque ignora que existe un gas con un potencial narcótico enorme y que también está presente en toda inmersión -incluso con aire o Nitrox- ya que lo produce el propio buceador: el dióxido de carbono (CO2). (A este gas le dedicaremos un artículo monográfico próximamente, porque el tema requiere mucha tinta).

Sea como fuere, ciertos gases respirados se disuelven en la materia grasa que recubren las células nerviosas y, a unas determinadas presiones parciales, interfieren en la transmisión de los impulsos nerviosos.

Dado que es conocido el efecto narcótico de muchos gases inertes y que estos -por definición- no reaccionan químicamente con ninguna otra sustancia, parecería lógico pensar que se produciera algún efecto de naturaleza «mecánica» y no química que alterase las conexiones neuronales. Últimas teorías rebaten esta hipótesis, pero ello no es importante a efectos prácticos.

Y, como veremos también más adelante, teniendo en cuenta de que el potencial narcótico de un gas es proporcional a su capacidad de disolución en grasa -y a más factores-, conviene ser consciente de que la parte del cuerpo humano con más proporción grasa o lipídica es precisamente el cerebro.

¿Qué efectos produce?

Vamos a recurrir a la que probablemente es históricamente (3) la primera descripción del fenómeno en buceo autónomo, escrita por el inventor del término «borrachera de las profundidades», que no fue otro que Jacques Cousteau. En su libro de título original «The Silent World» (fue escrito originalmente en inglés), siendo coautor Frédéric Dumas, dice lo siguiente:


«El primer verano pasado en el mar con el “Aqualung” o escafandra autónoma fue un
tiempo memorable. Estábamos en 1943, en plena guerra y con mi país ocupado, pero en
nuestro entusiasmo por la inmersión apenas si nos acordábamos de ello.
(…)

Después de haber alcanzado varias veces, en el curso de aquel verano, la profundidad
de veintidós brazas, Dumas (Didi) estaba convencido de que con la escafandra autónoma podríamos llegar a mayores profundidades. Decidió comprobar cuál era el límite que el hombre podría alcanzar en una inmersión de prueba cuidadosamente controlada.
(…)

He aquí como él mismo describió esta inmersión de récord: “La luz no cambia de color como suele ocurrir bajo una superficie turbia. No puedo ver claramente. O es que el sol se ha puesto ya, o es que mis ojos son débiles. Alcanzo el nudo que señalaba treinta metros. No siento debilidad en mi cuerpo, pero estoy jadeante. El condenado cabo no pende verticalmente. Se inclina de una manera oblicua en aquella especie de caldo amarillento. Cada vez se inclina más. Esto me preocupa, pero por otra parte me siento maravillosamente bien.

Tengo una singular sensación de beatitud. Estoy borracho y libre de cuidados. Me zumban los oídos y siento un gusto amargo en la boca. La corriente me hace tambalear como si llevase muchas copas en el cuerpo.

He olvidado a Jacques y a la gente de las lanchas. Tengo los ojos cansados. Sigo bajando, tratando de pensar en el fondo, pero no puedo. Voy a quedarme dormido, pero no puedo hacerlo en tal estado de vértigo. En torno reina un poco de luz. Trato de alcanzar el siguiente nudo y no puedo. Lo pruebo de nuevo y ato mi cinturón a él.

La subida es tan alegre como la de una burbuja. Liberado de mis pesos, voy tirando del cabo y subiendo a saltos. La sensación de embriaguez se desvanece. Ahora tengo la cabeza clara y estoy muy furioso por no haber alcanzado la meta propuesta. Paso junto a Jacques y sigo subiendo a toda prisa. Según me dijeron, estuve abajo siete minutos.”

El cinturón de Didi fue atado al cabo a sesenta y tres metros de profundidad. Ningún buzo autónomo había alcanzado jamás mayor profundidad. Sin embargo, las impresiones subjetivas de Dumas fueron que no había alcanzado más allá de treinta y pico de metros». (4)

Problemas de visión y efecto túnel, sensación excesiva de bienestar, zumbidos en los oídos, gusto amargo en la boca, sensación de embriaguez, somnolencia, desorientación, pérdida de memoria inmediata … esta primera descripción es ya en sí misma un catálogo bastante extenso de potenciales efectos de la narcosis.

Por sistematizar los más importantes, mencionaremos los siguientes (que pueden variar en cada caso):

  • Torpeza al pensar. Lentitud de reflejos.
  • Pérdida total o parcial de la memoria inmediata
  • Falsa sensación de seguridad
  • Falta de concentración en una tarea
  • Ansiedad sin causa aparente.
  • Euforia o alegría
  • Somnolencia, aturdimiento.
  • Semi inconsciencia.
  • Desmayo.

Mencionaremos también a continuación un sobrecogedor testimonio de Sheck Exley, uno de los pioneros del buceo en cuevas que no sólo fue una de las personas que más conocimiento directo ha tenido sobre accidentes mortales y graves de buceo, sino que contribuyó de manera definitiva a la sistematización de esa especialidad basándose precisamente en análisis exhaustivos de dichos accidentes.

LA PÉRDIDA DE LA CONCIENCIA POR PROFUNDIDAD

La víctima de pérdida de la conciencia por profundidad parece estar dormida con sus ojos abiertos, y no se mueve, solo continúa respirando. No se sabe por qué la víctima conserva su boquilla, pero es un hecho que las víctimas seguirán respirando, acostadas inertes en el fondo, hasta que se les termine el aire.

Un análisis de la historia de buceo de los 15 sobrevivientes de pérdida de la conciencia por profundidad conocidos ha mostrado que en cada caso el problema ocurrió en su inmersión de mayor profundidad realizada hasta ese momento. En las de menor profundidad también ocurrió al existir un esfuerzo excesivo de parte de las víctimas.

Quizás lo más aterrador es el hecho de que muchas de las víctimas no recuerdan haber sentido síntomas inusuales previo a la pérdida de la conciencia. Generalmente fue suficiente un ascenso vertical de aproximadamente 50 pies (15 metros) para volver conscientes a las víctimas a fin de que pudieran continuar su ascenso sin ayuda.

La pérdida de la conciencia por profundidad es probablemente el efecto cumulativo del nitrógeno, oxígeno y dióxido de carbono -los principales constituyentes del aire comprimido- a una gran profundidad. (5)

La identificación de la narcosis

Los efectos descritos son muy distintos a las habituales payasadas que el lector sin duda habrá podido ver en vídeos de Internet sobre buceadores afectados por narcosis. Es importante saber que la mayor parte de estos vídeos son falsos y están producidos para evidenciar exageradamente los supuestos efectos. La incompetencia dramática y el desconocimiento de los efectos reales de los protagonistas lo suele evidenciar.

Estos vídeos tienen consecuencias indeseadas y no dejan de ser problemáticos en la enseñanza del buceo puesto que banalizan el problema y el buceador novel acaba creyendo que los efectos hilarantes son los únicos que realmente se producen de tal manera que cuando sufre de narcosis con síntomas que nada tienen que ver con estos -incluso severos-, no se es capaz de identificar el problema.

Efectos dispares que a veces no son los que se esperan

Es muy importante que el buceador sepa que pueden producirse efectos de muchos tipos y muy dispares entre sí.

El buceador que espera un estado de euforia y luego se encuentra con un adormecimiento rayano en el desmayo (exactamente lo contrario), frecuentemente no atribuirá este estado a la narcosis, pudiendo no reaccionar como debiera para solucionar el grave problema.

Pero ¿quién tiene que identificar un estado de narcosis? ¿el sujeto o el compañero? Ambos.

El buceador debe conocerse e identificar signos de narcosis en su propio comportamiento, saber lo que tiene que hacer en cada caso dependiendo del grado de afección y de las circunstancias y no esperar a que su compañero le diga que su comportamiento no es normal, habida cuenta de que muchos efectos no son visibles para los demás. Por ejemplo, la ansiedad, la pérdida de memoria inmediata, sensaciones de inseguridad injustificadas, un sabor metálico en la boca así como, tanto la somnolencia como su contrario la alegría y muchos otros síntomas no son detectables por ningún compañero.

En cualquier caso, el compañero debe estar atento a su pareja. Tradicionalmente se ha enseñado un procedimiento en el rango de los 30 m y profundidades superiores consistente en que, de cuando en cuando, uno se dirige a su compañero y le pide que señale con los dedos de una manos consecutivamente los números 1-2-3-4-5 para luego hacerlo a la inversa 5-4-3-2-1. Si el compañero observa errores o dificultades en esta sencilla tarea, debe entender que el buceador está afectado por narcosis y ascender con él unos metros hasta recuperar un estado normal.

No parece un procedimiento muy consistente, aunque algo es algo ya que detectarla de manera temprana en los demás no es sencillo. Comportamiento inapropiado, poca atención, lentitud de reflejos, estupor, no siempre es fácil verlo hasta que el nivel es severo.

El primer contacto del Autor con un caso grave de narcosis que nada tenía que ver con ninguna euforia, sino todo lo contrario, fue muy pronto, cuando empezaba. Un «compañero adjudicado» por el centro de buceo, (tipo de curiosa apariencia ya que era totalmente calvo, muy delgado y de dos metros de altura – difícil de olvidar-), se quedó en un estado de total estupefacción a unos 30 m de profundidad. Con los ojos totalmente abiertos y sin fijar la mirada, no reaccionaba ni a las demandas de confirmación de que estaba bien (OKs) por parte de quien esto escribe hechas delante de su cara, ni a ningún otro estímulo.

Buceador aturdido
Narcosis en el buceo: mirada de buceador aturdido

Sobrelastrado por el instructor cuan submarino nuclear, hubo que sujetarle para no perderle en el abismo -cosa que probablemente no hubiera estado muy bien vista al volver a puerto- y ascender con él unos metros hasta que recuperó una cierta normalidad. Abortada la inmersión de inmediato (con protestas por parte de otros participantes a los que no parecía justificado terminar la diversión por estas «minucias»), el sujeto no recordaba gran cosa de lo acontecido. Curiosamente, la siguiente día se repitió exactamente la misma inmersión con idénticos protagonistas y profundidades, discurriendo con total normalidad.

El «dónde» pero también el «cómo» y el «cuándo».

Aunque algunos buceadores sienten narcotizados a una profundidad relativamente pequeña y otros «parecen» inmunes incluso a 40 metros y más, es de común acuerdo que la mayoría de los buceadores comienzan a notarla entre 25 m y 30 m.

El sagaz lector ya habrá entendido que si se trata de un fenómeno dependiente de la presión parcial a la que se respira un gas, no sólo intervendrá la cuantía de dicha presión (dependiente de la profundidad), sino también la naturaleza del gas. Tiene razón, pero no es sólo eso. A lo largo de este artículo se explicará razonadamente que el ejercicio físico, el frío y otras circunstancias pueden coadyuvar en el desencadenamiento de un estado narcótico severo. Tenga un poco de paciencia el lector pero quédese de momento con la idea de que, al margen de la disposición de cada uno, la narcosis no depende únicamente de la profundidad, en contra de lo que mucha gente cree.

El cóctel fatal: narcosis e hipercapnia

Anteriormente se ha aludido a que un gas extremadamente narcótico es el CO2 que el cuerpo produce como parte del proceso normal de respiración. Dicho gas se expele naturalmente por la respiración sin acumularse y sin producir problema alguno.

Sin embargo, un esfuerzo excesivo, estrés, una respiración superficial e inadecuada, la densidad del gas que se respira y algunos otros factores pueden producir un exceso de CO2 hasta llegar a niveles importantes. Cuando la presión parcial de dióxido de carbono en la sangre es superior a 45 mm Hg se denomina hipercapnia.

Esto quiere decir que lo que hagamos repercutirá en la potencial narcosis, además del gas que respiremos y a la profundidad a la que estemos. Esta idea es importante porque muchas veces el fenómeno narcótico se desencadena a partir de un ejercicio excesivo.

Ilustraremos esta cuestión con un pequeño ejemplo personal. Un grupo de amigos decidimos hacer una inmersión relativamente profunda (50 m) para ver el estado de unas «manos de muerto» detectadas a dicha profundidad hacia unos años. Como no se disponía de otra cosa se decidió erróneamente utilizar Nitrox 25. Se llegaría a la zona desde un islote a lo largo de un largo e interesante cantil que discurría a una profundidad aproximada de 40 metros, atravesando previamente dos termoclinas.

El problema no era sólo el objetivo del viaje sino el propio viaje. La vuelta se produciría a unos 20 metros de profundidad, mínimo que permitía no perder de vista el fondo dado que sin referencias visuales cabía la posibilidad de errar en el rumbo hacia el pequeño islote de partida, lo cual podía ser un cierto problema.

Iniciada la travesía por el cantil, las sensaciones no eran buenas pero tampoco especialmente alarmantes. Dado que las circunstancias acompañaban puesto que había buena visibilidad, temperatura y ausencia de corriente en ese momento, nadie planteó cambiar el plan. Una vez llegados al objetivo, se hicieron las pertinentes fotografías y se inició la vuelta.

La sorpresa vino cuando atravesando la termoclina profunda (35 m) nos encontramos con una fuerte corriente en contra que no habíamos detectado a la ida al ir por debajo de ella. Llegados a los 30 m casi no se podía avanzar y no había posibilidad de subir mucho más puesto que cuanto más somero se estaba más aún era la fuerza de la corriente perdiéndose la vista del fondo y corriéndose el riesgo de no encontrar el islote. Continuar la vuelta por debajo de esa termoclina no era posible ya que no se disponía de suficiente gas ni para el viaje ni para la descompresión descomunal que nos esperaría.

Después de un rato aleteando fuertemente sobre los 35-30 m, quién esto escribe empezó a sentirse realmente mal. Visión en túnel a punto del desmayo. Hubo que hacer verdaderos esfuerzos para no perder el conocimiento hasta que se tomó la decisión de ascender asumiendo el riesgo de que la corriente nos llevara hacia alta mar. Afortunadamente nos encontramos con que, a partir de la termoclina más somera, la corriente disminuía apreciablemente y acertamos con el rumbo correcto.

Ya de vuelta en el puerto, hicimos un debriefing y descubrimos que el estado de semi desmayo había sido casi generalizado. Y lo que es más importante, súbito y claramente atribuible al esfuerzo del aleteo a contracorriente.

Esta pequeña vivencia a caballo entre la hipercapnia y la narcosis (que no ha sido la única) sirve para ilustrar la idea de que no solamente la profundidad influye, sino que también existen otros factores coadyuvantes que pueden producir un estado de narcosis -incluso muy grave- sin variar dicha profundidad.

¿Cómo se evita la narcosis?

Una vez que el buceador no ha tomado sustancias que puedan propender a alteraciones de este tipo, ha dormido suficientemente, ha comido lo justo, etc., debiera evitar algunos factores que facilitan la aparición de la narcosis, como el frío, descensos rápidos, aguas con mala visibilidad y, sobre todo, estrés y esfuerzos físicos (corrientes, aleteos ineficientes por falta de técnica o lastrado incorrecto, etc.).

Una vez hecho todo esto dado que la narcosis depende en términos generales de la presión parcial del gas respirado, -es decir, del gas y de la profundidad-, o se cambia de gas, o se reduce la profundidad.

Respecto de la profundidad, ciertos estudios sugieren que el deterioro cerebral persiste durante al menos 30 minutos después de salir a la superficie (ya lo veremos en los siguientes entregas de este artículo). Esto quiere decir que la narcosis no se resuelve inmediatamente subiendo a una menos profundidad, sino que sólo disminuye en distinto grado.

Pero si se quiere acceder a una profundidad concreta -porque haya algo que ver o hacer allí-, habrá que sustituir el aire o Nitrox por una mezcla de gases con menor potencial narcótico. La solución estándar es sustituir parte del nitrógeno (muy narcótico) por helio (poco narcótico), obteniendo el llamado trimix (helio+nitrógeno+oxigeno), que podrá ser mezclado en distintas combinaciones de diferentes porcentajes de cada uno que mejor se adapten a la inmersión que se va a realizar. Cada combinación ofrecerá un potencial narcótico distinto y será apto para una profundidad máxima determinada.

¿Es tolerable bucear con narcosis?

Como principio general, reiteradamente expuesto en este blog, se defiende la libertad personal del adulto pero siempre con tres condiciones: que se tenga conocimiento suficiente del riesgo que se corre, que no afecte directamente a terceros y que se asuman TODAS las consecuencias. Cumpliéndose estas tres condiciones, es opinión del Autor que nadie es quién para decir a otro adulto lo que debe o no debe hacer.

Este blog pretende atender a la primera condición: que el buceador conozca extensamente el fenómeno y el riesgo que asume para que tome una decisión lo más fundamentada que sea posible. A partir de ahí, la libertad propia podrá llevar a cada uno incluso hasta el suicidio, como asunto soberano.

Por ello, estas líneas se centra en descripciones del fenómeno, por lo que las expresiones «se debe» y «no se debe» deben ser entendidas como condiciones para la consecución de un fin y no como imperativos morales de ningún tipo.

El problema en este caso es que se toma conciencia de lo que es la narcosis a base de sustos y malos tragos. Y que el buceador no suele ser consciente del riesgo que representa bucear con narcosis hasta que no ha tenido una mala experiencia.

Dicho esto, para algo están los protocolos. Por tanto, los límites -que han sido tratados de manera general en anteriores artículos y que trataremos en este caso concreto en la última parte de este artículo- deben ser siempre contemplados y, en todo caso, tanto más respetados cuanto más delicadas sean las condiciones de la inmersión y menor la capacitación del buceador para resolver problemas (de hecho, hay escuelas de buceo que modifican los límites tolerables en función del nivel de formación del buceador. Ya lo veremos más adelante).

Corolario de esta primera parte

Quédese el lector de esta primera parte con las siguientes ideas fundamentales:

  • La narcosis es un asunto que puede ser potencialmente muy serio pudiendo producir consecuencias fatales.
  • El nitrógeno no es el único responsable de la narcosis en el buceo. Es un error conceptual grave hablar de «narcosis por nitrógeno»
  • Lo síntomas son muy variados, a veces inesperados y difíciles de reconocer.
  • La profundidad y los gases respirados no son lo único que influye en el desencadenamiento de un episodio narcótico.
  • Esfuerzo físico excesivo, frío, estrés, etc. pueden desencadenar un proceso de narcosis o contribuir a agravarlo severamente.

Continuará ….

(1)Ley de Dalton.

(2) – Trimix: mezcla respirable de nitrógeno, oxígeno y helio.

(3) – Anteriores a esta descripción existen muchas otras pero no son pertenecientes al buceo autónomo con con botellas.

(4) – «The Silent World» (1953) (El Mundo Silencioso). J. Y. COUSTEAU y FRÉDÉRIC DUMAS. CAPITULO II – El Éxtasis de las Profundidades – pág: 12 – Editorial Jackson de Ediciones Selectas. BUENOS AIRES 1954

(5) – «BASIC CAVE DIVING«. Sheck Exley


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