Cuando el buceador piensa en el equipamiento y en la comprobación del material, se suele centrar en éste último únicamente, no prestando atención a las condiciones en que se produce el proceso de vestirse, equiparse y comprobar.

Dónde hacerlo, cómo, en qué condiciones, cuándo y con qué orden son factores que se entienden como secundarios o accesorios y que, en realidad, suelen tener mucha más relevancia de la que se cree en el resultado final. Las circunstancias en las que se hacen ciertas cosas muchas veces suelen tener más importancia en el resultado que la acción misma.

En este artículo se reflexionará sobre ello con la pretensión de comunicar que la simple consideración de las circunstancias y una pequeña reflexión acerca de las razones para hacerlo de una manera o de otra, librarán al lector de mucho estrés innecesario y le aportarán mucha más comodidad y, sobre todo, seguridad, que es de lo que se trata.

¿Hay algún problema?

«¿Me va alguien a enseñar a mí como me tengo que vestir? ¿Es que no sé cómo comprobar mi equipo?» Es lo que muchos buceadores responderían ante la pretensión de alguien de explicar lo que describe el título de esta entrada. Pero, ¿realmente es posible sistematizar la manera de equiparse y de comprobar el equipo? ¿Tiene sentido? Y ¿para qué? ¿Es realmente importante?

Para contestar a estas preguntas lo primero que hay que tener claro es el hecho de que

muchos incidentes -que algunos derivan en accidentes- se gestan ANTES de la inmersión. Incidentes consecuencia de un equipo con problemas, mal puesto, revisado o preparado incorrectamente.

Además de eso, no se valora suficientemente el estado del buceador al sumergirse en el agua con estrés. Especialmente en el ámbito recreativo. Y, aunque no lo pueda parecer, independientemente de los miedos psicológicos que tenga cada uno, tiene mucho que ver el comportamiento del buceador antes de echarse al agua. Existen causas del estrés mucho más «físicas», identificables y evitables de lo que pueda parecer.

Por todo ello el Autor de este blog cree firmemente que

una inmersión segura SIEMPRE empieza por un protocolo de equipamiento y comprobación del equipo tranquilo, sistemático y ordenado, como se mostrará a continuación.

La formación tan básica que se da en los cursos recreativos iniciales (y que, innegablemente son parte de un sistema que ha tenido la virtud de popularizar el buceo hasta límites insospechados) tiene la contrapartida de haber creado una gran cantidad de buceo-dependientes.

Muchos de los que obtienen sus primeros títulos -que, no olvidemos, les habilitan para bucear legalmente de manera totalmente autónoma hasta profundidades considerables-, no son capaces de hacerlo sin tutela, es decir, sin ir acompañados siempre de un instructor o divemaster de un centro de buceo. Pasan años buceando siempre bajo supervisión. A veces toda su trayectoria en el buceo. Este comportamiento es extensivo al equipo, de tal suerte que nuestro buceador novel tipo no se atreverá siquiera a cambiar un simple latiguillo.

Si algún lector está acostumbrado a disponer de ayuda permanente en el centro de buceo que frecuenta, deberá considerar que ser un buceador dependiente al uso puede ser una situación cómoda, pero de recorrido muy corto. Y que le deja desvalido ante cualquier eventualidad el día en el que no disponga de dicha ayuda o que cambie de centro de buceo.

Es por ello, que es importante que el buceador recreativo genere el hábito de hacer una sencilla rutina que sea clara, cómoda, automatizada para no tener dudas, que tienda a hacerle autosuficiente, que dificulte el cometer errores en el equipamiento, en la comprobación del equipo y que permita disminuir su estrés al entrar en el agua. Dicha rutina debe estar basada y organizada, con unas razones comprensibles para que el buceador no tenga que memorizar un orden, sino que interiorice qué tiene que hacer y porqué. Se trata de entender una estructura lógica, no una suma de instrucciones. Para luego obrar fácilmente. Sin pensar.

Además de ello, ¿alguien en su sano juicio se metería en el agua sin comprobar que el equipo que le va a mantener vivo funciona? Pues, al parecer, sí. Y, frecuentemente, se comprueba de manera incorrecta o muy liviana.

A continuación, se mencionarán cosas que, tomadas individualmente, mucha gente calificaría como obviedades. Pero quizá verlas todas juntas y ordenadas, no lo sea tanto.

Cuestiones generales que determinan frecuentemente el resultado

Como se ha dicho anteriormente, muchísimos incidentes (o, incluso, accidentes) se gestan ANTES de la inmersión. En el barco, fundamentalmente.

El tiempo suficiente

El tiempo suficiente y la calma su consecuencia-, son SEGURIDAD.

Hay que asegurarse de disponer tiempo sobrado al llegar a un centro o lugar de encuentro para preparar lo necesario: los trámites, el equipo y disponer de un sobrante para posibles eventualidades.

Aunque el Autor de este blog sospecha que algún dueño de centro de buceo que lea las próximas líneas le jurará odio eterno, empezará diciendo que nunca hay que permitir que un centro de buceo imponga una dinámica de prisas: que se abra el centro poco antes de la primera salida; que no se deje suficente tiempo para equiparse a los más novatos, que no haya tiempo para resolver cualquier incidencia y, si la hubiera, que se incite a ir al agua de prisa y corriendo porque se llega tarde al segundo turno o a no-se-sabe-qué. El divemaster puede ser muy competente y muy simpático, pero ésta es una de las cosas que hay que vigilar y exigir a cualquier centro de buceo. Firme y tajantemente. La elección del centro de buceo no es obligatoria, sino que la hace cada buceador. Y éste debiera ser uno de los principales criterios de elección.

Pero no empecemos responsabilizando de las prisas a los demás. Lo primero que debe hacer cualquier buceador para asegurarse una inmersión sin incidentes es llegar con tiempo al centro de buceo o al lugar de reunión. Esto es aceptado … pero sólo por cortesía hacia los demás. Sin embargo, por muy importante que sea la educación y la consideración hacia el otro -que lo es-, lo más importante es que ES UN PROBLEMA DE SEGURIDAD. Llegar tarde implica habitualmente mucho estrés y una cascada de prisas … y de posibles fallos, en consecuencia.

De verdad … no sea puntual el lector por los demás ni por cumplir un horario. Séalo egoístamente. Por pura conveniencia propia. Sea aún más egoísta que el resto: llegue con mucho tiempo de margen. Y exija al centro poder hacerlo. Aunque le digan que no hace falta. Recréese en el exceso de tiempo disponible para equiparse. Equípese, compruebe todo y fúmese un puro si hace falta disfrutando de la calma y del tiempo sobrante. No se deje llevar por las prisas ajenas. Egoísmo … ¡mucho egoísmo!

La responsabilidad individual

Cada uno es responsable única y exclusivamente de su propio equipo. Esto no quiere decir que se renuncie a un control del equipo del compañero al comprobarlo, puesto que puede acabar siendo también nuestro en caso de incidencia. Pero es importante que no se mezclen equipos cuando se va a bucear con la pareja o los amigos. Ello sólo puede ocasionar problemas.

Esto es extensivo a la manipulación del material. Nadie debe tocar nada de otro. Y menos manipular su botella cuando ya se ha montado. No por una cuestión de «propiedad», sino de seguridad. (Esto se diseccionará oportunamente en la tercera parte de este artículo titulada «Abriendo la botella»).

La concentración

Pues sí. Equiparse requiere cierta concentración. Es importante en el buceo recreativo y fundamental en el técnico. La charla o las distracciones producen olvidos. Y los olvidos, errores. Por muy automatizadas que se tengan las rutinas. No hace falta decir mucho más. Intente el lector no preguntar y menos decir banalidades a nadie mientras se esté equipando. Seguro que los compañeros podrán esperar unos minutos para tener el privilegio de oirlas.

El vídeo que se presenta a continuación ilustra muy bien esto:

El orden

En el mismo sentido que lo dicho en el párrafo anterior, cada uno debe separar y llevar ordenado su propio equipo, sin mezclarlo con otro. No son de recibo las voces que se suelen oir en el barco del tipo «¿Dónde me has puesto mis gafas?» o «¡Si te dije que metieras en el coche mis aletas!».

Cuando alguien novato pregunta a quien escribe qué parte del equipo debe ser lo primero a comprar (si el regulador o la máscara y aletas), obtiene la siguiente respuesta: «Un baúl y una bolsa de rejilla. Ya los irás llenando». El baúl para ir al centro y la bolsa para el barco. Ni regulador, ni chaleco, ni aletas, … sino medios para el orden, desde el principio.

Bolsas individuales y separadas son garantía de orden. Y no parece que cuesten mucho.

El lugar

Una vez que ya tenemos la materia prima fundamental para poder equiparnos y hacer las comprobaciones -que no es otra que el tiempo y el orden-, intentaremos sistematizar el dónde, el cómo y el porqué.

Normalmente, tendremos las siguientes posibilidades en cuanto al lugar para hacer todo lo que haya que hacer: el centro, el barco y el agua. Cada sitio tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Sigamos con las obviedades:

El centro

Aunque mucha gente no repare en ello, el centro no se mueve. Nadie se marea en él.

Además, es el lugar donde existe más espacio y más comodidad. Y suele tener taller, repuestos, equipos de sobra y, en definitiva, recursos para solventar cualquier incidencia que pueda surgir con el equipo de un buceador.

Ello le confiere una gran ventaja respecto a realizar cualquier operación en cualquier otro lugar. Por ejemplo, en un barco -quizá con oleaje-.

¿Va alguien a limitarse a recibir el equipo de manos del responsable del material sin montarlo ni revisar nada en el sitio óptimo para hacerlo, donde tiene espacio, comodidad y recursos, para luego tener que equiparse y comprobar todo deprisa y corriendo, en un lugar incómodo, sin espacio, en movimiento y mareado? Pues, curiosamente, parece que sí. Diríase que mucha gente.

Por tanto, conviene montar y revisar LA TOTALIDAD del equipo allí, en el propio centro, donde todo tiene solución y hay tiempo para solventar incidencias. Aunque luego se tenga que volver a desmontar para su transporte al barco. La pereza de un buceador no debe estar nunca por encima de su seguridad.

Sin embargo, el centro suele estar lejos del punto de inmersión. Y en el trayecto pueden todavía pasar muchas cosas.

El trayecto al barco

Muchas veces será un trayecto sencillo y corto. Otras se deberán trasladar todos los equipos al barco o punto de salida en vehículo o, incluso a pie. El que escribe estas líneas conoce por dolorosa experiencia propia lo que significa un dueño de centro de buceo con prisa cargando equipos en un remolque, con la consecuencia de equipos vitales rotos. Pueden pasar muchas cosas: golpes, botellas o plomos encima de elementos delicados, confusión entre botellas (quizá con gases diferentes, cosa muy peligrosa en ciertos ámbitos), etc. Sea el lector consciente de ello y vigile y cuide su equipo, aunque no sea de su propiedad.

El barco en el muelle

El equipo se transporta al barco o al lugar de salida y está claro que habrá que montarlo. ¿No es mejor hacerlo en el propio muelle o incluso en el barco cuando todavía no se mueve gran cosa y donde suele haber algún recurso para solventar problemas?

El Autor de este blog nunca ha entendido a los buceadores que, llegando al barco, se ponen a charlar animadamente con el de al lado desde que embarcan hasta los cinco minutos antes de la inmersión, en los que se equipan a toda prisa. No se debe esperar a que el problema aparezca justo antes de tirarse al agua porque, entre otros inconvenientes, aunque se lograra resolverlo, significaría un gran estrés y retrasaría a los demás componentes del grupo. Cuanto antes aflore el problema, más tiempo habrá para arreglarlo. ¡Cuántas veces se ve a alguien que se queda retrasado por cualquier tontería hasta el punto de no ser esperado por el grupo!

El barco navegando

Y cuántas veces se ve a buceadores intentando malamente montar un equipo con el barco en marcha, sin espacio apenas entre los compañeros y con oleaje. Es una buena garantía de hacer algo mal. Y de entrar en el agua estresado. Muy estresado.

El barco en el punto de inmersión

Aunque se moverá algo menos, la probabilidad de marearse con el barco parado será mayor. No conviene en esas circunstancias ponerse a comprobar nada ni a fijar la mirada en otra cosa que no sea el horizonte. Además, se desatan los nervios y las prisas. Y, con las prisas, las dudas y los olvidos. El estrés. Una situación peligrosa. El momento previo a saltar al agua es cuando se requiere la mayor calma y concentración, en contra del estado de urgencia y nervios que suelen adornar el momento.

En el agua

Durante la voltereta hacia atrás o el paso de gigante pueden haberse descolocado elementos del equipamiento. Además, la entrada en el agua requiere una cierta adaptación, por pequeña que sea. El novato teniéndose que sumergir nada más tocar el agua porque le «esperan abajo» -cosa habitual que debiera ser intolerable- es sinónimo de novato estresado, desacoplado de su equipo, candidato a una hipercapnia, cuando no a un estado de pánico a la menor circunstancia desfavorable que incremente su nivel de dióxido de carbono en sangre.

Veremos más adelante que necesariamente se deben realizar comprobaciones que no se pueden hacer en el barco ni en ningún otro sitio. Si la superficie está calma, podrá hacerse en superficie. En caso contrario, se deberá bajar unos metros hasta encontrar una zona tranquila donde hacerlas.

Corolario.

Las condiciones generales en las que se desarrolla cualquier equipamiento y comprobación de equipo son importantísimas. Definirán y condicionarán las etapas posteriores de montaje y comprobación del equipamiento, antes de la entrada al agua.

No se debe desdeñar todo esto sino, por el contrario, darle una importancia capital.

Si el lector hace caso a las consideraciones que aquí se plantean, comprobará en muy poco tiempo cómo su buceo resultará más cómodo, tranquilo, grato y, sobre todo … más seguro.

En la segunda parte de este artículo se analizará cómo se debe equipar cualquier buceador recreativo, así como el procedimiento para comprobar su material de una manera sistemática y lógica. Y no sólo ello, sino que también se incidirá en lo que no hay que hacer, incluyendo muchas rutinas asumidas por el colectivo y repetidas automáticamente que carecen de sentido y que, incluso, pueden llegar a ser peligrosas.

No se la pierda el lector.

(1) Se sugiere leer la entrada titulada «¿Me están robando? El misterio del gas desaparecido».

3 comentarios sobre “

Como pollos sin cabeza: EQUIPAMIENTO Y COMPROBACIÓN DEL MATERIAL

Primera parte:

CONDICIONES GENERALES

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