Cómo elegir con criterio unas aletas de buceo.

Esta entrada no pretende ser un tratado sobre aletas ni hacer sofisticadas consideraciones sobre hidrodinámica. Únicamente pretende dar unas pinceladas para que el lector comprenda tanto las distintas posibilidades que se le ofrecen y las características generales que presenta una aleta, como las variables ajenas a ellas que deben determinar su elección.

No se trata de que el lector realice una elección digna de ser publicada en una revista científica. Se trata de que apunte el tiro en la dirección correcta sin equivocarse demasiado.

Elecciones racionales y ensoñaciones

Un Ferrari Testarossa es una maravilla de automóvil pero, ¿el lector lo calificaría como «El Mejor Coche»? Y si así lo hiciera … ¿lo compraría para repartir paquetes? ¿Para cruzar con él el desierto? ¿Se lo ofrecería a alguien que acabara de aprobar su carné de conducir?

Pues parece que sí. Con todo su derecho a ser irracional, hay gente que se compra un Hummer para callejear por el centro de una gran ciudad y hay quien tiene un Porsche Carrera sólo para ir a hacer la compra. Decisiones que, por muy soberanas que sean, no dejan de ser disfuncionales. El «Mejor Coche» ¿para dónde, para qué y para quién?

Exactamente lo mismo pasa con muchas otras cosas, entre ellas las aletas de buceo. Por esto, para iniciar cualquier reflexión sobre ellas, lo primero es tener algunas cosas muy claras:

  • Existen aletas de todas las formas y características imaginables. Dichas características no sólo son distintas, sino que frecuentemente son contrapuestas entre sí.
  • Las mismas características en una aleta que constituyen sus virtudes en determinadas condiciones, constituyen sus defectos en otras.
  • No existe La Mejor Aleta. Existen las aletas que en mayor grado se adaptan a un determinado buceador, a su técnica y a su condición física … en unas condiciones específicas. Cualquier afirmación que incluya algún concepto como «La Mejor Aleta» o similar, tiene que ver más con la ideología o la religión, que con el buceo.
  • Cuando alguien compra algo que «sirve para todo», habitualmente compra algo que en realidad no es bueno para nada. Una cosa es encontrar el compromiso razonable y otra es buscar el Santo Grial hecho aleta.
  • Mucho antes de empezar a seleccionar o elegir una aleta, debemos centrarnos en tener lo más claro posible para qué, para quién y para dónde la queremos. Sin determinar esto previamente, cualquier disquisición o elección carecen totalmente de sentido.
  • La elección debe estar precedida por una reflexión sobre el buceador que se es realmente y sobre las expectativas realistas de mejora que se tienen a cualquier plazo. Porque es muy frecuente comprar equipo pensando en el marine de película para adolescentes que a uno le gustaría ser y luego pasa lo que pasa. Antes de ir a la tienda, conviene mirarse al espejo.

Cabe mencionar que el máximo rendimiento es directamente proporcional a la máxima exigencia. Es decir, conducir un coche de carreras exige muchísimo al conductor. Una raqueta de tenis con los cordajes y tensiones de los que utilizan los profesionales será casi inmanejable para un aficionado (y probablemente le lesionará). Y también que la eficiencia suele estar reñida con la comodidad, siendo ésta una variable sin casi relevancia cuando se persigue el máximo rendimiento. Una bicicleta de competición es una tortura utilizada en el ámbito amateur.

Esto se menciona porque frecuentemente el novato aspira a alcanzar directamente lo que entiende que ofrece el máximo rendimiento posible -en abstracto- y compra algo que luego le resulta inmanejable. Y lo que suele ser inmanejable es la inevitable vanidad propia. Por ello, se insiste en hacer un esfuerzo de realismo (en el presente y en el futuro, al menos en el corto y medio plazo) para lograr elegir lo que realmente es lo óptimo para cada uno y para cada circunstancia.

La mejor aleta es la que mejor se adapta al buceador que las lleva en un contexto y para un propósito dados.

Estas reflexiones previas casi nunca se hacen. Directamente se va a la tienda correspondiente a ver lo que hay. Allí, casi siempre el resultado es: o se compra las que más han entrado por los ojos al llegar; las que ha recomendado un compañero (quien, con suerte, a lo mejor ha probado ésas y otro tipo más, a lo sumo), o las que el vendedor le incita a comprar.

Pero casi nadie utiliza ningún criterio, cosa de la que se aprovechan los fabricantes para desarrollar sus estrategias de mercadotecnia. (Y, ¡ojo!, que también hay una mercadotecnia de «lo indiscutible», como luego se verá).

En esta entrada, se darán unas pinceladas para que el lector comprenda que hay ciertos criterios que deben ser tenidos en cuenta a la hora de adquirir unas aletas.

Ciegos a las tonterías

Un maravilloso cuento del autor italiano Italo Calvino presenta a un intelectual que, abrumado por la cantidad de anuncios y mensajes absurdos de todo tipo que no puede evitar leer porque están por doquier, decide aprender a «desleer» para preservar su buen juicio. De igual manera, sería un buen comienzo lograr mirar una aleta sin poder ver ni los colorines, ni las «formas innovadoras», ni los sistemas «Advanced RecontraTech Ultimate System«, ni otras interferencias que la mercadotecnia interpone entre nuestro bolsillo y nuestro juicio. Ver lo que la aleta es, tal cual. Por lo menos, sería bueno hacer el esfuerzo.

Los condicionantes

El lugar

No es lo mismo aletear en sitios muy estrechos (interiores de cuevas o pecios) que hacerlo en mar abierto. Ello condicionará la forma, longitud y rigidez de la aleta.

No es lo mismo salir a bucear en lugares de fuertes corrientes, que en aguas tranquilas. Ello condicionará la forma de la pala, su superficie, rigidez y longitud.

Para cada situación, una aleta distinta será mejor, por lo que se tendrá que tener en cuenta esto, concatenadamente con las características físicas y técnicas del buceador y otras variables que se comentarán a continuación.

El buceador

Una persona que no tenga fuerza en las piernas puede llegar a pasarlo muy mal con una aleta muy rígida y pesada. Cansancio, calambres e ineficiencia en general. Así mismo, otra persona que poseyera las piernas del gran lateral brasileño Roberto Carlos y buceara con una aleta blanda, se desesperaría con el desperdicio de energía, control y propulsión.

El tipo de músculo importa también. Hay gente con piernas muy musculadas (de fibra corta) que sufre mucho durante los esfuerzos prolongados, por lo que, si bien en los buceos breves una aleta rígida podría ser asumible, quizá se debiera considerar algo más flexible.

Y no solamente es cuestión de fuerza, sino también de maña. Un buceador novel sin técnica todavía no controlará bien una aleta rígida. En cambio, una aleta blanda le «perdonará» mejor sus carencias técnicas. Es lo mismo que conducir un automóvil deportivo o uno familiar. El primero no perdona el mínimo fallo, no así el segundo (afortunadamente no nos solemos estrellar buceando. O no demasiado).

La constitución y el estado de forma del buceador es muy importante para la elección de la aleta y debe ser considerada en su elección.

El traje

«¿Pero qué rayos tendrá que ver el traje de buceo con las aletas?«, se preguntará el lector. Pues mucho.

La combinación entre la aleta, la técnica y el tipo de traje tiene una importante influencia en el siguiente sentido: si se bucea con traje de neopreno (cuanto más espesor, peor) y se tiende a nadar sobrelastrado y en ángulo sobre la horizontal (posición conocida en la jerga como «Hippocampus»), una aleta de flotabilidad negativa puede empeorar todavía más el problema. Ni teniendo técnica para contrarrestar este efecto sería aconsejable porque obligaría a mantener una tensión lumbar innecesaria.

Por el contrario, si se bucea con traje seco, una aleta de flotabilidad claramente positiva amplificará el problema del gas interior del traje circulando hacia los pies, haciéndo las piernas más «flotonas». (Mencionando que, en vez de solucionar este error, frecuentemente se intenta revertir añadiendo más errores en forma de polaina (gators) o de tobillera de plomo).

La técnica

La mayoría de los buceadores recreativos únicamente nadan con patada de tijera recreativa (algo distinta a la que se realiza en buceo técnico). Sin embargo, también hay quienes han aprendido la patada de rana (frogkick), cosa que en opinión de quien escribe debiera ser obligatoria por el bien de los corales, caballitos de mar y demás fauna sensible. Incluso los hay que han hecho cursos de introducción al buceo técnico o cursos recreativos de organizaciones de este tipo de buceo que pueden realizar la patada hacia atrás (back kick).

Dependiendo del repertorio técnico de patadas que se utilice, unas aletas serán más adecuadas que otras para determinadas técnicas de patadas. Algunas serán literalmente incompatibles, según que casos.

De esta manera, por ejemplo, unas aletas muy largas y flexibles o un modelo de «pala partida» podrán ser estupendas para una patada de tijera o flutter en aguas abiertas y quietas, pero difíciles para una patada de rana e imposibles para dar una patada hacia atrás. Para ésta última, una aleta corta y rígida pero con perfil redondeado será peor que una con perfil ancho y plano. Todas estas consideraciones también deben tenerse en cuenta.

Las características de la aleta

La flotabilidad

Hay aletas cuya flotabilidad es positiva (si se dejan sueltas se van hacia la superficie), otras que son sensiblemente neutras (se quedan más o menos en el mismo sitio) y otras que tienen flotabilidad negativa (se hunden).

Lo primero que viene a la mente es que perder una aleta muy negativa en el agua es literalmente perderla de verdad. Se hundirá rápidamente y, si no hay fondo, solo quedará despedirse de ella mientras se desvanece en la profundidad.

Para saber de qué tipo son, no vale pesarlas en seco ya que la flotabilidad depende no sólo de su peso, sino también de su volumen. Aquí empezamos mal, porque casi nunca el que esto escribe ha encontrado un vendedor que sepa cuál es la flotabilidad de las aletas que vende. Por mera prudencia intelectual hay que decir que seguramente los habrá, pero deben ser escasos cuan unicornios. Aunque nunca es una garantía, inténtelo el lector en tiendas de buceadores experimentados. Suelen ser cutres, pequeñas y dedicadas sólo a artículos de buceo .

La flotabilidad de la aleta no es algo crítico, pero ayuda a hacer bien ciertas cosas. La poca fuerza en cualquiera de los sentidos que produce su flotabilidad es amplificada por la longitud de palanca de la pierna sobre el centro de gravedad del cuerpo.

Las aletas de flotabilidad positiva ayudan algo a quienes tienden a mantener una postura de nado tipo «Hippocampus» ya que el momento de fuerzas que hace, respecto del centro de gravedad del cuerpo, tiende a subirles los pies.

Las aletas neutras no hacen nada, de tal manera que no tendrán efecto apreciable en la postura de nado. No perjudican pero tampoco ayudan.

Las aletas negativas tenderán a bajar los pies. Esto puede ser interesante si se bucea con traje seco, en el que inevitablemente parte del aire interior en el traje se va a los pies, tendiéndolos a elevar. Las aletas negativas corrigen en cierta medida esto y permiten equilibrar la horizontalidad del cuerpo.

Es decir, tanto las positivas como las negativas contribuyen a crear una palanca de fuerzas cuyo momento sirve para que la posición del buceador se incline más o menos según se estiren las piernas (y los brazos). Todo ello junto con el adecuado balance de pesos del resto del equipo.

Así pues, salvo que se vaya a bucear con traje seco, la recomendación para el buceador recreativo tipo sería que se comprara unas aletas positivas o neutras a lo sumo.

El peso

¿No habíamos quedado en que lo importante no era el peso, sino la flotabilidad?. Pues sí … y no. Porque si bien la flotabilidad influye en la posición de nado, el peso lo hace de manera sustancial en la manejabilidad de la aleta. Sobre todo en movimientos fuera de la vertical, ya que debemos acelerar y frenar continuamente una masa que tiene una determinada inercia, es decir, que opone resistencia a abandonar su estado de movimiento. Por ello, una aleta ligera siempre será más manejable que una pesada, aunque ésta tuviera mayor flotabilidad. Y viceversa. Son cosas relacionadas, pero distintas.

La recomendación para el buceador recreativo tipo sería que se comprara unas aletas ligeras y manejables, que no sobrecarguen las piernas.

La «pala»

Puede ser plana, curva, con deflectores, agujeros, articulada, con resaltes …. Pero esencialmente hay de dos tipos: entera y partida. Y, dentro de las enteras, continuas y discontinuas (con perforaciones, deflectores, etc.).

  • La pala partida o split fin.

La aleta partida tiene siempre el mismo diseño. De hecho, parecen todas procedentes del mismo modelo: dos grandes nervios a lo largo de sus bordes y una pala muy flexible partida en dos, con una separación de 1 cm aproximadamente. El objetivo de este diseño común parece ser mantener la longitud y forma general mediante los refuerzos de los bordes, haciendo que la pala se deforme hacia su ranura interior de tal manera que parte del volumen de agua que «caza» su superficie, salga por ella. Sin entrar a discutir la efectividad de este diseño -que en principio parece muy cuestionable respecto del rendimiento, al menos-, parece que está aconsejada para personas de poco tono muscular y fuerza en las piernas. Poco esfuerzo y mucha cadencia de aleteo para una distancia dada en comparación con otros tipos. Poco empuje, evidentemente, lo que las hace desaconsejables para lugares con corriente. Mucha deformación, lo que las hace mucho menos precisas pero más «tolerables». Totalmente inadecuadas para patadas que no sean de tijera recreativa.

  • La pala convencional discontinua
    • Con agujeros o partes abiertas

El Autor debe confensar que nunca ha entendido muy bien los supuestos beneficios que en teoría ofrecen las palas con agujeros o zonas abiertas respecto de las palas totalmente cerradas. Sospecha fuertemente de su inexistencia. Resta superficie a la pala (la llamada «superficie activa»), sin contraprestación alguna.

    • Con deflectores

El ala de un avión es un deflector (y, de hecho, puede volar por las diferencias de presión que las distintas velocidades del flujo de aire provoca su forma a un lado y a otro de ella). Pero, para el Autor, ese efecto en estos casos resulta bastante dudoso habida cuenta de las escasas velocidades del agua al discurrir por la aleta y que, en caso de atravesarla, resulta en una disminución de su superficie activa.

Dejémoslo por el momento en duda (alimentada por no conocer deflectores en las aletas de los animales en la naturaleza), a falta de mejor fundamentación. Aunque sería interesante cegar dichos deflectores y ver lo que pasa.

  • La pala convencional continua

La formalmente más sosa, menos comercial y, probablemente, la más lógica y efectiva.

Dadas la rigidez, longitud, forma y propiedades específicas de cada una, las hay mejores y peores, pero son lo que son. Sin más.

La forma

Hay aletas verdaderamente singulares. Algunas estéticamente son dignas de ser denominadas como «Micky Mouse Edition«. Otras juegan a diferenciarse formalmente hasta el punto de prometer una suerte de comportamiento rayano en lo mágico. Las hay con extravagantes articulaciones. El lector debe ser ciego a todo esto.

Lo curioso del caso es que algunas generan una legión de adeptos que nunca son capaces de explicar casi nada sobre ellas pero que aseguran que son Las Mejores Posibles.

El mejor consejo que se puede dar es probar cualquier aleta y nunca comprarla por sus formas, ni por sus promesas. Hasta que a un amputado le crezca el brazo, los milagros no existen.

La longitud

La longitud de la aleta es directamente proporcional a su empuje e inversamente proporcional a su precisión y control.

Las aletas muy largas como las que se utilizan en apnea pueden ser muy útiles en zonas de mucha corriente pero totalmente inviables en sitios estrechos e innecesarias e incómodas en lugares de aguas calmadas. Imposibles para patadas que no sea la de tijera.

Por el contrario, las aletas muy cortas pueden ser muy aconsejables para lugares estrechos y una pesadilla en zonas de corriente, salvo que sean muy anchas y rígidas.

La longitud y la forma deberá ser determinada una vez más respecto de las condiciones en las que habitualmente se bucee y la condición física y técnica del buceador.

La rigidez

Una aleta rígida ofrece más empuje que una blanda. Y es más reactiva. Sin embargo, es más exigente tanto física, como técnicamente.

Imprescindible una determinada rigidez mínima, según qué patadas se empleen, parece razonable asociar esta propiedad a la condición técnica y física del buceador, de tal manera que, a menor técnica y condición física, menor rigidez y , al contrario, a mejor técnica y tono físico, mayor rigidez.

Así mismo, se deberá asociar a las condiciones habituales del buceo que se practica: a más corriente, mayor rigidez. A menor corriente, menos rigidez es necesaria.

Pero las cosas no son o blanco o negro. Casi todo está en un grado intermedio. De esta manera, la misma aleta rígida puede ser magnífica en inmersiones sin grandes desplazamientos y un problema para largas distancias. Debe ponderarse esto. ¿Cómo? … pues como siempre: haciendo una selección previa según el buceador, su técnica y las condiciones de su entorno habitual previsible para luego probar las candidatas en diferentes condiciones.

El calzante

En aguas cálidas e inmersiones someras pueden utilizarse calzantes cerrados con el pie desnudo. Pero, salvo estas inmersiones particulares, lo general son calzantes abiertos ajustables con distintos enganches para ser utilizados con botas, escarpines o, como mínimo con calcetines de neopreno. A estos nos referimos fundamentalmente en esta entrada.

Los enganches de talón

Existen tres tipos: de correa plana de plástico o caucho, de muelle o de cordón elástico de sección redonda.

  • El tradicional es la correa plana de plástico o goma. Debido a su poca elasticidad, en los últimos tiempos generalmente se les añade un dispositivo de plástico articulado para facilitar su tensado y destensado al ponerse o quitarse la aleta. Por muy cómodo que resulte esto, se «resuelve» un problema añadiendo complejidad y puntos de posible fallo.
  • Las de muelle proceden del buceo técnico y estaban restringidas a ese ámbito hasta hace muy pocos años, en los que se han popularizado y extendido masivamente al buceo recreativo. El estándar era un simple muelle inoxidable, a veces con un hilo de naylon en su interior, con una funda exterior también de naylon o cordura para evitar enganches y pellizcos. Un sistema muy sencillo, muy fácil de poner y quitar y extremadamente fiable que últimamente complican con variopintas taloneras de goma con enganches a veces muy aparatosos que no hacen ninguna falta. Su inserción en las aletas suele ser una articulación metálica sólida atornillada o enganchada. Tienen la desventaja de presentar varias longitudes o tallas. El Autor recomienda siempre este tipo de enganche si la inserción es metálica.
  • Los enganches de talón con cordón elástico redondo (bungee cord o shock cord), son minoritarias, pero también muy cómodos y seguros, y participan también de las complicaciones innecesarias que muchos fabricantes añaden para diferenciarse. Los enganches a la aleta suelen ser de plástico, lo que les hace más vulnerables que los metálicos. Tienen mucho futuro en sustitución de las tradicionales. Adicionalmente, se mencionará que el Autor lleva a veces en un bolsillo un trozo de este tipo de cordón elástico para «apañar» un enganche roto. En determinadas circunstancias, quedarse sin un aleta puede ser algo importante. Y en algunos entornos, vital.

Desmontando mitos

La aleta mítica por excelencia es la Scubapro Jet Fin. Originalmente no era Scubapro, sino Beuchat, conocida marca y también apellido de su inventor en 1965, quien acabó vendiendo el modelo a Scubapro.

Modelo clásico (o antiguo, como algunos pocos pensamos), de goma sólida, robusto hasta lo indestructible, es la aleta por excelencia en los ámbitos del buceo técnico y militar.

En los últimos años, han aparecido «clones» de estas aletas de todos los colores y tamaños. Y no son lo mismo, puesto que muchas veces no son ni tan rígidas, ni del mismo peso, ni de la misma flotabilidad. Se parecen como un pollo a una perdiz.

En opinión de este Autor, que las ha utilizado durante muchos años -y las sigue utilizando-, las Jet Fin originales tienen notables virtudes: son muy cortas, con lo cuál son muy adecuadas para zonas estrechas o con restricciones (que en general debieran quedar fuera del buceo recreativo); son muy anchas, por lo que ofrecen bastante propulsión; su flotabilidad es muy negativa, por lo que son muy adecuadas para ser utilizadas con traje seco (hasta el punto de que suponen casi 1 kg del lastre global); su refuerzo o perfil exterior es ancho y plano por lo que son muy adecuadas para la patada hacia atrás o back kick; son muy rígidas por lo que son muy reactivas, precisas y ofrecen mucha potencia … si se tienen piernas para moverlas. Y, como se ha dicho, son virtualmente indestructibles.

Pero la principal razón de su éxito es que son … la erótica del tanque Panzer transmutada en aleta. Porque también tienen muchos defectos, incluso para el tipo de buceo que se les supone como óptimas. Este Autor sabe que lo que va a afirmar a continuación levantará ampollas en mucho buceador técnico que las adora.

Su suela es muy corta, llegando hasta la mitad de la planta del pie -no hasta la base del talón-, lo que hace que en ciertas patadas pivote sobre ella y el pie se doble.

Su calzante es rectangular, una forma nada óptima con partes rectas que producen rozaduras en la parte alta del empeine si se bucea con escarpín y no con bota (olvídese el lector de utilizar sólo calcetín de neopreno); la forma de su pala es bastante discutible ya que no parece que los agujeros redondos sirvan para nada más que para quitar superficie de empuje y sus deflectores de los que al Autor no le consta que nadie haya demostrado ninguna ventaja hidrodinámica sustancial al agua que se desplaza a través de su superficie.

Hasta que han aparecido sus clones, sus tallas eran de pesadilla, existiendo sólo tres tamaños de calzante, que en realidad eran dos pues la más grande estaba destinada casi exclusivamente a ser utilizada con botas («rock boots») para traje seco (para quien no las conozca, son como botas de montaña, pero para bucear).

En opinión de quien escribe esto, su forma es resultado de los medios de fabricación y la mercadotecnia de los años 60 del pasado siglo, elevados con el tiempo a la categoría de mito por su robustez, durabilidad y apariencia.

Hablando con quienes las tienen, parecería a veces que fueran las únicas aletas que cualquiera debiera utilizar. Y eso no es cierto en absoluto. Están muy bien para buceos en restricciones o con muchas botellas en los que se requiere precisión y empuje, con un repertorio amplio de patadas, con piernas y técnica … pero existen muchos otros modelos que también cumplen con los requisitos necesarios -o mejor- y que son de extraordinaria calidad.

De hecho, a juicio de quien esto escribe, éstas no son nada adecuadas para buceo recreativo convencional. La recomendación es que este tipo de aleta sea descartada en principio para buceo recreativo y sólo sea considerada si se utiliza traje seco … con muchas cautelas.

Este ejemplo se presenta nada más para ilustrar una crítica que, si se hace a unas aletas que se suponen indiscutibles, se deben hacer también a cualquier modelo de aleta.

La dificultad de comparar aletas

Después de todo lo dicho, el Autor espera que se comprenda que comparar simplemente dos modelos de aletas es asunto extremadamente complejo, aun teniendo en cuenta un sólo tipo de patada, como pueda ser la patada de tijera recreativa.

A continuación se reproduce un trabajo de comparación científica de dos modelos que casualmente el Autor ha utilizado, si bien con una patada de tijera recreativa (flutter) que ya no utiliza apenas. (Y, precisamente, uno es la mítica Jet Fin). Aunque está escrito en inglés, si el lector se molesta en leerlo, podrá sacar conclusiones muy interesantes, como por ejemplo, la diferencia de rendimiento en función de cuatro parámetros: amplitud de patada, frecuencia de patada, velocidad de nado y energía consumida.

En dicho estudio se puede observar que uno de los modelos es más eficiente en determinados supuestos … e inferior en otros. Es decir, a efecto de simple rendimiento en aguas abiertas, sin considerar ningún condicionamiento más -de los muchos que se pueden estimar-, uno de los modelos será más conveniente para un buceador que aletee con menos amplitud y más frecuencia que otro con más amplitud pero menos frecuencia … y con diferente resultado a distintas velocidades.

Como se supone que el lector no debe obtener la especialidad de Dinámica de Fluidos de Ciencias Físicas antes de acudir a la tienda, es por ello que se propone el siguiente corolario:

Corolario para vagos

Como ya se ha afirmado en alguna entrada anterior, la pereza contumaz sólo nos adorna a algunos privilegiados. Para los que estén pensando desde el inicio de este artículo «pero después de tanto rollo … ¿qué aletas me compro al final?» y que hayan llegado hasta aquí sin leer nada más, el Autor lamenta en este caso no poder ofrecerles la receta esperada habida cuenta de la cantidad de combinaciones entre las numerosas y distintas circunstancias que deben determinar la elección. Lamentablemente, tendrán que leer la totalidad del artículo.

Pero sí se afirmará que una aleta se debe elegir con paciencia y sin prisa. Y, dado que lo más caro es comprar algo que no funcione, la mejor inversión es probar durante varias inmersiones y en distintas condiciones, si es posible, cada tipo de aleta que, -después de leer este blog, claro-, racionalmente se considere como una buena candidata para el tipo de buceo que se practica y de buceador que realmente se es.

Así pues, se debe ir mendigando a los compañeros (o, mejor, engañándolos) para que le presten a uno sus aletas unos días. O alquilando diferentes modelos en el centro de buceo, sin repetir. Se estará en ventaja al elegirlas si además se es sordo, ya que no influirán los mayoritarios y tajantes consejos de quienes no reflexionan y de los que sólo conocen las suyas -que siempre son las mejores-.

En caso de no poder hacerlo, por lo menos en la tienda no se limite el lector a mirarlas; tóquelas, dóblelas, péselas, compruebe su rigidez, póngaselas … pero no se las lleve hasta probarlas.

¡Buena suerte!

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La seducción de lo innecesario:

LA ELECCIÓN DE LAS ALETAS DE BUCEO

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