Si el buceo es o no un deporte es una discusión recurrente entre buceadores y que a veces enciende pasiones. Sin embargo, raramente se justifica la razón por la cuál se opina una cosa u otra. En este artículo se expondrán razonadamente argumentos para contribuir a que el lector se pueda formar una opinión fundamentada sobre este asunto que tiene más calado del que parece ya que afecta a la organización de la propia actividad.

Una palabra desprovista de significado concreto

Empezará el artículo con una confesión personal del Autor: deporte es uno de esos términos que sacan de quicio a quien esto escribe. Como cultura.

El significado de cualquier palabra debiera ser lo más acotado posible para representar de manera precisa una parte de la realidad. Sin embargo, hay palabras cuyo campo semántico ha sido tan forzado y tan extendido, que ya no se sabe de qué se está hablando. Deporte es una de esas palabras, auténticos cajones de sastre con pretensiones definitorias que enarbolamos como prueba de nuestro argumento en el sentido que a éste convenga en cada ocasión.

La palabra deporte, ¿alguna vez significó algo?

No hace tanto tiempo lo que se consideraba deporte estaba mucho más definido. El olimpismo ostentaba la representación de los deportes canónicos o puros. Y desde allí se proyectaba la idea hacia deportes más complejos que, en todo caso, implicaban capacidad atlética, reglas y competición.

Sin embargo, este modo de verlo se fue modificando a lo largo del tiempo con la bendición del Comité Olímpico Internacional que fue incluyendo actividades que ni de lejos eran consideradas como deportes puros sino más bien diversiones o juegos, animando a muchas federaciones y organizaciones alrededor de todo tipo de actividades a solicitar su consideración como deportes olímpicos.

De esta manera, en el olimpismo ha habido una serie de entradas y salidas de actividades en función de su popularidad, no de su naturaleza. Han llegado a introducirse en los Juegos Olímpicos actividades consideradas anteriormente como meros divertimentos o juegos tales como el Skateboarding o el Surf. O versiones de la escalada, actividad que trascendía este concepto. Y se está considerando seriamente introducir el baile de «Break dance» como deporte olímpico.

La televisión y sus intereses económicos asociados han tenido mucho que ver en este cambio. Y esto no ha hecho más que empezar. La expansión masiva de los canales de deportes requiere una cantidad cada vez mayor de contenidos para llenar 24 horas de programación diarias, por lo que cada vez habrá más actividades nuevas de todo tipo anunciadas como deportes.

Es por ello que ya se incluyen partidas de póker como retransmisiones deportivas. O que ya haya propuestas formales para incluir el Juego del Sapo -o Juego de la Rana- o la Petanca como deportes.

¿Y los deportes electrónicos o e-sports? Se autocalifican como deporte. Suponen un esfuerzo para el cerebro y requieren reflejos rápidos y destreza para manejar un mando. Son competitivos y entretienen a millones de personas. Sus jugadores sostienen que son tan atletas como los pilotos de F1, porque ambas actividades implican habilidad y destreza para manejar una máquina. Un disparate sublime aceptado ya universalmente.

Por ello, lamentablemente tendremos que partir de la premisa de que deporte es en la actualidad lo que los medios de comunicación quieran que sea. O las propias organizaciones deportivas. O los redactores de las leyes. O ud. mismo.

En este punto, se debería terminar el artículo con el siguiente corolario: el buceo y prácticamente cualquier otra actividad puede ser considerada como deporte, simplemente porque alguien quiere que lo sea.

¿Qué define un deporte como tal?

La palabra «deporte» procede del francés antiguo desport que significa «ocio», siendo la definición en inglés más antigua conocida (de alrededor de 1300): «cualquier cosa que los humanos encuentren divertida o entretenida«. No parece esto un prodigio de definición. Empezamos mal.

Atendiendo a las definiciones de los encargados del castellano (visto lo visto, últimamente debe entenderse por encargados a los que se lo cargan), la Real Academia Española, en su Diccionario de la Lengua, define deporte como una «actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas»; y también, en una segunda acepción todavía más inconcreta, como «recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre».

Por otra parte, la Carta Europea del Deporte lo define como: «Todas las formas de actividades físicas que mediante una participación organizada o no, tienen como objetivo la expresión o la mejora de la condición física y psíquica, el desarrollo de las relaciones sociales o la obtención de resultados en competición de todos los niveles».​

Según estas sesudas «definiciones», un deporte puede ser casi cualquier cosa: desde el Parchís, hasta la siega dominguera de césped.

A pesar de este sindiós conceptual, hay actividades fuera de toda duda. La carrera atlética, los saltos de longitud y altura, la lucha y similares son unánimes en su consideración como deportes. Esto es porque son los canónicos que se desarrollaron en la antigua Grecia, presunto origen del concepto. Anteriormente a ello, se tiene constancia de actividades competitivas de nado, lucha, salto, etc. pero imbricados en la preparación para la guerra, auténtica especialidad de nuestra especie -valga la redundancia-.

Otras definiciones se ajustan más a este último concepto. Por ejemplo, el Diccionario Oxford define el deporte como «una actividad que implica esfuerzo físico y habilidad en la que un individuo o un equipo compite contra otro u otros para entretenerse«. ¿Califica esto como deporte la capacidad de lanzar y recoger un anzuelo? Incluso hay competiciones de pesca televisadas.

Llegados a este punto, hay que decir que no se trata de excluir de la categoría de deporte a las actividades que a alguien le pudieran parecer absurdas (como el chessboxing, el fútbol en elefante o el quidditch, por ejemplo, actividades potencialmente tan legítimas como el polo, el golf o el fútbol). Esto depende de su popularidad, más que de su naturaleza. De hecho, el baloncesto era visto como estrambótico cuando James Naismith lo inventó en 1.891 en EE.UU. Casi todos los deportes hoy populares empezaron siendo novedades estrafalarias. No hablamos de eso. Hablamos de la naturaleza de una actividad que la legitima para ser considerada un deporte, si es que tal cosa tuviera sentido.

¿Cuáles son las características «comunes» o asociadas al concepto de deporte?

Pues, visto lo visto y dicho lo anterior, ninguna en el momento presente. Aunque, antes de asomarse al balcón de los horrores que anunciábamos al principio, generalmente se asociaban con las siguientes:

Actividad física.

¿Y qué no es físico? Lo mental también es físico, salvo para los dualistas y demás sobrenaturalistas. Pero, incluso atendiendo al concepto en el sentido de actividad corporal visible, también hacer una zanja en una calle supone un actividad física y no es considerada como deportiva por el momento y aunque ya no se pueda descartar nada. No es condición suficiente. El problema es que tampoco es necesaria, puesto que también se considera el ajedrez como un deporte. Quizá sí tuviera sentido requerir destreza atlética.

Competición.

Ni siquiera las definiciones oficiales consideran la existencia de una competición como requisito indispensable para la actividad deportiva. Una carrera mañanera individual por el parque es deportiva y, desde luego, no parece competitiva a no ser que el corredor padezca de desdoblamiento de personalidad y compita contra su otro yo.

Por otro lado, existe una multitud sin fin de concursos y competiciones que no son calificados como deportivos. Un concurso de poesía o pintura no suele serlo. Si el lector considera que el ejemplo es absurdo, espere al final en donde se trate de la fotografía subacuática para confirmar su opinión.

Actividad reglada u organizada

Ni las propias definiciones oficiales de la mayor autoridad consideran la necesidad de que existan reglas. Recordemos que la Carta Europea del deporte lo define diciendo al principio: «Todas las formas de actividades físicas que mediante una participación organizada o no, (…)» (sic).

La carrera matutina anteriormente mencionada no parece reglada más allá de respetar los semáforos para no ser atropellado. Tampoco es una condición sine qua non.

El juego

Lo lúdico es característico de muchas actividades humanas. (Se recomienda el libro Homo ludens (1938) de Johan Huizinga). Pero parece sólo compartir espacio parcialmente con el deporte. El juego de las tabas o el parchís no parece muy deportivos, aunque vaya ud. a saber, habida cuenta de la introducción de los e-sports.

Pero es que muchos deportes canónicos no pertenecen a esta categoría. Nadie calificaría de juego a la natación, al boxeo o a una maratón.

Actividad al aire libre

No hace falta comentar que ésta no es ninguna característica necesaria habida cuenta de la cantidad de deportes practicados a cubierto y, recientemente, incluso desde la habitación de un adolescente, como los anteriormente citados e-sports.

Otras

En numerosos textos se mencionan requisitos tales como la mejora física y mental, el bienestar, la cooperación, y muchas otras características deseables para el desarrollo personal. Tampoco hace falta mencionar que muchísimas actividades que no tienen ni remotamente que ver con lo que se suele entender como deporte, tienen ese mismo objetivo.

Como se puede comprobar, ninguna de estas características o requisitos son por sí mismas imprescindibles para la definición de lo que es o no es un deporte. Pero tampoco su conjunto parece definitorio del concepto deporte puesto que numerosas actividades consideradas como deportivas atesoran sólo alguna de estas características.

¿Qué pasa entonces con el buceo recreativo?

Vamos a ver la relación que pueda tener el buceo con estos conceptos que comúnmente se asocian con el deporte aunque, como vemos, no sean definitorios.

Actividad física y atlética.

El buceo es una actividad relajante y placentera en condiciones normales y una vez pasado el nivel de aprendizaje que permite desprenderse del miedo y adrenalina del desconocimiento del medio y la actividad.

No se exige una condición física buena, más allá de un estado de salud adecuado para su práctica. Es cierto que determinados buceos extremos si exigen una determinadas condiciones físicas y mentales pero en este blog se trata de buceo recreativo. Y en este sentido quién bucea razonablemente bien no debe hacer esfuerzos.

Basta con ir a cualquier centro para ver que los morfotipos de los buceadores que realizan la actividad son de toda condición: obesos y atléticos, fuertes y débiles, altos y bajos. No parece que la condición física atlética sea una cuestión ni determinante ni siquiera relevante en la práctica del buceo recreativo, amén de las salvedades dichas anteriormente.

Por otro lado, el buceo no tiene como objeto la mejora física del individuo que lo práctica. Esto parece evidente. Un buceador no acude al mar a participar en pruebas de habilidad, destreza o fuerza física. Ni a potenciar su agilidad o su musculatura. Un buceador va al mar a disfrutar del entorno natural, de momentos de soledad, de la flora y la fauna. Es una actividad plenamente contemplativa.

Competición

Dado que estamos hablando de buceo recreativo con botella, generalmente en mar, salvo algún tipo de competición absolutamente minoritaria y en piscina -que también sería discutible- las competiciones que se realizan en el mar son sobre fotografía submarina.

En ese sentido la competición sería equivalente a cualquier concurso de pintura o escultura o de novela o fotografía. No parece que este tipo de competición vaya en el sentido que se le da en el ámbito deportivo. De esta misma manera un concurso de poesía o de pintura que se realizara en Albacete podría ser considerado también como un evento deportivo con la misma legitimidad. (Ello no resta un ápice de mérito a los fotógrafos subacuáticos, de los que algunos notables «campeones» honran con su amistad a quien esto escribe).

Existencia de reglas

Las reglas existente en el buceo son las inherentes a la propia actividad y provienen de las condiciones físicas en que está se desarrolla. Nada que ver con reglas de juego o deportivas.

La Federación de Actividades Subacuáticas

Cierto es que existen Federaciones de Actividades Subacuáticas en España que, siendo ENTIDADES PRIVADAS adscritas al Consejo Superior de Deportes o a las Consejerías de Deporte de las CCAA, representan a esa parte del colectivo que sí participan en competiciones indudablemente deportivas, como la apnea, rugby subacuático y similares. De las «competiciones» -más bien concursos- de fotografía submarina, ya se ha tratado. Pero tampoco parece razonable que la mera existencia de ésta pequeña parte deportiva del sector tenga que extender la consideración deportiva a la totalidad del buceo.

El que un buceador se federe (adquiera una tarjeta federativa) para participar en un campeonato o evento deportivo relacionado con el buceo, no significa que su actividad principal como buceador sea la deportiva, ya que mientras que la competición o concurso al que se presente durará unas horas o unos días, si bucea normalmente el resto del tiempo su actividad podrá ser no deportiva, aunque como veremos a continuación, la Federación la califica de deportiva no competitiva.

Por tanto y como consecuencia de lo anteriormente mencionado, en ningún caso se debe caer en la trampa de considerar que entidades privadas cuyo exclusivo fin es el deportivo – y que además representan parcialmente (no en exclusividad) a un ¿1%? del total de buceadores de España – sean los representantes de la totalidad de ellos.

Esperar que esa parte del buceo que es “deporte” (la Federativa) aclarara o reconociera públicamente que la única actividad deportiva relacionada con el buceo es la competitiva que ellos representan es baladí y sólo puede conducir a la melancolía porque no ocurrirá, ya que sería contrario a su influencia e intereses.

Por todo lo expuesto, el Autor piensa que la consideración del buceo como deporte procede más de una situación histórica administrativa en la que convenía encuadrarla en el contexto de federaciones más que proveniente de la propia naturaleza de la actividad. Como la caza o la pesca.

Está conveniencia se mantiene hasta hoy a pesar de que el nuevo RD 550/2020 diferencia entre buceo deportivo y buceo recreativo. Aunque si acudimos a la página oficial de la Federación Española de Actividades Subacuáticas nos encontramos con un curioso párrafo que refleja la resistencia de dicha Federación a perder influencia e incluso su razón de ser a pesar incluso de la nueva regulación. Lo que sea por mantener a ultranza el calificativo de deportivo en la actividad que, por muy legítimo que pudiera ser, no deja de parecer estéril.

¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE EL BUCEO DEPORTIVO Y EL RECREATIVO?

El Real Decreto hace una diferencia entre deporte no competitivo (recreativo) y deporte competitivo o preparatorio de la competición (deportivo). Por lo tanto ambas actividades son deportivas. (art.3 a y b) No obstante FEDAS es la única que tiene reconocida en sus normas y estándares la doble denominación, por lo que las personas con una titulación FEDAS-CMAS pueden realizar ambas modalidades: http://fedas.es/escuela/escuela-nacional-de-buceo/

Esto no deja de ser una conclusión interesada y no del todo correcta, ya que lo que dice la ley es:

Artículo 3. Modalidades de buceo.
Las modalidades de buceo serán:
a) Buceo recreativo: es aquella que puede tener por finalidad el deporte no competitivo,
la diversión, el recreo, el pasatiempo o el ejercicio físico.
b) Buceo deportivo: es aquella cuya finalidad es el ejercicio de una actividad deportiva de
ámbito competitivo o preparatoria de esta.

Es decir, en todo caso el «buceo no competitivo» (?) es sólo una de las finalidades que la ley emplea para definir el concepto de «buceo recreativo». Colegir de ese párrafo que todo el buceo es deporte no deja de ser incorrecto. Pero, sea como fuere, para la Federación sólo hay deporte competitivo y no competitivo, pero todo deporte, no limitándose a las actividades como el Rugby Subacuático y otras actividades minoritarias, pero totalmente legítimas. En otras palabras, FEDAS sigue considerando la totalidad del buceo como una cuestión deportiva a pesar de que el RD 550/2020 le haya desprovisto de influencia en el buceo que comúnmente se realiza.

¿Y qué más da que el buceo sea o no un deporte?

Al margen del gusto que se pueda atesorar por la precisión conceptual en el lenguaje y en el pensamiento en general, en los abstrusos términos modernos la cosa no pasaría de ser una discusión del mismo tenor que la que se mantuvo sobre el sexo de los ángeles en Bizancio en el s. XV mientras los turcos entraban en la ciudad a sablazo limpio, si no fuera porque tiene una cierta repercusión legal.

Cuando partes de una ley se redactan sobre la base de un concepto tan ambiguo y aplicable a casi todo lo que convenga en cualquier momento, empiezan los problemas.

El RD 550/2020 establece notorias diferencias entre buceo deportivo y buceo recreativo, que se tratan en otros artículos y que no se van a repetir aquí. El legislador no se ha atrevido a separar claramente lo deportivo, relegando a la FEDAS a las actividades que ella misma denomina como buceo competitivo (acuatlón, natación con aletas, apnea, rugby subacuático, tiro subacuático, hockey subacuático) y los que más que dudosamente se puedan considerar como deportivos (buceo en general, fotografía subacuática, y orientación subacuática). Todo ello dicho sin menoscabo de lo afirmado en los párrafos iniciales del artículo, en los que se dice que la cosa ha llegado al extremo de que todo puede ser deporte o no serlo, a voluntad).

Mendigando prestigio

Hay categorías que en la actualidad han perdido parcial o totalmente el prestigio que tenían antaño (el arte, por ejemplo), mientras que otras lo han acrecentado, como la ciencia. O como el deporte.

Hoy, todo tiene que ser científico. Desde la Psicología, pasando por la Arquitectura y acabando en el Ajedrez. Y se hace auténtico contorsionismo para encajar en esta categoría estas disciplinas que no tienen casi nada que ver con la ciencia, definida por la epistemología y con criterios claros de demarcación como los de Karl Popper. El Autor ha vivido perplejo este problema en sus estudios de la Escuela de Arquitectura durante muchos años, situación que siempre le pareció expresión de un auténtico complejo de inferioridad y reclamo un tanto desesperado de prestigio perdido, hablando de una actividad milenaria que tiene en su propia naturaleza su carta de autenticidad sin necesidad de ser incorporada a otras categorías que no tienen nada que ver con ella.

De igual manera ocurre con el deporte, al que muchas actividades se apuntan para beneficiarse del prestigio que atesora en la actualidad. Y, de esta manera, casi cualquier cosa «quiere ser» un deporte. Desde la petanca, hasta el ajedrez (que también se apunta a la ciencia), pasando por los videojuegos o el póker y llegando hasta actividades que sólo cabe considerar como delirantes.

El problema es que este disparate conceptual es comúnmente aceptado sin rechistar. Conviene a tanta gente que es difícil oponerse a él. Y no produce perjuicios aparentes, aunque se llegue hasta la misma desaparición del significado de la palabra deporte y su empleo de manera indiscriminada y acrítica. No es ésta la mentalidad del Autor.

Corolario

Por todo lo dicho, el término deporte ha perdido su concreción y, en esta tesitura, podemos tomar varias vías:

  • Considerar que todo aquello que convenga es un deporte. En este caso el buceo recreativo así (lo) sería, si a vos parece -parafraseando a Pirandello, cuya obra vendría muy al caso-. Como un videojuego o el Juego de la Rana.
  • Como derivado de lo anterior, deporte sería todo aquello que estuviera bajo el control de una federación deportiva o que así se considerara legalmente. Como existe la Federación Española de Actividades Subacuáticas, pues también lo sería por fuerza de ley, si bien y a pesar de los estertores de dicha Federación, la separación marcada en el nuevo RD 550/2020 entre buceo deportivo y recreativo arroja más que fundadas dudas al respecto. Parece que, a veces, conviene que algo deje de ser deporte en ese juego gratuito de control e influencia ajeno a la naturaleza de las cosas.
  • Considerar que el buceo tiene de deporte lo que la caza, el vuelo en globo o un paseo por el espacio, actividades de requerimientos similares, como se ha visto antes. Ni sí, ni no, sino todo lo contrario.
  • Atenerse a los deportes canónicos y, por similitud con ellos, afirmar que el buceo -excluyendo las actividades atléticas y competitivas tipo rugby subacuático y similares e incluyendo los concursos de fotografía submarina- no se acerca ni de lejos al concepto de deporte. Y que no pasa nada. Es la posición del Autor.

Terminará este artículo como empezó: con otra confesión personal del Autor, al que estas palabras y conceptos descabalados y carentes de toda forma y sentido le recuerdan siempre una escena inolvidable protagonizada por el gran Peter Sellers de la película What´s new, Pussycat? (1.965), en la que se retrata la realidad de lo que suelen ser muchos significados y diccionarios, con un sofisticado y fino humor que resulta desternillante e irresistible para quien esto escribe.

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