El título de esta parte del artículo sugiere una contradicción que, como se verá a los largo de su texto, es muy real en la práctica: si una opción es inevitable, pierde su cualidad optativa. Son términos casi antónimos. Y sin embargo …

El Autor reconocerá los innegables efectos beneficiosos que ha tenido el sistema de enseñanza mayoritario que todo el mundo conoce para la popularización del buceo recreativo, pero a la vez será muy crítico respecto de determinadas carencias, especialmente las derivadas de la formación que sigue al curso básico OWD.

Razones para una «inevitable» elección

En la actualidad, existen muchas empresas de enseñanza de buceo que pueden certificar a cualquier buceador. Generalmente, éstas se escogen por razón de su facilidad, cercanía, de su disponibilidad, de la aceptación internacional de sus certificaciones, etc.

Sin embargo, todas estas empresas en realidad se ciñen a un sistema de enseñanza determinado y común, de tal suerte que casi no existe diversidad de contenidos entre ellas. Elegir entre una y otra realmente no supone diferencias apreciables.

La persona que se quiera introducir en el mundo del buceo generalmente acudirá en función de lo fácil y cómodo que le sea realizar un curso allá donde esté, viva o pase sus vacaciones. Generalmente, no habrá ninguna razón más que le haga decantarse por una u otra. Quizá el consejo de alguien que ya haya pasado por el trance le impela a acudir a las clases de un determinado instructor o a un determinado centro. Los amigos son los amigos y sus consejos hay que presuponer que son sinceros y bienintencionados, pero el Autor previene contra ellos por una cuestión muy evidente y simple: el recién certificado, el estudiante o el novato no tienen criterio suficiente todavía para afirmar si un instructor, un sistema de enseñanza o un curso son buenos, mediocres o malos.

Además de ello, existe una tendencia muy humana a confiar en quien percibimos dependerá nuestra seguridad en una actividad que causa un cierto temor, prevención o, incluso, miedo a todo aquel que la inicia. Por ello, las redes sociales están literalmente repletas de agradecimientos de recién certificados hacia sus instructores, acompañados por epítetos que los califican casi como seres «de luz». Esto no quiere decir que no existan instructores verdaderamente excepcionales, que los hay. Quiere únicamente evidenciar una tendencia natural en cualquier novato a sobreponderar sin criterio al instructor con el que topa por primera vez.

Y esto le ha pasado y pasa a casi todo el mundo, Autor incluido, al que su primer instructor le pareció dotado de un conocimiento, habilidad y seguridad sin iguales. Pasados muchos años -décadas-, quien esto escribe volvió a bucear con él, ya en otros términos. Aquella inmersión finalizó con un juramento -a lo Scarlett O´Hara en Lo que el viento se llevó-, para no volver a pisar aquel centro nunca más. No había por dónde coger nada en aquel sitio. Sólo consternación sobre cómo había sido posible haber tenido la percepción que se tuvo al aprender a bucear allí.

Sea como fuere, la persona que se quiere iniciar en el buceo desconoce el fundamento del sistema en que se está introduciendo. Y desconoce mucho más la existencia de alternativas. Valga este pequeño artículo para contribuir a aclarar un poco cómo son ambas cosas: la enseñanza al uso y sus alternativas.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí?

Pudiéramos decir que el sistema de todos conocido, impartido por las empresas de enseñanza multinacionales que al lector le vendrán automáticamente a la cabeza -y que no mencionaremos- es el sistema del 95% de los cursos que se imparten en el mundo en la actualidad.

Como se ha manifestado reiteradamente en artículos anteriores, este sistema se basa en el principio de lanzar al agua al mayor número posible de nuevos buceadores en el menor plazo y al menor costo.

Un cursito de escasamente cuatro días -ya desde casa porque ni siquiera hay que asistir en la actualidad a clases presenciales necesariamente, impartiéndose a distancia por Internet-, unas pocas inmersiones, un examen cuyos suspensos son inexistentes o restringidos a casos excepcionales o sangrantes, obtención del tan ansiado carné … y al agua. Eso sí, casi indefectiblemente con la tutela permanente de divemasters e instructores durante mucho tiempo. Años y, a veces, para siempre.

Este exitosísimo sistema sustituyó en España al antiguo monopolizado por la por entonces oficial Federación Española de Deportes Subacuáticos (F.E.D.A.S.), en el que se empleaban semanas de clases, de pruebas físicas (muchas de las cuales ahora se considerarían absurdas e innecesarias) y de inmersiones, todo ello perfumado con un cierto aroma cuasi militar. Eso sí, quien sobrevivía a aquello adquiría la condición de buceador «verdaderamente preparado» y fue la cuna de muchos buceadores veteranos actuales que frecuentemente se caracterizan por tener una mentalidad «aguerrida» y fundamentada en la «experiencia» – entendida como sustitutivo de los galones-, muy característica de aquellos tiempos. Conste que el Autor tiene muchos amigos procedentes de esta escuela, algunos de ellos extraordinarios buceadores.

Sea como fuere, la implantación de las empresas certificadoras internacionales que hoy conocemos cambió radicalmente aquel monopolístico panorama en blanco y negro. Como en la TV, de la noche a la mañana se pasó al color. La enseñanza del buceo se llenó súbitamente de manuales repletos de fotos de jóvenes y guapos buceadores, invariablemente sonrientes y poseedores de dentaduras perfectas, cuyo objeto no era ilustrar ninguna explicación sino transmitir cada tres o cuatro páginas sensaciones de felicidad y diversión a raudales. Estos manuales estaban -y están- realizados en otro tipo de sociedad -la norteamericana- en la que el objetivo era llegar al público a través de la emoción y no de la razón, como en Europa (ahora ya estamos todos en el mismo saco de penetración emocional, ¿verdad?).

El lema de todo aquello era Dive is fun and for everybody. Y persiste hasta hoy. El buceo es divertido y para todos. Y no es falsa esa afirmación necesariamente. El problema es que esos objetivos de diversión y popularización, utilizados hasta el extremo con el objeto de una maximización del beneficio económico, distorsionan en gran medida la enseñanza, llegando a convertir incluso los cursos de instructores de algunas conocidísimas asociaciones en auténticos cursos de ventas. El negocio es el negocio y éste exige tanto la proliferación masiva de nuevos buceadores como la de nuevos instructores.

Esta dinámica reduce enormemente el nivel de formación deseable, tanto de unos como de otros. Todo ello salvando merecidas excepciones de algunos instructores que, incluso en el seno de las propias empresas de enseñanza y contradiciendo sus estándares, luchan contra ello a costa de sus propios intereses económicos, ampliando como pueden la formación que imparten y la suya propia, a su costa y sobre sus espaldas, quizá por amor al buceo, quizá por prurito profesional, probablemente por temperamento personal e, incluso, quizá por simple vergüenza torera. Incluso desde el desacuerdo, cuenten estos admirables docentes con el modesto y sincero reconocimiento del Autor.

El buceador objetivo

A pesar de que en los últimos tiempos el buceo técnico se ha popularizado mucho -sin poder decir que se haya puesto de moda- y las asociaciones de enseñanza recreativa hayan descubierto otro posible nicho de mercado penetrando en él con cursos introductorios, su buceador tipo objetivo sigue siendo el mismo: aquel que hace pocas inmersiones al año (< 20), casi siempre en verano, en grupo y acompañado de guía, divemaster o instructor, raramente por su cuenta. Es decir, el tipo de buceador estadísticamente mayoritario.

Esta afirmación no es una impresión personal, sino que se puede observar en cualquier centro y se deduce directamente de cómo está organizada la trayectoria de cursos y contenidos en estas asociaciones.

Para este prototipo, poco hace falta: realiza buceos sin techo, generalmente sin dificultades y en grupo tutelado. En las pocas inmersiones de las que consta el curso básico, se le enseñará añgo de teoría, a vaciar la máscara, a manejar el chaleco, algo de flotabilidad, … y poco más. Ni siquiera a aletear, pues se supone que todo el mundo es capaz de hacer una patada de tijera recreativa.

El cesto tejido con estos mimbres es capaz de hacer una inmersión en grupo hasta los límites de profundidad recomendados (ver la entrada titulada: LOS LÍMITES DE LAS «TITULACIONES» DE BUCEO RECREATIVO EN ESPAÑA ). Aunque al principio suele tener problemas para hundirse cuando no va lastrado cuan submarino nuclear, no suele hacerse «globos» involuntarios pasadas unas decenas de inmersiones. No baja más de la profundidad recomendada y desde luego, dista mucho de ser un buceador autosuficiente.

¿Buceador Avanzado o Buceador Fragmentado?

A nuestro buceador novato le encanta todo esto y quiere progresar. En el centro ya le han dicho que puede hacer el curso de buceador «Avanzado» inmediatamente después de realizar el de «Open Water Diver» (OWD). Como este tipo de ofrecimiento suele provocar automáticas suspicacias a cualquiera (¡cómo va a ser Avanzado alguien que acaba de terminar su curso básico sin bucear nada más!) decida -o no- esperar a ello, se encontrará con algo muy distinto y distante a un curso en el sentido reglado del término. Por el contrario, le ofrecerán una suerte de fragmentos de formación denominados «especialidades», de las que tendrá que elegir unas cuantas para superar el presunto curso. Un centro cualquiera lo resume así:

«Si quieres sentir la libertad de bucear hasta 30 metros de profundidad, necesitarás todo lo que proporciona nuestro curso de buceo avanzado: equipo completo, clases teóricas y 5 inmersiones (naturalista subacuático, navegación subacuática, control de flotabilidad, nocturna y profunda). ¡En solo un fin de semana estarás preparad@ para superar tus propios límites!»

La impostura de esta publicidad de algo que nada tiene que ver con un curso reglado -y mucho menos avanzado-, es reconocida a nada que uno lea con algo más de atención los textos de las propias organizaciones que los imparten:

«Aunque muchas personas indican que el curso de Avanzado se compone de realizar 5 especialidades, no es la realidad. Se hacen 5 inmersiones de aventura donde se prueban ligeramente diferentes especialidades, ya que una especialidad completa es otro curso independiente de varios días donde se obtienen unos conocimientos avanzados, en solo esa especialidad específica.

Una vez has decidido que 5 aventuras quieres realizar, puedes continuar con tu progresión y llegar a adquirir más experiencia realizando más aventuras de forma individual con tu centro de buceo».

Es decir: se hace el «curso de Avanzado» pero en realidad no es un curso sino que son 5 «especialidades», que tampoco son «especialidades» -porque para eso cada una tiene su curso posterior-, sino «inmersiones de aventura» que, además, se «prueban ligeramente». Esto es lo que se afirma en la página oficial de una conocidísima y mayoritaria empresa internacional de formación. «Inmersiones de aventura», «aventuras» y «ligeras probaturas» llaman a lo que todo buceador que desea progresar espera – y necesita- como un curso verdadero.

Si al buceador que le ofrecen asistir a esta suerte de pase de modelos nada más terminar su curso básico conociera realmente su naturaleza, no le extrañaría tanto que se lo ofrecieran en el mismo paquete que éste. Pero lo que todo el mundo espera es otra cosa.

Acabado y aprobado (?) este trampantojo hecho curso y ya con su flamante certificación que le «permite» bajar hasta 30 m y bucear en reservas marinas nacionales -a saber porqué-, nuestro buceador novel descubre un mundo casi ilimitado de cursos, cursillos y cursetes en que se ha fragmentado la formación:

Buceo profundo; Navegación subacuática (Orientación); Buceo en altitud; Buceo desde barco; Fotografía o vídeo subacuático; Buceo con vehículo propulsado (DPV); Buceo en corrientes; Traje seco; Aire enriquecido Nitrox; Especialista en equipos; Identificación de peces; Buceador multinivel; Buceo nocturno; Dominio de flotabilidad; Búsqueda y recuperación; Naturalista subacuático; Buceo en pecios; Recicladores de aire;

y una para la que hay que saber inglés nivel nativo si se quiere saber de qué se trata y que el Autor ruega a alguien caritativo que le traduzca y explique en qué consiste:

Project Aware o Misssion Deep Blue.

No es de interés aquí ocuparnos del trasfondo económico de esta fragmentación. El lector indagando un poco por Internet podrá calcular fácilmente el costo total de todo esto, digno de una auténtica carrera universitaria.

La evolución y el resultado

Se podrá argumentar con razón que todo lo anterior no es obligatorio y que cada uno puede hacer el curso que le interese … o ninguno. Formación a medida del interés de cada cuál.

La objeción a esta afirmación partiría de que muchas de estas materias son parte constitutiva de la formación mínima que todo buceador debiera tener. Flotabilidad, orientación, corrientes, etc. es algo que no debiera ser opcional y que NO se enseña realmente en el curso básico de OWD. Ello sin tener en cuenta otros contenidos imprescindibles que no se imparten en ninguno de estos niveles.

Generalmente, nuestro buceador tipo hará como mucho una o dos de estas «especialidades». Y luego confiará su evolución a la experiencia -cuantificada en el número de inmersiones y que será objeto de un artículo independiente en este blog-.

Su futura trayectoria partirá de la escasa técnica que le enseñaron en su curso de OWD que deberá ser mejorada de manera casi autodidacta a base de inmersiones y de horas en el agua, sin dirección alguna -salvo los consejos de compañeros como él- ni objetivos concretos.

A los que demuestren interés, los foros y demás redes sociales serán su única fuente de información para aumentar su conocimiento, con todas las limitaciones que estos medios comportan. Nada que ver con un curso reglado de verdad.

Sin duda nuestro buceador mejorará, lo que le permitirá realizar inmersiones en todo el rango recreativo que la ley y su seguro le permitan y, frecuentemente, más allá. Mucho más que los límites recomendados por las agencias de enseñanza.

Con el tiempo suficiente -mucho tiempo-, podrá acabar buceando razonablemente bien. Posiblemente si le pone empeño y hay continuidad, bastante bien. Y ello colmará sus aspiraciones en el ámbito recreativo. Pero el autodidactismo, por muy meritorio que a veces pueda ser, no deja de ser un paradigma de ineficiencia.

La dura caída si se da un paso más

Pero ahora supongamos que se quiere progresar más e introducirse en el ámbito del buceo «con techo» o buceo técnico. Da igual el tipo que interese: cuevas, pecios o profundidad.

Normalmente se llegará a ello después de años de haber buceado de manera casi autodidacta sobre la base de la exigua técnica impartida en los cursos básicos. Y ahí empezará el problema: la técnica, los conocimientos, los procedimientos que se han de aprender para buceos más exigentes, tienen poco que ver con lo aprendido y practicado hasta ese momento.

Aunque es justo decir que no siempre es así puesto que algunas organizaciones de enseñanza organizan cursos de buceo técnico que son una prolongación directa y sin saltos ni alteraciones del buceo recreativo. Quien esto escribe fue testigo de uno de estos cursos de profundidad, consistente en bajar por el cabo a 50 metros y volver a subir agarrado a él. Pero nos centraremos en los cursos serios.

También hay quien persevera en un desarrollo a partir de la base recreativa y acaba buceando con neoprenos gordísimos, chalecos o alas de doble vejiga y todo tipo de archiperres. Justo es decir también que alguna gente con este tipo de sistema -e, incluso, sin sistema- han hecho cosas muy notables y meritorias. Cuando el Autor conoce a alguien así, siempre le asalta la idea de qué habría hecho el buceador excepcional que tiene delante si éste tuviera un verdadero sistema de buceo.

En todo caso, el lector podrá considerar que no pasa nada, que se aprenden las nuevas técnicas y protocolos … y ya está. El problema es que esto no es tan fácil e inmediato puesto que, no sólo se habrá desperdiciado la oportunidad de años de práctica, sino que primero habrá que desmontar una memoria muscular construida a base de innumerables repeticiones, antes de empezar la nueva técnica.

En la primera parte de este artículo «LOS CAMINOS DEL APRENDIZAJE» titulada: «Primera parte: DOS HISTORIAS DESIGUALES« se narra a modo demostrativo un ejemplo totalmente real en que instructores con miles de inmersiones a sus espaldas lo pasan realmente mal en cursos básicos técnicos respecto de buceadores sin apenas experiencia. El Autor lo ha constatado personalmente y en distintos grados varias veces.

Ilustrando la idea con un ejemplo: después de años de patada de tijera recreativa y -como mucho- patada de rana «autodidacta», se tendrán que aprender varias patadas diferentes nuevas para entrar en una cueva o en un pecio, puesto que entrar con una patada recreativa o deficiente puede suponer levantar cieno y la ceguera completa en su interior, provocándose una situación de gran riesgo perfectamente evitable con una técnica adecuada. Olvidar previamente los automatismos ejercitados durante años para sustituirlos por otros distintos es labor complicada.

Igualmente, se tendrán que aprender otras habilidades, nuevos protocolos, se tendrá que cambiar el equipamiento que era familiar aprendiendo a usar otro distinto y, sobre todo, se tendrá que cambiar de mentalidad.

Desde este punto de vista y para ese objetivo, ¡qué derroche de tiempo y esfuerzo! ¿verdad?

Corolario y anticipo

La enseñanza recreativa al uso tiene enormes ventajas: la facilidad de encontrar centros que la impartan, la generalización del reconocimiento de sus certificaciones, su escasa duración, su limitado costo económico y la poca exigencia teórica y técnica que se requiere para la obtención del ansiado carné y del objetivo final, que no es otro que poder bucear.

Todo ello ha tenido la enorme virtud de popularizar el buceo hasta niveles impensables hace no demasiados años, en los que el acceso a esta actividad era complicada y exigente desde todos los puntos de vista, a veces sin excesiva justificación.

Es tan fácil y está tan extendido este sistema, que es prácticamente inevitable no empezar a bucear así.

Sin embargo, conviene que el lector sepa cómo es el sistema en el que se está introduciendo: un impulso inicial extraordinariamente sencillo y accesible que le permitirá bucear -que no es poco-, seguido de una fragmentación de enseñanzas que pretenden complementar malamente una formación escasa destinada casi exclusivamente al buceador objetivo de estas asociaciones, sin más pretensiones.

El Autor opina que la animadversión que suscita entre los buceadores más curtidos el curso de OWD por la escasa preparación que dota al buceador, es injusto.

El OWD sirve para lo que sirve y se ha reiterado anteriormente: introducir en el buceo a un gran número de gente con poco esfuerzo y a bajo costo. El problema es que detrás de él no hay nada. Nada reglado que suponga un mayor nivel. El problema no es el OWD, sino el Avanzado.

Si del Autor dependiera, el OWD otorgaría una certificación de «buceador tutelado» que le permitiría cumplir su función introductoria en el contexto del modelo de buceo en centros, en grupos guiados y sin complejidad alguna. Después, un verdadero curso Avanzado -mucho más extenso y exigente- le proveería de todo aquello que se requiere para ser un buceador autónomo en el sentido más amplio del término.

Pero la realidad es la realidad y el final de todo esto -con sus meritorias excepciones- será, o bien un buceador dependiente que realizará pocas inmersiones anualmente siempre bajo la tutela de un centro, o un buceador autodidacta que fiará su evolución fundamentalmente a la acumulación de inmersiones o «experiencia» y que, paulatinamente, se adentrará con esa exigua base y sus numerosas inmersiones en buceos más complicados, con gran probabilidad fuera del ámbito del buceo sin techo o recreativo.

Sin embargo, el título de esta entrada menciona que, aunque contradictoriamente inevitable, este sistema no deja de ser una opción. Y, entonces ¿cuál puede ser la alternativa?

Ésta se abordará próximamente en la tercera parte del artículo. No se la pierda el lector.

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