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El fallo catastrófico y el accidente de buceo son temas que se tratan de manera muy tangencial -cuando no se ocultan- en la enseñanza del buceo recreativo.

Pero el problema no es que se evite hablar de ello sino que, cuando se habla, se hace en unos términos que no son reales.

En este artículo se tratará de la naturaleza de este problema, de la que todo buceador -independientemente de su nivel- debiera ser muy consciente.

Negacionismo y pensamiento evitativo del fallo catastrófico y accidente de buceo

Un parte muy sustancial del mundo del buceo recreativo de los últimos años ha desarrollado una cierta resistencia a considerar el accidente hasta tal punto que se niega sistemática y reiteradamente, no la sólo la posibilidad, sino la existencia misma del fallo catastrófico, es decir, del problema crítico sin solución que pone en peligro la supervivencia del buceador.

Dive is fun and for everybody (El buceo es divertido y para todos) es uno de los lemas de una conocida organización de enseñanza norteamericana pero de ámbito mundial que es presentada como pie de fotografía de buceadores jóvenes, guapos y siempre muy, muy sonrientes.

La exitosa estrategia comercial de lanzar a millones de buceadores novatos al agua con una preparación extremadamente básica (asunto que será tratado en próximas entradas) y que ha tenido la indiscutible virtud de popularizar el buceo hasta límites impensables hace pocos años, parece que al mismo tiempo exige, si no la ocultación completa, sí la minusvaloración de las situaciones de peligro reales.

Una disimulada ocultación porque, cuando se leen los manuales con tiempo, atención y formación, casi cualquier riesgo se puede deducir de ellos aunque de una lectura más liviana y menos crítica (la del novato) sólo se destile un divertimento fácil para todos. Una obra de arte en el juego de evitar las enormes responsabilidadades que se contraen en el sistema jurídico norteamericano, sin espantar ni alarmar en exceso a la clientela. Conste la admiración del Autor de este blog hacia el talento que se requiere para hacerlo, talento del que él carece completamente.

Por el contrario, sin pretender asustar a nadie, en estas líneas se supondrá que todos somos emocionalmente mayores de edad y que sabemos lidiar con nuestros miedos y seguridades. No se disimulará nada por no espantar a nadie.

Todo esto es lógico hasta cierto punto, ya que el sujeto inicial objetivo de este sistema de enseñanza es un buceador que hace menos de media docena de inmersiones al año, siempre en grupo y acompañado de instructor o divemaster, que el resto de su tiempo piensa en todo menos en buceo y que persigue la diversión sin preocupaciones excesivas. Quizá el problema esté más en que el buceador vaya con el tiempo extendiendo sus límites -hasta frecuentemente rebasar lo razonable – manteniendo esta misma actitud.

Eso no tiene por qué pasar” ; “Ese problema no lo he visto nunca” y frases similares son de uso común en los grupos de buceo recreativo.

En ese mundo siempre soleado, bello y sonriente, los barcos no garrean, los cabos de subida siempre se encuentran, las corrientes siempre son controlables, los reguladores nunca fallan, los latiguillos nunca estallan, los manómetros siempre marcan fielmente, las boquillas no se sueltan, los cinturones de lastre no se abren nunca accidentalmente y jamás se dan la vuelta impidiendo su apertura, nadie se tira al agua nunca con la botella cerrada ni se queda sin gas a profundidad por no haberla abierto totalmente, etc.

«Eso no tiene porqué pasar». Pero esas cosas, pasan. No frecuententemente, pero ocurren a veces. Y basta que se produzca una de ellas y no reaccionemos adecuadamente para que la anécdota se convierta en incidente. Y si se concatenan dos, devenga en accidente.

El pensamiento desiderativo y la asunción sesgada de riesgos

Muchas veces el pensamieno evitativo es contradicho por la tozuda realidad. Seguir negando la evidencia se vuelve difícil (salvo casos de disonancia cognitiva grave, más frecuentes de lo que se pudiera pensar) y entonces se pasa a otra fase consistente en seleccionar los riesgos, admitiendo sólo algunos y continuando la evitación de otros.

Pasadas estas dos fases, bien empíricamente, bien por unos mayores formación y conocimiento, la siguiente fase -en la que permanece la mayor parte de la gente- consiste en imaginar los riesgos y su solución de manera idealizada. Ello permite seguir en la dinámica de aplacar nuestros temores por la vía equivocada de adaptar la realidad a nuestros miedos, sin afrontarla.

Por ejemplo, creemos que un escape libre será posible y estará a nuestro alcance porque nos imaginamos un episodio en el que nos colocan a 20 ó 25 m de profundidad, nos mentalizamos de lo que tenemos por delante, recordamos fuertemente la importancia de subir expulsando el aire de los pulmones, cogemos aire y … a la una, a las dos … ¡y a las tres! ¡para arriba! La siguiente imagen es ya en superficie. Incluso podemos practicarlo (ya no se hace en ningún nivel por los riesgos que esta práctica entraña, incluso de manera preparada y controlada). Como veremos posteriormente en un ejemplo, la realidad no tiene gran cosa que ver con esto.

La asunción racional de riesgos

Ello no quiere decir que vivamos aterrorizados por la posibilidad de un suceso así. Quiere decir que tenemos que saber qué puede ocurrir y qué recursos debemos tener para reaccionar, evaluando los límites constantemente. Esta evaluación permanente no debiera evitar el disfrute si se hace con la intensidad adecuada. Una cosa es que anticipemos las cosas y otra que ese pensamiento anticipativo sea disfuncional e inhabilitante.

En ese sentido, el buceo recreativo se somete a su naturaleza que consiste en que exista la posibilidad de escape libre a superficie en todo momento y bajo cualquier circunstancia (ver la entrada «Saliendo por el tejado: EL CONCEPTO «BUCEO RECREATIVO»«) .

Ello permite siempre el último recurso de la superficie pero, a la vez, limita las posibilidades del buceador para resolver problemas serios por sus propios medios, ya que dispone sólo de equipos sencillos y no redundantes.

Si estalla un latiguillo de baja presión, haga lo que haga se quedará sin gas puesto que no tiene una segunda fuente primaria de gas. Esto no significa que abandone su autonomía como primer objetivo en términos de seguridad. Cabría entonces pensar que la verdadera fuente de resolución de problemas es el compañero. Basta bucear lo suficiente en ámbitos recreativos para constatar muchas veces que lo único que uno sabe del compañero durante la inmersión es que debe estar en el mismo océano. Frecuentemente se adjudican compañeros que ni se conocen o ni siquiera hablan el mismo idioma.

Se ven parejas cuyo miembro más débil va detrás, a veces a distancia, mirando el primero que guía hacia atrás cada buen rato y uno piensa ¿cuándo se llegaría a dar cuenta éste de los problemas del segundo si realmente tuviera un problema serio? ¿A qué distancia se ha de estar del compañero para evitarle un ascenso incontrolado si se le atascara el hinchador del chaleco o perdiera el control por cualquier motivo?

Si bien el compañero es un elemento importantísimo de seguridad, tampoco parece la panacea, ¿verdad?. Queda finalmente el ascenso libre. Pero no es tan sencillo porque puede comportar riesgos serios.

Un incidente es un incidente. Dos simultáneos, un accidente

Un accidente normalmente no se produce por una única causa, sino por la concatenación de dos o más. Esto lo saben muy bien los investigadores aeronaúticos.

No hubiera pasado nada si, en el momento de bloquearse el hinchador de mi chaleco, no hubiera estado buceando debajo de un canal de paso de barcos. Como sucedieron los dos errores al mismo tiempo, dos circunstancias que individualmente eran perfectamente controlables por separado, han acabado en un problema serio.

Por ello, es preciso no focalizar la prevención del riesgo en una única causa, siendo consciente de esto y, por ello, extremar CADA medida de seguridad, no confiando en que seremos capaces de superar cualquier problema individualmente. Podremos quizá controlar uno, pero ¿dos? Y ¿tres? Basta que el día que bajamos sin boya deco nos encontremos con corriente o mala visibilidad, acabemos separados unos de otros y tengamos un buen problema. Por ello, es tan importante el cumplimiento de los protocolos de seguridad a rajatabla y la consciencia de la situación (tema que será objeto de una entrada).

En el siguiente ejemplo, unos patinadores –skaters– bajan a toda velocidad por una carretera. Se cruzan continuamente con coches que circulan en sentido contrario, lo cuál no es un problema. O es un riesgo asumible. Se encuentran un obstáculo, que tampoco debiera serlo puesto que lo sortean fácilmente. Pero … Y luego ….

Uno más uno no siempre son dos. Considérelo el lector.

Ejemplo real

Ruego ahora que el lector intente visualizar y poner toda su atención en imaginarse y hacer vívidas las sensaciones que se describirán en el siguiente párrafo, que no es tan infrecuente como pueda parecer:

Una pareja va sensiblemente separada, perdiendo el contacto visual entre sí porque cada uno va mirando bichos en una zona de grandes rocas. Aunque siguen a profundidad (25 m), están terminando ya la inmersión, quedándoles unos 60 bar de sus botellas de 12 l. En ese momento, a uno de ellos le estalla uno de sus latiguillos de baja presión.

El sonido es fuerte, se queda perplejo tardando varios segundos (es sorprendente la cantidad de tiempo que se tarda simplemente en comenzar a reaccionar) y le sumen en el desconcierto la cantidad de burbujas que aparecen en su derrededor, casi como si estuviera en el interior de una lavadora. No sabe lo que pasa. En unos segundos más, repentinamente … se queda sin gas. Y ello le ocurre cuando estaba espirando de tal manera que no le da tiempo a coger casi nada de aire. La sensación de ahogo es inmediata.

Busca su octopus, creyéndolo la fuente de gas salvadora. Lo encuentra y se lo lleva a la boca, pero en él tampoco hay nada. Por puro instinto, deja de pensar qué ocurre y qué puede hacer para buscar frenéticamente la fuente de gas que supone el compañero. Da vueltas en apnea braceando compulsivamente sobre sí mismo buscándole, pero no le localiza. No le puede ver porque se encuentra cerca pero al otro lado de una gran roca, ensimismado con algún bicho o haciendo una foto.

Nuestro buceador, que ya se está ahogando, mira hacia arriba y entrevé la claridad de la superficie muy lejana. Da dos aletazos y le cuesta subir. Va hiperlastrado desde que hizo su curso, como siempre ha ido creyendo que es una medida de seguridad. El chaleco no le puede ayudar porque no llega el aire de la botella para hincharlo. En esa situación no puede ni pensar en quitarse el equipo.

Se palpa la cintura mientras aletea frenéticamente -consumiendo el poco aire que le queda en los pulmones- intentando localizar la hebilla del cinturón de lastre para desprenderse de él. Sea porque ha montado el chaleco por encima del cinturón o porque éste se ha dado la vuelta al quedar suelto del cuerpo debido a la presión, no la encuentra. Y en ese estado de auténtica desesperación … todavía le quedan 25 metros hasta llegar a la superficie. Media piscina olímpica.

Por supuesto, en esas condiciones es impensable subir a la velocidad de ascenso recomendada de 9 m/min (casi 3 min hasta superficie) y difícil a los 18 m/min experimentada por la DSAT (minuto y medio). Así pues, a toda velocidad hasta superficie, a la desesperada. Y esto sólo desde 25 metros. Nada que ver con lo que pensaba que era un escape libre.

¿Exageración? El autor lo ha visto dos veces casi exactamente como se describe. Quizá nuestro buceador llegue consciente a superficie. Quizá el escape libre no le provoque un embolismo arterial gaseoso que vaya al cerebro o a otro órgano vital. Quizá no acabe con daños de consideración en los pulmones. Quizá no tenga una enfermedad descompresiva grave por llegar a superficie a toda velocidad. Quizá en el último momento aparezca de la nada alguien que le dé aire. Quizá, quizá … pero en el mejor de los casos, no olvidará nunca el incidente y seguramente considerará dejar el buceo.

Obsérvese en este vídeo -uno de los muchísimos similares que se pueden encontrar en Internet-, un ejemplo. Pero lo interesante no es el propio estallido del latiguillo. Lo interesante es comprobar cómo un compañero se acerca pero no tiene la serenidad (o la capacidad o el entrenamiento) de estabilizar al «incidentado» y donarle su regulador para hacer un ascenso controlado. Por el contrario, se van los dos directos a superficie sin respetar ninguna velocidad y menos hacer ninguna parada. Y el resto de los espectadores, con ellos (suponemos que para ir solidariamente todos juntos a la cámara). Afortunadamente, están prácticamente debajo del barco y a poca profundidad. Pero ¿y si hubiera pasado en otras circunstancias?

¿Por qué nadie hace la prueba?

La simulación controlada es un buen escenario para comprobar de primera mano cómo es la realidad.

Pruebe el lector en una inmersión a quitarse la máscara un ratito y ver -aunque en este caso sería más adecuado decir «no ver»- lo que pasa. Intente leer su profundímetro y controlar su cota y su flotabilidad. Intente localizar al compañero. Intente encontrar referencias y orientarse para continuar hacia el barco. Pero haga todas estas probaturas tutelado porque la probabilidad de que se vaya a superficie descontroladamente es muy alta.

Igualmente, imagine que se queda sin gas súbitamente y en espiración. Intente ver cuánto tardaría en poder llamar la atención de un compañero que estuviera a cierta distancia ensimismado haciendo un foto. Mire qué pasa si tuviera que nadar horizontalmente unos -pongamos- 20 m hasta poder iniciar un escape libre (QUE NO DEBE INTENTAR NUNCA).

Y así con toda circunstancia o incidente que pudiera ocurrir y le genere dudas. Haga la prueba. Pero hágala controladamente, sin hacerse trampas al solitario, sobre seguro y siempre con asistencia externa directa. No vayamos a provocar el accidente que queremos evitar.

Corolario

No se pretende asustar al lector. Pero en este blog no se renunciará a evidenciar y hablar de riesgos por no incomodar a nadie.

A pesar de que estadísticamente el buceo recreativo es una actividad MUY segura (afirmación que no es una impresión, sino un hecho cuantificado estadísticamente y confirmado por la poca cuantía económica de las pólizas de seguros, proporcionales a los riesgos evaluados por los actuarios de las aseguradoras), debemos reflexionar sobre los límites en el buceo recreativo y no subestimarlos puesto que, SI SE TRASGREDEN, un equipo básico, una formación básica y un compañero habitualmente poco fiable y con la misma y escasa formación que uno mismo, no ofrecen demasiadas garantías.

Probablemente estos medios serán suficientes para resolver todos los incidentes que hasta ahora haya experimentado el lector. O los que experimente en el futuro. Pero con que dé con uno sólo en que no lo sea … se comerá la seta venenosa. Uno sólo.

Porque los latiguilos de baja presión, a veces estallan. Muy pocas veces, pero … ¡vaya si estallan!

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9 comentarios sobre “

Todas las setas se comen … pero algunas, sólo una vez:

EL FALLO CATASTRÓFICO Y EL ACCIDENTE DE BUCEO

  1. Escuche una entrevista suya en al otro lado del espejo. Llevo unos 5 años buceando y leerle es como oír a un amigo que tengo hablar de seguridad, me recuerda a él mucho. 5 años, divemaster, 150 inmersiones y humildemente digo que no tengo ni idea. Las certificadora te dan un standard y a probar suerte en los mares. Incidentes pocos pero gracias que no graves ni redundantes y dando también gracias a encontrar gente que piensa como usted y que me enseñan haciéndome ver las incongruencias en mi formación. Si le gusta el video me dedico como aficionado con video en YouTube canal Xaural. Alguna vez rol freeman ha publicado algo mío tambien

  2. Agradecerte Jesus Gonzalez, el ejemplo de rigor y de humildad que ofreces, diciendo el numero de inmersiones que tienes. Quiero bucear siempre con gente honesta como tu.
    Lo digo por la cantidad de «fantasmas» que dejaron de anotar sus inmersiones, la ultima anotación fue de 50 inmersiones, y una semana mas tarde van diciendo que tienen «unas 3.000», y dos años mas tarde, «otras 5.000 inmersiones», como no las anotan, todo vale, je je je je……..

  3. Me parece una aportación muy interesante a las personas que quieren realmente, evolucionar, aprender y ejercitar esta pasión nuestra, con el rigor de la seguridad en la meta de sus buceos, y por ende, en aumentar la diversión de sus incursiones submarinas

  4. Yo he realizado la prueba de ascender desde 16 metros con equipo puesto, lastrado haciendo solamente una inspiración en el fondo y no es nada sencillo. La repetí 3 veces, eso si, con compañero y todo controlado. A la 3a me salió correctamente. No quiero imaginarme esta situación bajo stress

    1. Hola.

      La práctica de ascensos libres está proscrita desde hace muchos años en España por su peligrosidad.

      Por ello, me interaría saber en qué condiciones se produjo la que mencionas. Con todos los datos y circunstancias que se te ocurran, así como tus sensaciones.

      Si prefieres hacerlo privadamente, por favor envía un email a contacto@buceo.blog

      Gracias por tu comentario.
      G.

      1. La realicé de la siguiente manera:
        En el fondo, 16 aprox. Sin perder de vista ordenador, empezar a ascender junto a instructor. En un momento dado, inspirar y soltar regulador ascendiendo y soltando aire a la vez sin pasar de los 18m/min hasta 5-6 metros profundidad. Si pasaba de la velocidad de ascenso el instructor me paraba y a repetir. Una agonía, lo que más me costó fue controlar la velocidad de ascenso, o hacía corto quedándome sin aire o ne pasaba de los 18m/min

        1. G.
          Quiero hacer una pequeña corrección, no eran 18m/min de ascenso como velocidad máxima, eran 12m/min…. Lo acabo de consultar en el ordenador de buceo. Disculpa si he podido crear alguna confusión 🙏🏻

        2. Edgar, en qué ocasión el instructor te hizo practicar este ejercicio? Me sorprende mucho oír hablar de ello.
          Yo recuerdo únicamente el ACEN (Ascenso Controlado de Emergencia Nadando) del Open Water de PADI, pero no tenía nada que ver. Era a 7 metros y sólo se trataba de exhalar diciendo «ahhhhh».

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