Como se decía en la primera parte de este artículo, muchos incidentes -que algunos derivan en accidentes- se gestan ANTES de la inmersión. Una inmersión segura SIEMPRE empieza por un protocolo de equipamiento y comprobación del equipo tranquilo, sistemático y ordenado.

¿Qué, cómo, dónde, cuándo y por qué?

En dicha primera parte se describían y analizaban las condiciones generales en que se deben producir todas las operaciones relativas al material. Se distinguían los diferentes lugares y condiciones en los que el buceador se puede equipar y comprobar su equipo, con sus distintas condiciones, ventajas e inconvenientes.

En esta segunda parte se comentarán los procedimientos concretos de comprobación en el buceo recreativo, cómo y dónde hacerlos, así como las razones para que se realicen en un sitio u otro.

Comodidad

Independientemente de los lugares y el momento de hacer las cosas, además del orden, la sistematización, y todo lo mencionado anteriormente, un principio que debe regir siempre es la comodidad. Parecería que la comodidad, aun siendo deseable, es sólo una circunstancia grata pero no imprescindible. En este blog se defiende otro enfoque: el tiempo suficiente, la falta de agobio, la tranquilidad, etc. son objetivos por sí mismos para evitar errores y estrés. Todo ello imprescindible. Por ello, la comodidad es imprescindible también y una guía para saber si estamos haciendo las cosas bien o mal.

Curiosa y frecuentemente se anteponen «urgencias» o prioridades, generalmente de escasa justificación (como tener que estar vestido con el neopreno lo antes posible, salir corriendo para cumplir unos horarios escasos y arbitrarios, la conveniencia del que transporta el equipo, etc.). O, simplemente, el desorden.

Es por ello que lo habitual sea buceadores montando o comprobando el equipo en el centro o en el puerto vestidos ya con el neopreno o al sol del verano, sudando como pollos. O comprobaciones deprisa y corriendo en lugares donde no hay opciones de resolver casi nada. O en el barco en movimiento. Esto, además de la incomodidad, aumentará el nivel de CO2 en sangre, propiciando un mayor nivel de estrés.

Considere el lector hacer todo tipo de operaciones con el equipo en el lugar más confortable y vestido de la manera más cómoda posible, equipándose con el traje de neopreno sólo al final.

Una vez más, sea el lector egoísta y comodón. Maximizar el confort es una pauta del buen hacer y debe ser una exigencia. No se apure ni quiera aparentar que está listo lo antes posible. Tómese su tiempo. Para sufrir ya está la oficina y el trabajo (palabra procedente del latín tripalium -instrumento de tortura romano compuesto por tres palos-).

Distintas comprobaciones en diferentes lugares.

Debieran considerarse varias etapas y niveles de comprobación de equipo. Comprobar todo cada vez no tiene sentido ni es necesario. Y comprobarlo sólo una vez, con circunstancias o diferentes situaciones entre medias y a veces donde no hay solución, tampoco parece muy razonable. Mejor hacer las cosas en los lugares y momentos más propicios.

Fundamentalmente, se podría hablar de cuatro etapas:

1 – Comprobaciones en el centro de buceo o lugar de partida

Se trataría de verificar que tenemos todo lo que vamos a necesitar y de comprobar por separado el funcionamiento de los elementos que componen el equipo, a fin de poder resolver cualquier mal funcionamiento.

Y, ¿por qué en el centro o lugar de partida? Pues porque es el único lugar donde se dispone de todos los medios y todo imprevisto suele tener solución, incluyendo la eventual sustitución de algún componente. O su adición en caso de haberlo olvidado. Normalmente dispondremos de taller, de repuestos y de componentes de recambio. No así en otros posibles lugares.

No es necesario comprobar montando totalmente el equipo, si luego hay posibilidad de hacerlo, ya que el transporte al barco o lugar de la inmersión suele ser más cómodo llevándolo desmontado en su bolsa correspondiente y por partes.

Una rápida inspección visual

El comienzo lógico es una rápida inspección visual para detectar cualquier desperfecto evidente. En el caso de observar alguna rotura, fisura o deterioro, se debe sustituir inmediatamente el componente afectado sin tolerar la posibilidad de ir al agua con el elemento sin reparar o sin que esté en perfecto estado. Hay que ser estrictos con los centros en esta cuestión.

Una vez realizada la comprobación visual general, quién esto escribe se suele fijar siempre en cuatro puntos concretos:

  • La existencia (porque a veces ha desaparecido) y estado de la tórica intermedia entre el regulador y la botella. Si el regulador es DIN, la tórica estará incorporada al propio regulador. Si éste es nuestro, significa que la tórica es nuestra, lo cuál debería ser una ventaja porque su estado será nuestra responsabilidad. Debería. Por el contrario, si el regulador es de estribo, la tórica estará incorporada al núcleo de la botella. Siendo ésta normalmente de alquiler, pertenecerá al centro en el que la hayamos alquilado, salvo que instalemos en la grifería de la botella un núcleo propio (posibilidad a considerar habida cuenta de el estado habitual del material de los centros debido al uso intensivo al que están sometidos). También es el momento de verificar la membrana interior de las segundas etapas -de las dos-. Ello se hace intentando respirar a través de ellas con la primera etapa desmontada y su tapón bien colocado. No debe poder pasar nada de aire a través de las segundas etapas. En caso contrario, hay que revisar la hermeticidad y limpieza de las membranas interiores, so pena de tragar agua durante la inmersión. En el centro o lugar de partida debiera haber repuestos para ello.
  • El estado de los latiguillos, especialmente en el primer tercio de su longitud a partir de su inserción en la primera etapa del regulador. Si vemos alguna raja, deterioro, pérdida de goma o abombamiento, necesariamente deberemos cambiar el latiguillo. Esto es importante dado que una de las causas de pérdida total de gas más habituales es el estallido de un latiguillo de baja presión por deterioro. No es tolerable el uso de un latiguillo con perdida de goma exterior con el argumento de que el tubo interior está aparentemente intacto. Se aprovecha la ocasión para mencionar que los latiguillos son elementos consumibles, muy lejos de ser eternos. Como toda goma se deteriora rápidamente con la luz y los agentes atmosféricos, cada cierto tiempo se deberían cambiar incluso aunque no hayan tenido signos evidentes de deterioro. Pero si presenta alguno, debe ser sustituido inmediatamente.
  • Fijación y enroscado de las válvulas del dispositivo de flotabilidad. Quien se haya quedado con una en la mano en medio de una inmersión, apreciará revisarlas.
  • Finalmente nos fijaremos en el estado de las boquillas (posibles rajas y mal estado de la zona de mordedura) y de las bridas que las fija a las segundas etapas del regulador. La rotura de una brida y desprendimiento del regulador quedando la boquilla mordida en la boca es también un incidente habitual y, aunque parece bastante tonto, suele ser mal abordado por el buceador novel y ocasionar situaciones de cierto peligro.

Comprobación de los distintos elementos sin montar

Una vez hecha la comprobación visual, se procederá a realizar las comprobaciones del funcionamiento de los componentes individuales.

Se sugiere seguir siempre un orden determinado. Por ejemplo, comprobación de gas y botella para luego proceder de arriba hacia abajo (imaginando que ya estuviéramos equipados). A saber:

  • Verificación de que el gas que contiene la botella es el correcto. Es el momento de pedir el analizador y, sin prisa, verificar la proporción de oxígeno en el nitrox, si se va a emplear este gas. En el centro hay opción todavía de cambiar la botella. (Por cierto, quien escribe opina que, en el caso de bajar al rango de 40 m con aire -cosa que desaconseja vivamente- se debieran analizar también las botellas con aire en centros en donde se carga nitrox. Una equivocación en la carga puede hacer que el buceador esté respirando nitrox a 40 m, creyendo que respira aire. Aunque si no traspasara los 40 m y dado que en los centros de buceo se suele cargar Nx32, estaría respirando a una presión parcial de 1,6 bar, superando el límite de 1,4 bar. Con Nx36 ya se encontraría en un terreno MUY peligroso respirando una PpO2 de 1,8 bar. En cambio, si la equivocación es al contrario, un buceador que respire aire creyendo que utiliza nitrox y habiendo planificado la inmersión para este gas, puede tener un problema descompresivo (ED), normalmente no crítico para las profundidades limitadas de ese gas y tiempos de una inmersión recreativa. Algo mucho menos peligroso que el caso anterior. Una hiperoxia mata. Una ED, no. ¿Alguien ha visto alguna vez analizar su botella de aire a algún aguerrido buceador que va a bajar en esas condiciones a 40 m o más? No, ¿verdad? El que esto escribe, tampoco. Ni una sola vez.
  • Conexión entre botella, regulador y dispositivo de flotabilidad para iniciar las comprobaciones.
  • Apertura TOTAL de la botella. Importante: este tipo de verificaciones previas nunca se deben hacer abriendo sólo un poco la botella. SIEMPRE se debe abrir y cerrar la botella totalmente. O todo, o nada. Pero nunca un poco o a medias. Este asunto que parece nimio y está lejos de serlo, se tratará extensamente en la tercera parte de este artículo.
  • Verificación de la presión de carga de la botella (1) y, consecuentemente, correcto funcionamiento del manómetro.

Comprobados la presión y contenido correctos de la botella y conectada ésta al regulador, se empezará por orden de arriba hacia abajo:

  • Comprobación de que tenemos la máscara. El Autor de este blog sugiere que se considere llevar una máscara de repuesto. La pérdida irrecuperable de la máscara por un aletazo en medio de una inmersión es de las circunstancias más incapacitantes en el buceo recreativo. (Pruebe el lector a quitarse la máscara en medio de una inmersión y no volvérsela a poner en un ratito. Un par de minutos solamente. Intente orientarse, buscar al compañero, mirar el profundímetro. Haga la prueba, pero con alguien controlándole de cerca todo el tiempo porque, en esa situación, normalmente el buceador recreativo acabará yéndose a superficie sin control alguno).
  • Y el snorkel, ¿qué? Este artefacto demoníaco será objeto de un artículo independiente en la que se analizará su procedencia o improcedencia, en función de factores que no se suelen considerar. Hasta entonces, habrá que conformarse con comprobar que se ha incluido en la bolsa, quienes deseen llevarlo.
  • Funcionamiento del regulador y sus dos etapas secundarias.
  • Tráquea: inflado y desinflado del dispositivo de flotabilidad, incluyendo la válvula de exhaustación, para lo cuál se deberá inflar «a tope» hasta que ésta entre en funcionamiento y salte -ya que éste es el único procedimiento para saber si la vejiga o las válvulas pierden gas-. (Para los preocupados por la «enorme» cantidad de gas que parece se desperdicia en esta operación y que sin duda piensan que les privará de una parte sustancial de su inmersión o que ese gas les podría salvar la vida si no la hicieran, reparen en que un chaleco normal tiene unos 15 a 20 litros de capacidad, como máximo, lo que equivale en una botella de 12 litros llena al 0,6-0,8% del gas total que debe contener. Un 0,5-0,65% en una de 15 litros. Si gastar 1-1,5 bar de la botella para comprobar el dispositivo de flotabilidad, que es un elemento crítico y no redundante, supusiera un problema para alguien y por ello prefiriera no comprobarlo, se le anima fuertemente a reconsiderarlo).
  • Verificación del funcionamiento de los dispositivos de iluminación, si se llevan. Será probablemente la última oportunidad para cambiar pilas gastadas.
  • Verificación de que se lleva profundímetro, tablas o bien, ordenador. Y que todo ello funciona y que está en el modo correcto (que no esté en «modo gauge» ni configurado para un gas distinto al que se va a respirar, problema de última hora recurrente en cualquier barco y una pesadilla para reconfigurar entre una selva de «menús» con los numeritos ilegibles de sus pantallas al sol y en movimiento. Un «clásico» lo llamarían algunos). No está de más haber realizado previamente esa práctica tan exótica y poco habitual consistente en leerse el manual de instrucciones del aparato.
  • Verificación de que el lastre del cinturón es el correcto. Dado que el cinturón de lastre es aportado normalmente por el centro de buceo, se sugiere que se enganche a la bolsa de trasporte propia para evitar que se pueda confundir con otro. El olvido del cinturón de lastre es un asunto recurrente en las inmersiones colectivas que afecta hasta a los buceadores mallorquines más bregados. Otro «clásico» de última hora también.
  • Verificación de que se dispone del instrumento de corte (cuchillo, tijera o aparatejo al efecto).
  • Verificación de que se lleva boya deco con su carrete correspondiente y que su línea no está enmarañada. (¡Ojo con esto! El despliegue puede ser problemático y hasta resultar peligroso. Es la última oportunidad para desliarla con calma). Su uso es OBLIGATORIO en España y se analizará pormenorizadamente en una próxima entrada.
  • Verificación de que se lleva silbato y otros dispositivos obligatorios (ver RD 550/2020).
  • Comprobación de que tenemos las aletas y que sus enganches funcionan. Su olvido es otro «clásico».

Recuento general y guardado en la bolsa individual

Ahora, queda una cosa: estibar todo en la bolsa INDIVIDUAL propia y volver a comprobar que esté todo, incluida máscara, plomos y aletas. ¡Cuántas veces se ha llegado al punto de inmersión y alguien ha descubierto que se ha olvidado cualquier cosa en el lugar de comprobación anterior!

El Autor garantiza que toda esta operación no debe comportar más de cinco o siete minutos en total. No parece mucho si pensamos que no hacerlo puede suponer la pérdida de la inmersión o, lo que es mucho peor, un problema dentro del agua.

2 – Comprobaciones del equipo ya montado (con el compañero) en el lugar de embarque

Esta segunda etapa debe producirse ya transportado el equipo y una vez llegados al lugar de embarque o al punto desde donde se partirá.

En el transporte y descarga de los equipos pueden haber pasado muchas cosas. No hay que esperar a llegar al punto de inmersión o al agua para darse cuenta de que aquel manazas que descargó su botella sobre nuestra bolsa, como si fuera un levantador de piedras vasco, nos ha roto algo.

Debe incluir la verificación de la posición y montaje correctos de los elementos cuyo funcionamiento individual ya se ha verificado. Y la inclusión del compañero con el cuál se va a bucear en la comprobación.

Para ello, una vez llegados al barco o al lugar de salida para la inmersión, montado y conectado el equipo completo y antes de ponérnoslo, procederemos al chequeo completo de arriba hacia abajo en voz audible para el compañero.

Cada elemento comprobado (incluida la apertura total de la botella) deberá ser respondido con una confirmación verbal por parte del compañero de que ha verificado él también ese elemento de su equipo y que funciona. No olvidemos que SU equipo puede acabar siendo NUESTRO también.

La confirmación debe ser una repetición de la instrucción, no un «» o un «no» aplicables a cualquier cosa. «Botella abierta» … «¡botella abierta!» (respuesta). Los síes y noes al final no se sabe a qué se refieren.

Se empezará por abrir la botella, comprobar gas y presión para, a continuación, proceder a chequear todo sistemáticamente y por orden, de nuevo desde arriba hacia abajo: comprobación del regulador y de las dos etapas; hinchado y deshinchado del compensador de flotabilidad (chaleco o ala); funcionamiento de las luces; existencia y fijación del elemento de corte (el que sea) y que éste no está ni suelto ni atascado en su funda (algunas parecen expresamente diseñadas para tales fines); existencia del ordenador o tablas, brújula y cualquier otro dispositivo similar; existencia de la boya deco y demás elementos obligatorios de seguridad.

Se sumará a los elementos a chequear la correcta fijación de la botella al chaleco, comprobando la sujeción de la cincha. Sobre este extremo, habría que decir que se debe revisar la posición de la altura de montaje de la botella respecto del chaleco. Casi la totalidad del los buceadores la monta muy baja, de tal suerte que luego es totalmente imposible acceder a la grifería con la mano (en la tercera parte de este artículo se verá el porqué de la anti intuitiva conveniencia de poder hacerlo). Hay gente que la monta prácticamente a nivel de de sus nalgas. Esto es un error no sólo porque se corre el riesgo de que la botella se deslice y desprenda al estar la cincha casi al nivel de la curvatura de la ojiva, sino pensando además en que el sobrelastrado habitual concentrado en el cinturón que, junto con la posición de dicha botella, condena a nadar en posición «de caballito de mar» casi inevitablemente, con el consiguiente sobre-esfuerzo inútil, producción de dióxido de carbono, e ineficiencia general.

Aunque este chequeo se haga con el compañero, es muy importante que ninguno manipule el equipo del otro. La responsabilidad del equipo es única y exclusivamente del buceador que lo lleva. Esta frase se sugiere al lector como posible motivo para un tatuaje en algún lugar de su cuerpo, a ser posible en partes visibles.

En este sentido, es habitual observar casi en cada inmersión grupal cómo alguien manipula la válvula de la botella del compañero queriéndola abrir o asegurarse de que está abierta. Es un error que puede resultar grave. Cada uno debe ser responsable de que su botella esté totalmente abierta. Nadie debe tocar la botella de otro. Ni el compañero, ni el divemaster, ni el instructor, ni el mismísimo Neptuno. Este asunto, que tiene más enjundia de la que parece, se tratará extensamente en la tercera parte de este artículo.

Este chequeo se debería realizar en el barco, a ser posible en el muelle, con el barco parado, sin prisas, sin movimiento, sin mareos. Allí ya no dispondremos de todos los medios, como teníamos en el centro de buceo, pero por lo menos habremos llevado chequeados todos los componentes del equipo y los podremos montar sin vaivenes y sin urgencias.

3 – Últimas verificaciones con el equipo puesto en el lugar de inmersión

Una vez realizado el chequeo completo y llegados al punto de inmersión, cada uno se equipará si no ha ocurrido nada (típicamente, que a alguien se le olvide amarrar la botella con el equipo montado y todo caiga al suelo como la tostada de la Ley de Murphy, siempre con la botella sobre el chaleco o el regulador. En el caso de haberse producido una circunstancia de este tenor, se iniciará la comprobación otra vez desde el principio).

Si se necesitara ayuda, se deberá esperar a que el compañero acabe de equiparse, sin interrumpirle (interrupciones = distracciones = fallos = problemas). El Autor sugiere posponer las gracietas y conversaciones banales en la seguridad de que el compañero será capaz de sobrevivir al silencio del momento.

Antes de ir al agua, se pondrán ambos de pie y cada uno verificará visualmente que el otro tiene el equipo bien colocado y en orden, sin latiguillos enganchados, por debajo del chaleco, o cualquier otra cosa desordenada. Dándose conformidad, se dirigirán ambos al agua para comenzar la inmersión.

Bien antes de saltar, bien en el agua -en superficie-, conviene hacer un chequeo de tercer nivel. Esta comprobación no es justificable por excesivamente reiterativa, teniendo únicamente por objeto que el buceador tenga la seguridad psicológica de que su equipo esencial funcionará en el agua. Es fundamentalmente una cuestión de confianza durante la entrada en el agua que reducirá el estrés. Pero es importante.

Se restringirá sólo a lo vital y de nuevo por orden, de arriba hacia abajo:

  • verificación de que la botella está completamente abierta (si se llega al grifo);
  • verificación de que la máscara está correctamente tratada para evitar el empañamiento. (Otro «clásico» a añadir a la lista de frecuentes olvidos que amargan cualquier inmersión);
  • verificación de que el regulador y sus dos etapas dan ambas aire correctamente;
  • verificación de que el chaleco infla y vacía correctamente:

Se recomienda así mismo que cada buceador verifique ya en el agua que el equipo de su compañero no tenga pérdidas importantes de gas. Ello se hace en superficie sumergiendo la cabeza y dando alternativamente cada uno la vuelta sobre sí mismo para que el compañero pueda ver posibles burbujas procedentes del equipo, por delante y por detrás. Si la pérdida es significativa, se deberá subir de nuevo al barco para intentar solucionar el problema. No hay que esperar a estar en el fondo para darse cuenta que la tórica del regulador del compañero está perdiendo gas a raudales, teniendo que ascender de nuevo y fastidiando posiblemente al resto del grupo, o abortando la inmersión. Las típicas burbujitas en forma de hilillo procedentes de la botella o conexión entre latiguillo y manómetro, no suelen revestir importancia, pudiéndose hacer la inmersión normalmente, aunque conviene advertirlo al compañero para que lo resuelva al volver al centro o lo comunique al responsable del material. Se reitera: al volver al centro, no la semana siguiente después de varias inmersiones con el mismo problema por haber pospuesto su solución. Los buceadores procrastinadores son plaga.

4 – Ajustes finales ya en el agua

En la maniobra de entrada al agua (voltereta o paso de gigante) se puede desajustar el equipo. Así mismo, cuando nos sumergimos experimentamos una compresión por efecto de la presión hidrostática que puede desceñir elementos que deben ir prietos al cuerpo. Especialmente cuando se utilizan trajes de neopreno que se comprimen de manera significativa a profundidad.

Por ello, cuando nos sumerjamos y lleguemos a la máxima profundidad, nos pararemos un momento y verificaremos que el cinturón de plomos está correctamente ajustado y ceñido para que la hebilla no se dé la vuelta, (hecho muy habitual que anula la posibilidad de desprenderse de dicho peso en caso de emergencia máxima). También comprobaremos que la hebilla esté bien cerrada (la pérdida accidental del cinturón de plomos es una de las causas más habituales de incidente en el ámbito recreativo).

Ajustaremos la máscara asegurándonos que no ha pillado la capucha y que no entra agua. Ceñiremos y reajustaremos al cuerpo así mismo el propio chaleco o dispositivo de flotabilidad, comenzando la inmersión.

Corolario.

Aunque al leerlas puedan parecer reiterativas y premiosas, esas rutinas no suponen ningún incremento de tiempo de preparación ni reducen la duración de la inmersión. Se mecanizan muy rápidamente si se entienden las razones del qué, dónde y cómo hacerlo y, cuando ello ocurre, resultan fáciles.

Lo importante no es memorizar, sino pensar porqué se tiene que comprobar cada elemento y dónde. Siempre en el lugar más favorable para resolver los problemas que se puedan presentar y lo más cómodamente posible. Siempre en el mismo orden. Siempre la misma estructura lógica.

Fácil. Automático. Sin pensar. Librarán al lector de mucho estrés. Y, sobre todo, de muchos problemas.

(1) Se sugiere leer la entrada titulada «¿Me están robando? El misterio del gas desaparecido».

Un comentario sobre “

Como pollos sin cabeza: EQUIPAMIENTO Y COMPROBACIÓN DEL MATERIAL

Segunda parte:

MONTANDO EL EQUIPO.

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