El concepto.

Aunque el origen del concepto «Consciencia Situacional» es muy antiguo, el término como tal fue empleado por primera vez por los pilotos de la fuerza aérea de los Estados Unidos durante las guerras que este país sostuvo a mediados del siglo pasado (1). Se quería representar un estado de comprensión de todo tipo de factores que debían ser tenidos presentes en una situación concreta de combate con el objeto de entenderla, anticipar lo que podría ocurrir y obrar en consecuencia.

A finales de siglo, fue estudiado por la Psicología y aplicado a otras disciplinas en las que es crucial la toma de decisiones. Desde los negocios hasta el deporte.

Se ha comprendido que -por ejemplo- la gran mayoría de los accidentes aéreos y terrestres que se producen por fallo humano son atribuibles a la pérdida o inexistencia de una consciencia situacional suficiente.

La Consciencia Situacional es un modelo o esquema mental que una persona adopta voluntariamente y de manera adaptativa respecto de una situación concreta, con el fin de comprenderla, anticipar los riesgos y obrar en consecuencia. En otras palabras, de controlarla en todo momento. Se caracteriza por tomar un punto de vista que pretende ser «externo» al sujeto.

Sobre el año 2.002 y aplicando estos conceptos al ámbito del buceo, un instructor de buceo técnico llamado Peter Steinhoff publicó un artículo titulado: «Situational Awareness«. Dicho artículo fue traducido al castellano por quien esto escribe, traducción que se puede leer en el reservorio de información de este blog.

En él, se plantea la necesidad de que el buceador -se supone que técnico- desarrolle un procedimiento de control consciente y permanente sobre lo que le rodea. Se recomienda su lectura encarecidamente.

Sin embargo, el Autor de este blog echó de menos varios aspectos que se abordarán en esta entrada además de explicar su deseable aplicación al ámbito del buceo recreativo, idea que quizá a alguien pueda resultar extravagante, pero que tiene todo el sentido si se aplica correctamente.

El modelo.

El modelo más extendido de este concepto -modelo de Endsley (2)– destaca como componentes esenciales la percepción, la comprensión y la proyección, esquema asumido por Steinhoff, quien, además y aplicándolo al buceo, establece distintos rangos de aplicación: sujeto-equipamiento-compañeros-entorno.

(El Autor de este blog prefiere un esquema más desarrollado tipo datos-información-conocimientos+experiencia-comprensiónproyección y acción). Sea como fuere, no interesa aquí discutir ningún modelo teórico sino simplemente enunciarlo sucintamente, recomendando en todo caso leer el artículo de Steinhoff.

Los requisitos.

Claridad mental.

En la aplicación concreta al buceo, hay una cuestión que debe ser entendida previa y rotundamente: si lo que se pretende es tener las mejores percepción y comprensión de lo que nos rodea, cualquier circunstancia que las nuble o dificulte, de cualquier manera y en cualquier medida, es un obstáculo para nuestro propósito. Por ello, lo primero que tenemos que considerar es que no podemos bucear narcotizados, al igual que no se debe ni puede conducir habiendo consumido cualquier cantidad de alcohol. Y la narcosis no solamente es producida por el nitrógeno, sino por el CO2 que nosotros mismos generamos como subproducto del metabolismo e, incluso, por el O2 (aunque su efecto narcótico genera muchas dudas al Autor del blog debido a su metabolización).

Por tanto, se puede afirmar que la primera medida para poder tener una consciencia situacional adecuada es bucear en los rangos de profundidad que el gas que respiramos permita y con la técnica que produzca la menor cantidad de CO2 posible.

La necesidad de automatización de tares secundarias.

Volviendo al símil de la condución -que todos entendemos-, cuando aprendemos a conducir en la autoescuela, al tener que cambiar de marcha concentramos TODA nuestra atención en la palanca de cambios y en el embrague. Incluso la miramos con total intensidad y concentración para cambiar de marcha adecuadamente … sin enterarnos de que estamos a punto de estrellarnos contra una vaca que está enmedio de la carretera. Para ver el paisaje no podemos reparar en pisar el acelerador, el embrague, cambiar de marcha o mover el volante. Esas tareas, de no estar automatizadas, nos impedirán verlo. Aunque lo miremos.

En el buceo, pasa lo mismo. No podemos tener conciencia de otras cosas cuando nuestra atención está exclusivamente centrada en manejar un hinchador de una tráquea para mantener a duras penas nuestra flotabilidad. Pero esto no es exclusivo del novato que se concentra en cosas básicas. Póngase a alguien con alguna experiencia -como le ocurrió a quien escribe- «en el azul» (sin referencia visual alguna) entrenando al lado de un cabo y prodúzcale su instructor un problema. El buceador concentra toda su atención en el procedimiento de resolución del problema -que, obviamente, todavía no estaba automatizado-. Con dificultad y empeño, lo logra resolver. Y, cuando lo hace, descubre que … ya no está el cabo. La casi imperceptible corriente lo ha alejado sin que se diera cuenta porque estaba concentrado en otra cosa. Ahora, tiene otro problema, quizá más grave: está en el azul, a profundidad y no sabe dónde está el barco. Ese día, el instructor del Autor de este blog le enseñó tres cosas sin decirle una sola palabra: lo que es la Conciencia Situacional, su importancia y las dificultades que tiene adquirirla.

Este requisito de automatización se da en toda clase de buceo. El recreativo es el primer nivel y, por ello, es en el que más se notan las carencias de este aspecto. Se adquieren con tiempo y práctica dirigida (con las dos cosas, no solamente una de ellas). Claro que, para ello, el modelo de buceador que hace media docena de inmersiones al año lo tiene difícil habida cuenta de que … siempre está empezando. Año tras año. La continuidad es importante.

La necesidad del conocimiento.

Steinhoff comienza su artículo con la siguiente definición:

“la Conciencia Situacional se refiere al grado de precisión con el cuál la percepción propia del entorno en que se está, refleja la realidad”.

Además de no ser propiamente una definición ya que enuncia lo que el concepto se refiere y no el concepto mismo, podría pensarse a tenor de esta afirmación que la Consciencia de la Situación es equivalente a la «Percepción del Entorno». Sin embargo, «percepción» y «consciencia» no son lo mismo. Consciencia es mucho más. Y ahí está la clave.

«Se ve lo que se sabe«. Esta máxima de cosecha propia quiere indicar que la percepción de algo no sólo depende de nuestros sentidos, sino de la interpretación que la «caja negra» que hay en nuestro cerebro hace de ello. Y esa interpretación dependerá de muchos factores (vivencias anteriores similares, capacidad de asimilación, calidad en la reacción, etc.) pero, fundamentalmente, de nuestro conocimiento previo. No se trata sólo de percibir por los sentidos pasivamente, sino de interpretar lo que se percibe al mayor nivel posible. De darle significado. Finalmente, de entenderlo.

La asunción de la existencia de los riesgos.

La formación recreativa al uso evita hablar demasiado de riesgos. Para no estropear la diversión. Y, sin embargo, la consciencia de la situación está orientada a ellos. No solamente es necesario conocer de su existencia mediante el estudio, el conocimiento y la verdadera experiencia, sino tener la actitud necesaria para querer tenerlos presentes y prevenirlos. Para eliminar el pensamiento evitativo o, incluso, el negacionista. Eso es lo difícil.

Experiencia.

Lo primero en la toma de consideración de riesgos es el conocimiento de los mismos pero también se necesita de la verdadera experiencia. Porque la experiencia no requiere únicamente repetición ni acumulación de horas -que también-, sino variabilidad de situaciones (que a veces procede del número de horas, pero otras veces no) y procesamiento adecuado de dichas situaciones. Una persona que bucea una y otra vez en las mismas condiciones o que no procesa adecuadamente, no acumula experiencia -como concepto general-. O acumula una experiencia muy parcial. Porque a veces se llama experiencia a lo que realmente es una contínua y contumaz repetición de errores a lo largo de mucho tiempo.

La competencia para resolución de problemas.

Quien pretende activar su consciencia situacional debe sentir que sirve para algo, de tal manera que si detectara algún riesgo, debe verse capaz de resolverlo o, al menos, de afrontarlo de alguna manera.

El problema es que la formación básica recreativa hace gravitar cualquier solución en el compañero. Es casi la única opción posible. No existe la redundancia, no hay recursos y no hay protocolos ni entrenamiento para resolver casi nada grave. Por esto, la sensación de competencia propia está muy disminuida. Aun así, si la alerta detectada se traduce en una aproximación al compañero, una llamada de su atención o cualquier acción preventiva, ya algún efecto tendría la consciencia situacional, además de entrenar los recursos cognitivos a fin de que operen siempre por debajo de la máxima carga de trabajo que son capaces de soportar. 

Actitud y carácter.

La conciencia situacional obliga a narrarse a uno mismo los posibles riesgos y peligros presentes y potenciales en una situación … y eso puede resultar desagradable a mucha gente . Hace que una situación que se supone debiera ser totalmente placentera tenga momentos «preocupantes».

Y no sólo es un problema de que tener presente los riesgos sea más o menos desagradable, sino que el propio «Yo observacional» distancia de la situación y «corta el rollo», por decirlo que una manera coloquial, pero comprensible. Es como ir a una discoteca con un grupo de amigos. Habrá alguno que nada más llegar se dará una vuelta, mirará cómo está hecho el local, lo que ocurre en su interior y dónde están situadas las salidas de emergencia. La mayoría se irá directamente a por una copa alegre y desenfadadamente.

Por otro lado, hoy en día se propende a pensar en términos dicotómicos bienestar-malestar. No se asume que una misma situación pueda ser agradable y desagradable a la vez. Y que el cómputo final pueda ser buenísimo aun con situaciones preocupantes. Y, sobre todo, no se asume que lo que realmente recordaremos es no tanto la sensación de «felicidad melíflua» (valencia afectiva), sino la sensación de habernos sentido vivos (intensidad afectiva). Este rasgo de carácter supone una barrera para mucha gente e impide su progreso hacia otros niveles. Pero se puede mejorar.

¿Y qué tiene esto que ver con el buceo recreativo?

Parece que todo lo anterior tiene que ver poco o nada con el buceo recreativo. Por definición, el buceo recreativo dota de conocimientos muy básicos, está orientado casi exclusivamente a la diversión, no provee de recursos para la autonomía del buceador (creando frecuentemente buceodependientes), se supone que la experiencia es casi inexistente y no pone en primer plano los riesgos.

(No entienda el lector que se minusvalora a nadie, sino que el propio sistema está hecho así, con sus indiscutibles ventajas pero también con sus frecuentemente ignorados inconvenientes).

«Oye … que yo no vengo a preocuparme, ¡que yo vengo a divertirme!». Esta frase resume de alguna manera la lógica postura del buceador recreativo tipo al que se dirige la enseñanza del buceo al uso. Es perfectamente comprensible. Y razonable habida cuenta de que el sistema de buceo recreativo es muy seguro tal como se desarrolla en las entradas de este blog tituladas «Escapando por el tejado: EL FUNDAMENTO DEL «BUCEO RECREATIVO». Primera parte: CONCEPTO Y SISTEMA y Segunda parte: LOS LÍMITES.«

El lector probablemente esté considerando que algo pensado para situaciones extremadamente complejas en las que la toma de decisiones puede ser -literalmente- vital, quizá sea de aplicación en actividades de alto riesgo como el buceo en cuevas o el de gran profundidad, pero no en algo tan sencillo como el buceo recreativo. Y tiene razón. Pero sólo en parte.

Razones para introducir este concepto en el buceo recreativo.

Asumiendo que al buceador recreativo que respeta los límites inherentes y derivados de su sistema de buceo no se le suele presentar casi ningún problema crítico, el problema es que muchas veces su actitud despreocupada no se modifica durante el resto de su trayectoria, en la que cada vez va un poco más allá, traspasando límites, pero con prácticamente la misma formación, mentalidad y el mismo conocimiento y recursos con los que empezó. Los problemas potenciales aumentarán progresivamente, las situaciones serán cada vez más complicadas, pero la actitud de comprensión y alerta ante ellos seguirá sin modificación acorde con todo ello.

Por todo ello, parece conveniente y lógica una cierta introducción de la Consciencia Situacional en el ámbito recreativo desde el principio. Porque constituirá una herramienta para una futura autonomía.

Y este hábito mental, que se iría consolidando y enriqueciendo con el tiempo, la experiencia y el conocimiento, podría resultar vital en situaciones complicadas a las que un buceador recreativo que exprime los límites se puede ver abocado o en el caso de que decidiera introducirse en modalidades de buceo más complejas.

Esta introducción debería ser tranquila y progresiva. No se trata de bucear permanentemente intranquilo por todo, todo el tiempo. Se nos caería el pelo de preocupación. Todo lo contrario: se trata de desarrollar un procedimiento automático para estar tranquilo mediante sensaciones de control.

Se puede realizar un pequeño «barrido situacional» de vez en cuando o cuando sintamos que nos estamos saliendo fuera de nuestro rango de confort por algún motivo.

Sistemáticamente: ¿cómo me siento yo? ¿me ocurre algo indeseado y por qué? ¿qué puedo hacer para evitarlo? ¿tengo algun problema con mi equipamiento? ¿dónde están mis compañeros y cuál es su posición? ¿cómo parecen encontrarse? ¿cómo es el entorno? ¿hay algo que puede mejorar o requerir de alguna acción? etc. Intentando verlo todo «desde fuera».

Este recurso se irá perfeccionando a medida que nuestra experiencia y nuestro conocimiento aumente. Porque entenderemos más cosas. Porque veremos más cosas. Porque seremos capaces de predecir más situaciones posibles. Y podremos tomar mejores decisiones. Automáticamente. Sin esfuerzo.

De esta manera, si se tuviera consciencia de la situación, una pareja en la que hay un «guía» y un novato no bucearía el primero seguido del segundo, mirándole cada … ¿cinco minutos?; una corriente variable según la profundidad sería correctamente interpretada para poder volver con seguridad al barco; una lectura de una presión de gas dudosa no supondría un problema; no nos separaríamos más de metro y medio de alguien que no controla su flotabilidad; etc. Todo esto es buceo recreativo.


 (1) – Watts, B. D. (2004). ««Situation awareness» in air-to-air combat and friction.» Perteneciente al capítulo 9 de Clausewitzian Friction and Future War, «Institute of National Strategic Studies», National Defense University.

(2) – Endsley, M. R.:

  • (1995) «Human Factor Toward a theory of situation awareness in dynamic systems. Human Factors».
  • (1995) «Measurement of situation awareness in dynamic systems.»
  • (1997). Situation awareness, information dominance, and information.
  • (1998). «A comparative analysis of SAGAT and SART for evaluations of situation awareness.»
  • (2000). «Theoretical underpinnings of situation awareness: A critical review.»

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Sólo se ve lo que se sabe:

LA CONSCIENCIA SITUACIONAL DEL BUCEADOR RECREATIVO.

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