La fundamentación de los límites recreativos.

Muchos buceadores recreativos se sienten extremadamente coartados por los límites que las organizaciones certificadoras les enseñan y las leyes les imponen.

Límites muchas veces contradictorios entre sí que el buceador no tiene -todavía- criterio para juzgar debido a una formación muy básica y que la enseñanza recibida no contribuye a conseguir.
En contra de una actitud precautoria, como podría pensarse en una actividad como el buceo, de esta incapacidad surge muy a menudo una atracción hacia el límite más desfavorable: si un buceador ha acabado un curso en el que se establece un límite de profundidad de 18 m y lee que su póliza de seguros le ampara hasta 40 m, en cuanto tenga unas pocas inmersiones y coja algo de confianza, en un porcentaje muy elevado traspasará el primero. Esto no requiere demostración: se puede ver todos los días en cualquier centro de buceo de España. Incluso no es extraño encontrarse a buceadores recreativos aún más abajo, en el rango de 40-50 m con monobotella (a veces con un 12 l), obviamente con aire.

Este tipo de comportamiento, a juicio del autor de este blog, está propiciado por varios factores: el primero y más importante es la ausencia de explicación racional de los porqués de los límites que se enseñan. Esta cuestión es fundamental porque si se entendiera la razón por la cuál el límite se fija en una determinada cantidad y no en otra, se tendería naturalmente a respetarlo más, al no ser percibido como arbitrario. Claro que, para eso, hay que hablar de riesgos y otras cosas «perturbadoras» que aguan la fiesta del buceo como actividad «divertida y para todos».

Otra razón es la aparente contradicción entre los límites contemplados en las diferentes leyes estatales y autonómicas, las recomendaciones que enseñan las organizaciones de buceo y los límites propios de las entidades aseguradoras, que, además de parecer contradictorias, frecuentemente no son proporcionales a la verdadera formación del buceador, por mucha referencia general e inconcreta que se haga a ella en pólizas y leyes. Esto crea un maremagnum de límites aparentemente arbitrarios que sumen al buceador en el desconcierto. El resultado es que el carácter de cada uno le llevará a un sitio o a otro: el biotipo «prudente» tenderá a bajar menos y el biotipo «aguerrido» tenderá a sobrepasar con mucho todos los límites. Pero ninguno suele tener claro el porqué, al margen de la emoción que le induce su carácter. Al menos en España, se puede afirmar sin riesgo a equivocación que el buceador recreativo que no traspasa los límites que le han enseñado en su curso básico, cuando bucea no tutelado por un cetro -y, a veces, ni así-, es un espécimen raro. Muy raro.

Lo que debería transmitirse desde las legislaciones y desde las organizaciones de enseñanza es una idea muy sencilla pero que al mismo tiempo sorprende la dificultad que presenta para ser evidenciada: los límites del buceo recreativo son reglas generales derivadas de la propia naturaleza del tipo de buceo que se hace que, en este caso concreto y en esencia, es que EXISTA LA POSIBILIDAD DE ESCAPE LIBRE EN TODA CIRCUNSTANCIA Y MOMENTO, -tal como se ha desarrollado en la primera parte de este artículo- y de la naturaleza de los gases que se respiran.

Buceo recreativo = buceo sin techo (real o virtual).

Análisis de los límites.

Primer techo virtual: la profundidad.

Todo el mundo puede entender que un escape libre no es verosímil desde, por ejemplo, 60 m de profundidad. Simplemente, no se llegará vivo a superficie o, si se llega, se hará en muy mal estado, lo que no es aceptable. (Se sugiere leer el artículo titulado «Todas las setas se comen, … pero algunas, sólo una vez. EL FALLO CATASTRÓFICO»). Pero, ¿y desde 40 m? ¿30 m? ¿20 m? ¿Dónde ponemos el límite desde este punto de vista?

La respuesta a esta pregunta dependerá de factores generalmente individuales: no será lo mismo el caso de una persona joven, fuerte y sana que el de una persona de edad avanzada, obeso y con patologías previas. Al margen de los mínimos de salud exigibles para la práctica del buceo, es claro que los límites no pueden atender a este tipo de individualizaciones porque su casuística sería infinita e imposible. Por ello, deberán atender a un buceador tipo que esté en una zona «razonablemente conservadora» de la distribución normal (curva de Gauss) de todos los casos posibles. Los límites deben estar pensados para -casi- todos y no se pueden establecer para los casos extremos. Es una cuestión que hasta la fecha se cuantifica más con la experiencia acumulada que con estudios estadísticos. Por ello, se establecen unas profundidades de 18-20 m para los cursos iniciales y de 25 -30 m para cursos más avanzados.

Pero, además, dependerá de otros factores más generalizables, como la formación. Ante un fallo catastrófico (por ejemplo, el estallido de un latiguillo de baja presión), no es la misma la reacción de un buceador avanzado -realmente avanzado, no simplemente «Advanced«- con un número significativo de inmersiones, que la de un buceador que acaba de terminar su curso de Open Water Diver. Y esa reacción puede ser definitiva para el resultado del escape libre. Aquí la cuantificación es más objetiva puesto que, si bien no es lo mismo un titulado con trescientas inmersiones a sus espaldas que alguien con el mismo título pero con veinte, por lo menos existe el grado de titulación. En ese sentido parece razonable que los límites sean más restrictivos de manera inversamente proporcional al grado de formación del buceador.

También puede cuantificarse por la madurez que se le supone al buceador: no es lo mismo un niño, que un buceador experimentado. Y no solamente desde un punto de vista fisiológico (madurez pulmonar, etc.) sino también madurez en el comportamiento y en la reacción ante problemas. Por ello, también parece lógico imponer límites más restrictivos a niños, cuyo comportamiento ante eventualidades puede complicarlas. O directamente, producirlas. Cuántas veces hemos visto todos niños «incontrolables» que no hacen caso de nada. Los comportamientos erráticos pueden resultar fatales en el buceo. (Claro que, esta observación también se puede extender a muchos adultos). Por ello, restringir la profundidad a niños y adolescentes también tiene todo el sentido, aunque asombra la variabilidad de edades que se establecen en las distintas legislaciones autonómicas: desde 8 años hasta 16 años. Y uno se pregunta: ¿los niños que bucean en Cataluña tienen una fisiología y madurez distinta a los que bucean en Andalucía? Es lamentable que las legislaciones autonómicas puedan regular de manera dispar cuestiones que debieran entenderse como objetivas e independientes del lugar.

Finalmente, la limitación de no contraer una obligación descompresiva («entrar en deco») derivada de no tener techo virtual, no tiene siempre que ver con la profundidad, en contra de lo que mucha gente sostiene. Se hace ver al lector, que la obligación descompresiva no depende de la profundidad -al menos no exclusivamente-, sino del binomio PROFUNDIDAD-TIEMPO. De esa manera, es posible bajar a profundidades muy considerables (lo que en la jerga se denomina «picar») estando muy poco tiempo en ellas, sin contraer obligación descompresiva alguna. Por lo tanto, conviene no identificar profundidad con «no deco». Representan límites distintos por razones diferentes.

El techo real: cavernas, cuevas, pecios.

Si admitimos la premisa de que el escape libre es un ascenso vertical, es obvio que cualquier techo de una caverna, cueva o pecio que se tenga encima lo impedirá.

Sin embargo, el lector puede alegar a esta afirmación que, si nos hayamos bajo un techo pero cerca de la vertical libre por la que llegaremos a superficie, el problema es mínimo. Efectivamente, si un buceador está dentro de una caverna a sólo dos metros de su boca o entrada y necesita hacer un escape, bastará salir de ella y hacerlo. La distancia es pequeña. ¿Y si estuviera a 5m? ¿y a 10m? ¿20m? ¿40 m?… ¿dónde cree el lector que debiera ponerse el límite para garantizar razonablemente un escape libre?

Una conocidísima organización de enseñanza de buceo establece en su «especialidad» de pecios que es admisible una penetración en el interior de un pecio o una cueva que está a una determinada profundidad, siempre que no se pierda la luz de la salida en ningún momento, en una longitud en la que la suma de la profundidad y la penetración sea menor de 40 metros. Póngase el lector en situación: bucea en una oquedad muy amplia y somera a sólo un par de metros de la superficie. Se acuerda de lo que le enseñaron y penetra en ella horizontalmente con su equipo recreativo 40 – 2 = 38 metros. Cuando llega a su máxima distancia de penetración, le estalla un latiguillo de baja presión y, entre el susto, la lavadora de burbujas que se forma a su alrededor, la búsqueda del compañero que se quedó en la entrada porque le daba miedo y no dijo nada, se queda sin aire sorprendiéndole la última bocanada en espiración y … ya no hay nada que respirar. Y ahora, ¿tiene que nadar en horizontal 38 metros con todo el equipo hasta llegar a la salida para comenzar a ascender? ¿se tiene primero que desequipar para hacerlo? ¿De verdad? Y ello suponiendo que su incipiente técnica básica de aleteo (sí, no se puede dar la patada de flutter recreativo en un entorno cerrado), no haya levantado arena o cieno que le oculte la salida, como sucede cada año en muchos accidentes en entornos cerrados con buceadores recreativos. Pruebe el lector en una piscina olímpica intentar nadar con equipo pesado y aletas sin haber tomado aire sólo medio largo. Y todavía le quedarían 15 m más hasta la superficie. O pruebe sin equipo.

Es opinión del Autor de este blog que en el buceo recreativo NO SE DEBE ESTAR BAJO TECHO EN NINGÚN MOMENTO, ni en una caverna o cueva, ni en un pecio. Por definición de buceo recreativo. Por coherencia. El buceo con techo exige otro equipamiento, otras habilidades, otra formación y otro conocimiento. Cuando estos límites se traspasan por cuestiones que solamente pueden ser comerciales, este concepto queda totalmente desdibujado. Porque este hecho sólo se explica por la inercia de lo que se lleva haciendo años -mal- o por los intereses de los centros de buceo ubicados en zonas cuyas inmersiones estrella se desarrollan en entornos de este tipo. O por ambas causas. Basta ir a la Costa Brava española o a centros próximos a pecios, para ver algunos conocidos ejemplos.

Los demás techos virtuales: obligación descompresiva, peligros en superficie, etc.

No existe el buceo sin descompresión. Toda inmersión implica una descompresión en la subida a superficie. Y stricto sensu, la velocidad máxima de ascenso es ya una obligación, al contrario de la parada de seguridad recreativa, que es una recomendación, no obligatoria. Sin embargo, se entiende por «obligación descompresiva» la necesidad de emerger realizando paradas intermedias obligatorias para no salirse del límite de seguridad que establece el modelo matemático que se utiliza -con los correspondientes coeficientes de mayoración-.

El escape libre conlleva el requisito de poderse realizar con garantías razonables de emerger en buen estado físico. Ello es improbable si en ese momento existía una obligación descompresiva relevante. Obviamente, la situación puede ser muy distinta en lugares con un acceso rápido a una cámara hiperbárica o en lugares sin cámara. Y también es evidente que es preferible acabar con cualquier enfermedad descompresiva (ED), que ahogarse (aunque, en el análisis de algunos accidentes habidos, se observa que hay buceadores que parecen optar por lo contrario).

Pero, ¿cuándo la obligación descompresiva es relevante? Ello lleva a la pregunta contraria: ¿cuándo es irrelevante? La única respuesta posible en el ámbito recreativo es que, en principio, toda obligación descompresiva es relevante puesto que en este ámbito se carece de conocimientos para juzgar el riesgo que se asume en cuanto al grado de cumplimiento de los algoritmos de descompresión que se utilizan. (Algunos ordenadores de buceo técnico actuales ofrecen un numero que cuantifica este grado de cumplimiento). Esto no debe interpretarse como una minusvaloración o desprecio hacial el buceador recreativo. Símplemente, es un nivel de conocimiento que no forma parte de su formación. Si quiere alcanzarlo, nadie le impide proseguir con su formación hacia niveles superiores. Pero ningún buceador recreativo debiera «entrar en deco».

Algunas organizaciones de enseñanza ofrecen cursos de buceo «profundo» con descompresión. A juicio del Autor de este blog, éste es otro ejemplo parecido a los cursos de buceo «profundo con aire» (que se comentarán a continuación) en los que se transgreden los límites enseñados en cursos anteriores. Herencias de una situación de facto que las organizaciones de enseñanza asumen negando la propia esencia del sistema y rompiendo su coherencia.

Existen otras circunstancias que pueden impedir la emersión segura del buceador en la superficie. La más habitual es bucear en zonas o canales de pasos de barcos. Esto es especialmente peligroso en zonas vacacionales en verano, cuando se da una gran proliferación de todo tipo de embarcaciones -a veces con patrones de más que dudosa competencia-. Note el lector que el escape libre es incompatible casi siempre con la previa señalización de la inmersión con la boya deco (de la que se hablará profusamente en próximas entradas). Esto quiere decir que el patrón de la motora alquilada que va a toda velocidad, como mucho quizá vea asomar una cabecita antes de pasarle por encima. Bucear en estos sitios con gente que no domina razonablemente su flotabilidad multiplica el peligro pues no es necesario un raro -pero posible- fallo catastrófico para provocar la emersión, sino un simple descontrol de un novato. O la pérdida de un cinturón de lastre. Por ello, se deben evitar siempre.

Límites derivados de los gases respirados (aire y nítrox).

Además del escape libre, el empleo de aire y nitrox como mezclas respirables, casi exclusivamente en el ámbito recreativo, también deben incidir en la limitación de profundidad, esta vez de manera que debiera ser independiente de las circunstancias anteriormente mencionadas. Y, en este sentido, el límite de presión parcial de nitrógeno a partir del cuál se desaconseja el buceo por la aparición de narcosis por nitrógeno, es igual para todos en principio, aunque se sabe que la sensibilidad de cada uno lo hace distinto, incluso según los días. Debe ser considerado igual para cualquier persona y formación, aunque se sepa que, en la práctica, no es lo mismo un coralero con 30 años de experiencia que un OWD. Casi unánimemente, todos los estamentos del buceo establecen que no se sobrepase una PpN2 = 3,12 bar, es decir, una presión equivalente a respirar aire a 30 m de profundidad.

Finalmente, un problema que prácticamente nadie menciona en el ámbito recreativo es la densidad del gas respirado. Dicha densidad tiene un efecto directo en un mayor esfuerzo respiratorio del buceador y, lo que es más relevante, en la acumulación de dióxido de carbono (CO2) en la sangre, gas que producimos nosotros mismos. En próximas entradas de este blog se abordará minuciosamente este problema. Por el momento, diremos que este subproducto de la respiración puede inducir estados de acumulación (hipercapnia) en sangre que devienen en una respiración agitada, estrés e, incluso, pánico. Este efecto puede ser aun más amplificado por un exceso en la actividad física del buceador que, en el caso recreativo, es mucho más frecuente por falta de técnica y de adaptación al medio. Adicionalmente, el CO2 es un gas con un potencial narcótico mucho mayor que el del nitrógeno, sumándose al efecto de éste, con consecuencias potencialmente graves para el buceador.

A -30 m de profundidad (4 bar), tendremos una densidad del gas respirado cuatro veces mayor que el mismo gas respirado en superficie. Intuitivamente se puede comprender que, a mayor densidad del gas respirado, mayor será la resistencia que éste opone en los conductos ramificados pulmonares y mayor dificultad para respirar. Este fenómeno puede ser poco perceptible en superficie o a muy poca profundidad, pero en cuanto bajamos se va haciendo rápidamente y cada vez más apreciable. Así mismo, cuando hacemos ejercicio y aumentamos la frecuencia respiratoria, aumenta también el caudal de aire y la densidad, tanto en superficie, como en un medio hiperbárico.

¿Qué densidad es peligrosa? Depende de las personas, de las circunstancias y del tiempo en que se respira, pero en términos generales se puede considerar como densidad máxima deseable para una mezcla respiratoria en buceo de 5,2 g/l  y un máximo absoluto de 6,2 g/l. Aproximadamente, estas densidades son las equivalentes a respirar aire a -30 m y a -40 m respectivamente. (Si la densidad del aire en superficie (a 1 ATA) es de unos 1,25 gr/l, a -30m (4ATA) será cuatro veces superior (4x 1,25  gr/l = 5  gr/l) y a -40 m (5ATA) será cinco veces superior (5 x 1,25 gr/l = 6,2 gr/l). Recordemos que el nitrox es más denso que el aire.

Además de este efecto de resistencia en los conductos pulmonares, existe otro efecto que es la reducción del volumen respiratorio. Cualquier buceador ha experimentado a profundidad la sensación de que los pulmones no contienen el gas que debieran contener, en comparación con la superficie. Esta sensación no es atribuible a la presión ambiental -puesto que el gas respirado se encuentra a la misma presión que la del ambiente que nos rodea, equilibrándose ambas-, sino a dicha disminución del volumen respiratorio a consecuencia de la densidad del gas respirado.

Entonces, llega la pregunta del millón: si todo esto es así, ¿porqué muchas organizaciones de enseñanza de buceo organizan cursos de buceo profundo con aire a más de 30 m? ¿Por qué se ofrecen cursos de buceo «profundo» con deco y equipamiento recreativo? El Autor de este blog se lo pregunta también porque es totalmente incoherente enseñar en un curso básico que no se debe pasar de 30 m con aire para, a continuación, ofrecerle un atractivo curso de buceo con aire a 40 m. Y, después de éste, ofrecerle a continuación un tercer curso de introducción al buceo técnico en el que se utilizan gases bajo la premisa de que estos no pueden ofrecer una presión parcial de nitrógeno mayor a la equivalente a 30 m mencionada. Este comportamiento errático de las organizaciones de enseñanza de buceo sólo puede ser explicado por existir un mercado en el que el buceador sólo emplea aire desde tiempos inmemoriales por ser el gas más fácil y barato, sin renunciar a la limitación que comporta, ya que hasta hace bien poco, era lo único disponible y con él se bajaba donde hiciera falta. Y este sector del buceo recreativo no está dispuesto a considerar la utilización de mezclas de gases para bajar a un rango de entre 30 y 40 m. El autor puede incluso llegar a comprender esta actitud del buceador individualmente, que asume su riesgo, pero no la incoherencia de las organizaciones al propiciarla enseñándola.

Así mismo, se debe respetar los límites de profundidad para que cada mezcla nitrox no supere una presión parcial de oxígeno de 1,4 bar. Como límite absoluto. Y reducir este límite en condiciones de mucho tiempo a esa presión parcial, frío, esfuerzo intenso y prolongado o cualquier circunstancia que afecte de manera directa o indirecta al estado del buceador (poco sueño al noche anterior, alcohol, estrés, etc.) y que pueda hacer aumentar la probabilidad de una eventual hiperoxia.

Conclusiones.

El buceo recreativo está limitado por lo que se deriva de la posibilidad permanente de escape libre, es decir, por la asusencia de techo, sea éste real o virtual. Y de ello se colige:

  • Se debe excluir el rango de los 40 m sin fuente primaria redundante de gas.
  • La utilización de los gases propios de este ámbito (aire y nítrox), comportan adicionalmente unos límites de profundidad que se deben respetar.
  • No se deben contraer obligaciones descompresivas de ningún tipo.
  • Se deben evitar las inmersiones en zonas bajo paso continuo de barcos y cualquier otra circunstancia que suponga un peligro en el caso de tener que hacer un escape libre a superficie.
  • Igualmente, en el buceo recreativo se debe excluir cualquier penetración de cualquier longitud en un entorno bajo techo (caverna, cueva o pecio).

Epílogo: traspasando los límites.

El mundo es como es -aunque se considere que no está hecho como debiera estarlo- y miles de buceadores recreativos que llevan años buceando sin que les pase nada, continuarán bajando hasta el rango de los 40 m, penetrando en cavernas y pecios, saltándose los límites de profundidad establecidos para la narcosis y cualquier otro.

A estos buceadores, al biotipo «aguerrido», al «resabiado», al veterano con galones de épocas heroicas del buceo, al que considera que a estas alturas nadie le tiene que enseñar nada, al negacionista del «eso no pasa», al evitativo del «eso no tiene por qué pasar», al proyecto de marine, etc., el Autor de este blog les recomienda que lean una próxima entrada titulada «Todas las setas se comen … pero algunas, sólo una vez: EL FALLO CATASTRÓFICO«.

Las siguientes palabras no deben tomarse como una incitación a traspasar dichos límites, sino todo lo contrario, pero este blog habrá cumplido parcialmente su propósito si todos los buceadores de este tipo que lo lean COMPRENDIERAN el riesgo y las causas y razones que lo provocan, aunque hicieran caso omiso de ellas. Y si siguieran trasgrediendo los límites recreativos, al menos fueran conscientes de que lo están haciendo y, a ser posible, tomaran algunas precauciones razonables: llevar un pony (botellín) como segunda fuente primaria de gas si bajan al rango de los 40 m; no separase de su compañero en estos entornos; extremar su técnica de aleteo en penetraciones, darse la vuelta al menor signo de problemas, etc. ; extremar todo tipo de precauciones, en definitiva. Y, sobre todo, considerar aumentar y mejorar su formación.

Un comentario sobre “

Escapando por el tejado: EL FUNDAMENTO DEL «BUCEO RECREATIVO»

Segunda parte:

LOS LÍMITES.

  1. Muy buen articulo.
    El buceo recreativo no es como el paseo a pie, recreativo y para todos los públicos, cerca de la civilización, donde una ambulancia, policia, bomberos , van a ayudarte de inmediato.
    Bucear a 25m. ya tiene techo, quien es el superman que hace escapes libres como si fuera lo mas normal y fácil del mundo?
    Subir al Monte Everest también es recreativo (Salvo para los guías nepalies, que trabajan de ello).
    Tomarse unas cervezas sentado en una terraza si que es recreativo y para todos (mayores de 18 años, claro), igual no mas de 8 o 10 cervezas, no? pero nadie pone el limite.
    Puedes No hacer una parada de deco, y no pasarte nada, no es una ciencia exacta, se te bloquea el ordenador y realizas la inmersión sucesiva con la de tu binomio, y a mucha gente no le pasa nada.
    Definir la palabra recreativo y separarla de la de apto para todos, y separarla del negocio, cuanto mas buceadores mas dinero, es un tema que da para mucho debate.
    Enhorabuena por tus articulos.

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