Caer en el vacío formativo
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Cayendo al vacío formativo
No caer en el vacío formativo

En la primera parte de esta serie de artículos se describió la cronografía y génesis de la enseñanza del buceo hasta llegar al sistema que se ha impuesto mayoritariamente en todo el mundo. Ello es necesario para entender la situación actual.

En esta segunda parte se pondrán de relieve los problemas que existen para recorrer la larga travesía en el desierto que aguarda al buceador después de su formación básica y no caer en el vacío formativo, proponiéndose una solución que, lejos de ser la óptima, puede impulsarle hacia nuevos niveles en su buceo.

Las afirmaciones de este artículo no aluden a personas, ni siquiera a certificadoras concretas, sino que se refieren a SISTEMAS de enseñanza en general.

No se puede ni debe hablar de cómo conseguir un objetivo o de porqué no se consigue, sin definirlo previamente. Por ello, todo lo que se dirá quedaría sumido en la inconcreción si no se dijera lo que se entiende por «bucear bien» en términos generales (no confundir con bucear para no matarse mucho), cosa no sencilla de establecer, ni totalmente objetiva pues cada cual añadirá o suprimirá alguna cosa. Pero BUCEO RACIONAL no «se moja» sólo en el agua, por lo que se avanzará la nuestra.

Bucear «bien», significa tener los conocimientos, los protocolos, las destrezas y la actitud necesarios para abordar con garantías y de manera autosuficiente cualquier situación que razonablemente sea esperable encontrar buceando. A saber y de manera no extensiva:

Habilidades:

  • FUNDAMENTAL: buena flotabilidad dinámica en una primera fase y en una segunda buena flotabilidad estática. Todo ello en condiciones normales pero también en ausencia de referencias visuales y simultáneamente con el desempeño de tareas complejas.
  • Aleteo aceptable y adaptable a las circunstancias, es decir: en una primera fase: patadas de tijera (recreativa y técnica normal y modificada) y patada de rana (normal y modificada); en una segunda fase: vueltas de helicóptero y patada hacia atrás. (La necesidad de este repertorio en el ámbito recreativo ya se ha comentado a lo largo de varios artículos del blog, pero como ejemplo se recomienda leer «Los involuntarios hijos de Atila: LA TÉCNICA DE BUCEO Y LA PROTECCIÓN DEL MEDIO«).
  • Buena posición de nado (trim) en una primera fase y buena posición totalmente independiente de la propulsión en una segunda fase.
  • Control total del equipo y configuración propios. Comprensión del porqué de cada elemento y de su posición y manejo.

Conocimientos:

  • Conocimientos teóricos generales (muy superiores a los que se obtienen en el OWD).
  • Concepto y cálculo de consumos, tiempos generales y de «no deco», «Gas Mínimo», etc. antes y durante la inmersión. Planificación real de una inmersión en todos sus aspectos.

Protocolos:

  • Conocimiento de los protocolos de actuación generales que ha demostrado ser eficientes en la seguridad del buceador y de sus fundamentos y razón de ser.

Lo anterior es lo fácil. Y ahora, lo difícil:

Actitud:

  • Capacidad para decir NO en cualquier situación.
  • Conciencia de la situación a niveles básicos en una primera fase y más complejos en una segunda. (Ver » Sólo se ve lo que se sabe: LA CONSCIENCIA SITUACIONAL DEL BUCEADOR RECREATIVO«). Especialmente y al principio en lo relativo a la posición del compañero, posición propia, orientación, corrientes a distintas cotas, profundidad, tiempos, cantidad de gas y límite de «no deco» en todo momento y respecto a cualquier otra circunstancia relevante en un segundo paso.
  • Evaluación anticipada de cualquier situación, potencial problema y toma de decisiones autónomas y con criterio. En la jerga, los «What if?» («¿Y si …?»).

Es complicado mantener que sin cumplir mínimamente estos requisitos generales se pueda considerar a un buceador verdaderamente autónomo o decir de él que «bucea bien».

Recapitulando un poco y abreviando mucho, la introducción del sistema mayoritario actual se fundamentó en una simplificación y abaratamiento del acceso al buceo recreativo con el objetivo de las certificadoras recreativas generalistas de lanzar al agua al mayor número de personas, en el menor tiempo, con el menor esfuerzo y al menor costo posibles. Y ello manteniendo prácticamente las mismas atribuciones que se conseguían cuando los cursos duraban varios meses y las pruebas eran mucho más exigentes.

La increíble popularización del buceo que se produjo es el mejor efecto de este sistema (además de la merecida rentabilidad para las certificadoras que lo impulsaron, claro) pero ello no está exento de problemas para sus buceadores certificados. Este sistema de formación masiva reducida se extendió también a la parte docente, instructores incluidos y no se identificó como un curso de iniciación limitada, como un primer paso o como introducción para bucear tutelado, sino que pretende abarcar todo el ámbito recreativo (y, ahora, parece que los primeros niveles del técnico, también). Una vez en posesión del carné de OWD (y quizá de AOWD), ya sólo es cuestión de bucear mucho, dicen.

Salvo que se haya caído en las manos de un instructor no formado en las certificadoras generalistas (generalmente del ámbito técnico) y que éste haya propiciado otro tipo de formación, lo que se ofrece al buceador después de la formación básica es una interminable, cara y a veces indescifrable retahíla de «especialidades» o lo-que-sea (AOWD o Advanced incluido) que están muy lejos de constituir un verdadero «corpus didáctico», amén de confiarse a una «experiencia» sin dirección, cuantificada en unidades de inmersiones y apoyada sólo en la exigua técnica del curso inicial.

Hay que mencionar en los pocos días que dura un curso básico no hay apenas tiempo para que el instructor imparta sino los mínimos que los estándares de su certificadora le impone. Cabe suponer que, si sobrara tiempo, lo que se hubiera hecho es reducir la duración del curso y quizá su costo. No sobra. Todo está perfectamente medido y aquilatado.

Así, si ese instructor deseara impartir más conocimiento o más práctica, sería generalmente a costa de aumentar el tiempo del curso y su costo (que alguien tendría que asumir, bien el alumno o bien él mismo). Además de ello, muchos instructores consideran mejores otras configuraciones no contempladas por las certificadoras, por lo que enseñar con ellas en algunos casos sí supone una quiebra de los estándares a los que están obligados, quedando sujetos a posibles sanciones. Salirse de un sistema tan medido económicamente, en materia a enseñar y en tiempo, es complicado si uno quiere ser «competitivo» y no quedarse fuera del mercado.

Para los que tengan interés en aprender más, los foros, blogs (incluido éste) y demás redes sociales serán su única fuente de información con todas las limitaciones que estos medios comportan. Tampoco nada que ver con una enseñanza reglada de verdad.

Sin duda nuestro buceador mejorará muy poco a poco, lo que le animará a realizar inmersiones en todo el rango recreativo que la ley y su seguro le permitan y, frecuentemente, más allá. Mucho más que los límites recomendados por las agencias de enseñanza e, incluso, de los que la ley establece.

Con el tiempo suficiente -mucho tiempo-, podrá acabar buceando razonablemente. Posiblemente si le pone empeño y hay continuidad, bastante bien. Y ello colmará sus aspiraciones en el ámbito recreativo. Pero el autodidactismo, por muy meritorio que a veces pueda ser, no deja de ser un paradigma de ineficiencia.

Si el lector juega al tenis sabrá que un autodidacta que lleve muchos años jugando puede llegar a ganar y sacar de quicio a jugadores con más técnica pero menos horas de pista que él . Pero pasar de cierto nivel, incluso en las categorías inferiores, es completamente imposible si no se han recibido clases de profesionales competentes. En el buceo pasa lo mismo.

En resumen, sin ayuda ni dirección, lo que espera es un auténtico vacío de formación que el buceador que desea progresar deberá rellenar malamente y por sus propios medios.

Descartada la vía de las «especialidades» y a falta de otra alternativa en el ámbito recreativo, para obtener la formación necesaria – tanto teórica, como práctica -, no hay más remedio que acudir allá donde ésta se imparta.

Ese lugar se encuentra lejos y se le denomina con un término que no tiene porqué atraer a todo el mundo: los cursos de Introducción al Buceo Técnico.

«Pero … ¡si yo no quiero hacer buceo técnico!«, es la lógica y frecuente respuesta que suele seguir a esta afirmación.

Lo que hay que explicar a la «víctima» ─ también denominado compañero ─ es que dichos cursos están concebidos para dotar al estudiante recreativo de un nivel mínimo que le permita acceder con cierta garantía a los cursos técnicos «de verdad». Recuperarlo o rehabilitarlo del buceo recreativo.

Para ello, estos cursos de introducción se limitan a conocimientos (aunque esto a veces deja algo que desear) y habilidades necesarios para conseguir un aceptable nivel de buceo real. Pero, sobre todo y lo que es más importante, después de este tipo de cursos «la cabeza hace click» y el buceo se ve de otra manera muy distinta.

Pero, volviendo a la inmensa generalidad, después de cursar los cursos introductorios al técnico, el buceador tendrá dos opciones: podrá permanecer en el buceo recreativo (quizá ampliado a descompresiones cortas) o bien continuar su formación hacia las cuevas, el buceo con descompresión programada, los gases la profundidad y tipos de buceo mucho más complejos. Lo que desee.

Si decide no proseguir en el tortuoso camino técnico, se llevará de vuelta al buceo recreativo puro una técnica, unos conocimientos, unas habilidades y unos protocolos imposibles de conseguir siguiendo la senda recreativa actual. Y buceará con mucho mayor control, seguridad, conocimiento y disfrute.

Esto es lo que debiera haberle ofrecido el buceo recreativo si hubiera estado estructurado de otra manera.

«No hace falta ser un navy seal para para practicar buceo recreativo, objetivo que buscamos la inmensa mayoría. (…) y nunca se me ocurriría a día de hoy, hacer un buceo sin guía, que requiera un poco más de destreza que la que tiene un novato.«, escribía en la sección de Comentarios un amable lector de este blog hace sólo unos pocos días. Efectivamente, para permanecer en el nivel más básico, sin techo y siempre tutelado por un guía o instructor, no hace falta lo que se propone (que no es ni de lejos convertirse en un navy seal). Ni lo que se propone, ni casi nada para ser sinceros.

Y por supuesto nadie discute esta opción y menos niega el derecho de cada cual a permanecer indefinidamente en esa situación, deseablemente si la decisión se toma con suficiente perspectiva y criterio. Es precisamente lo que sustenta el sistema actual.

Pero hay mucha otra gente que sí quiere progresar, generalmente sin tener todavía un objetivo concreto más allá de emular a buceadores mucho más formados con los que ha coincidido. Para estos últimos se escribe este artículo aunque también es cierto que es difícil tener una mínima perspectiva desde la formación básica y no es nada improbable que nuestro amigo lector acabe cambiando de idea conforme avance en la actividad.

Pero, a falta de otra alternativas, la solución que se sugiere no está exenta de problemas. Porque, dependiendo de las certificadoras técnicas, estos cursos ni son tan sencillos de encontrar y cursar, ni se aprueban tan fácilmente. Y, además, también están condicionados por el sacrosanto mercado y las posibilidades de tiempo y dinero de sus potenciales asistentes.

Si se quieren seguir los pasos indicados, a la hora de elegir certificadora que ofrezcan cursos introductorios al buceo técnico hay dos posibilidades:

  • seguir con las certificadoras de enseñanza recreativa al uso, con las que se ha obtenido la formación básica y que están expandiendo su negocio hacia el nuevo nicho de mercado que han descubierto en el buceo técnico (en principio dando igual cambiar entre ellas y cuál);
  • o bien dirigirse a certificadoras (mucho más pequeñas y minoritarias) que siempre se han dedicado casi en exclusiva al buceo técnico.

Hay una gran diferencia entre estas dos posibilidades por lo que a continuación se expondrá razonadamente, siendo indiferente si el buceador candidato quiere proseguir en el buceo técnico posteriormente, o no.

Generalmente, en las certificadoras procedentes del buceo técnico los requisitos reales (al margen de los formales en cuanto a certificaciones previas, nº de inmersiones, pruebas físicas, etc.) son mucho más exigentes en cuanto a llegar con un mínimo de competencias y habilidades. Y éstas no se adquieren ni de lejos en la formación recreativa básica al uso.

Por ello, no tiene sentido llegar a un curso de cuatro o cinco días de introducción al buceo técnico aleteando sólo con patada de rana recreativa ─ incluso en el improbable caso de que se realice aceptablemente ─ para pasarse la mayor parte de su duración aprendiendo los rudimentos de la patada de rana. Sería un desperdicio absurdo, además de una pérdida de tiempo y dinero. Lo mismo pasa con la flotabilidad, el manejo del equipamiento no recreativo, etc. Con todo.

Hay que llegar con otros mínimos. Y si se insiste en el error, el fracaso estará asegurado durante muchos intentos, al menos en las certificadoras técnicas serias (porque también hay por ahí alguna a la que habría que echar de comer aparte …).

En cambio, los cursos introductorios al buceo técnico impartidos por las certificadoras recreativas parten necesariamente de las habilidades que se aprenden en sus cursos básicos. No hacerlo sería negar su propio sistema. Pero el planteamiento del curso y su resultado serán MUY distintos por fuerza.

Quien esto escribe ha visto instructores TEC de origen recreativo posando orgullosos con alas montadas al revés, utilizando trajes secos sin latiguillo de inflado, etapas mal configuradas y con etiquetas de gas erróneamente hechas. Ello, sin mencionar más que dudosas habilidades y conocimientos. (Todo esto, además de erróneo y de ser un indicador del problema, sobre todo es peligroso).

Y también dar este tipo de cursos de rodillas en el fondo. O bajar y subir en las inmersiones de profundidad exclusivamente por el cabo. Y muchos más dislates similares. Da la impresión de que a muchos de ellos sus certificadoras les han regalado la habilitación para impartir cursos de iniciación técnica. Y a lo peor no es una impresión.

¿Qué van a hacer los alumnos que llegan desde las propias formaciones básicas de esas mismas certificadoras? ¿tener una flotabilidad impecable? ¿saber los rudimentos de unas patadas que no han aprendido ni practicado en ellas?

Obviamente estos cursos se tendrán que adaptar a esta insuficiente situación de partida por la sencilla razón de que las certificadoras recreativas no se pueden negarse a sí mismas diciéndoles a sus alumnos algo como: «Esto es muy distinto, aprenderás a bucear de verdad y a ser un buceador autosuficiente pero lo que has hecho hasta ahora no sólo no te sirve para gran cosa, sino que tendrás que emplear mucho tiempo en quitarte vicios y memorias musculares fijadas en tu cabeza quizá ya en las muchas inmersiones que has hecho para adquirir la experiencia que te garantizamos en su día que era la clave de tu progreso».

No lo van a hacer, ¿verdad? Mejor dar por bueno lo anterior y adaptar o rebajar los «cursos técnicos» a ese nivel.

Hay que mencionar que en los últimos tiempos y debido a que los buceadores que desean formarse con las certificadoras sólo técnicas no llegan con los niveles mínimos necesarios, éstas se han visto literalmente obligadas a implementar cursos recreativos en los que la formación es totalmente distinta a la que imparten las certificadoras generalistas. El lector podrá ver un ejemplo en este enlace.

Sin embargo, estos cursos son escasos y caros, están desapareciendo o ya han desaparecido porque no pueden competir ni en tiempo, ni en esfuerzo ni en precio con los cursos de las certificadoras al uso, imbatibles comercialmente.

También hay que mencionar que el Autor conoce algunos escasos instructores ─ todos sin excepción buceadores técnicos previamente ─ que, escandalizados por la situación, están tratando de hacer cursos competitivos de cuatro días que al menos doten a sus alumnos de una mínima flotabilidad y técnica. Los resultados de uno de estos intentos quizá sea objeto de un artículo próximamente. Pero siguen siendo cuatro días.

Estas opciones no se considera en este artículo como alternativa general, al menos por el momento.

La solución más razonable pasa por intentar hacer un curso de introducción al buceo técnico en una certificadora puramente técnica lo más seria posible (y cuanto más exigente, mejor), preparándose para ello con cierta antelación. Ya que se hace, mejor hacerlo bien. O lo mejor posible.

Y para esta preparación ─ que nunca debe ser autodidacta, sino muy dirigida ─, no hay más remedio que acudir a algún instructor técnico, club de buceo con posibilidades en este ámbito o amigo abnegado y facilón que sea buceador técnico procedente de certificadoras serias y pedirles a cualquiera de ellos entrenamiento previo, sea en el mar o en la piscina. Sin fecha de terminación y hasta que el requerido estime que se está en condiciones de abordar el curso que se pretende con unas mínimas garantías. Esto a veces lleva bastante tiempo, pero merece la pena.

Empezar a aprender lo que no se aprendió en su momento y quitarse vicios, cueste lo que cueste. No hay otra opción o, al menos, el Autor no la conoce.

De cualquier manera, el buceador que necesite este tipo de ayuda ─ remunerada o no ─, se sorprenderá de la cantidad de gente que le intentará ayudar en la medida de sus posibilidades. El problema es que todo esto es minoritario comparativamente a la facilidad de encontrar un centro recreativo debajo de cualquier piedra y puede ser relativamente sencillo o muy complicado dependiendo del lugar de residencia. Pero, aunque no es lo ideal, siempre se acaban encontrando soluciones si se buscan realmente.

Lo importante es entender que la solución para que el buceador recreativo aprenda y llegue a ser un buceador verdaderamente autosuficiente, por el momento y de manera general, no se encuentra en el propio buceo recreativo, sino en los cursos de iniciación al técnico impartidas por certificadoras puramente técnicas.

La solución propuesta no es sino un parche para poder progresar. Una solución de fortuna lejos de lo ideal habida cuenta de cómo está estructurada actualmente la enseñanza del buceo, más próxima a lo turístico y al negocio de masas ─ con sus innegables ventajas y logros ─ que a la propia formación del buceador autónomo.

¿Cómo debiera haber sido todo esto? ¿Podría cambiar? ¿Debe cambiar? Esto se abordará en la siguiente entrega de esta serie de artículos.

Más paciencia …

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Quo vadis, Open Water? –

Segunda parte: CÓMO NO CAER EN EL VACÍO FORMATIVO

  1. Muy buena esta nueva serie José, enhorabuena. Hay una posibilidad que mencionas (la ayuda de los amigos) que puede pasar por la pertenencia a determinados clubes de buceo (que no centros).
    Es muy frecuente que tras sacarse el OW no se conozca apenas a otros buceadores, por lo que hay gente que se adhiere a un club de buceo para seguir buceando. Si uno tiene la suerte de que ese club tenga esa sensibilidad hacia el buen buceo, o incluso al buceo técnico (esto ya es más difícil), ya tiene por lo menos el camino marcado, Y si en el club ya hay buceadores técnicos, todavía más. Porque si solo se bucea con otros principiantes o con guías como los que describes, es que no llegas ni a darte cuenta de que hay otra forma de bucear (buceo no turístico, como lo llamas).
    Quiero decir que los clubes de buceo no forman parte del itinerario formativo pero sin duda son prescriptores. Y por ahí hay una salida a la espiral que describías antes, siempre que uno quiera darse cuenta.
    Y hay clubes de buceo de todo tipo, solo hay que saber buscarlos. Aunque los que mas suenan son como prolongaciones de las certificadoras que mencionas, si es que no imparten cursos de las mismas directamente.
    Un saludo.

  2. Gran artículo como siempre! En mi caso sin ser buceador técnico, si aplico la filosofía DIR en mis buceos recreativos. Esto es consecuencia de haber tenido la gran suerte de cruzarme con un gran instructor y luego amigo que a base de muchos buceos y paciencia logré bucear de forma mas eficiente y segura.

    P.D. : estos artículos me recuerdan a las conversaciones que manteníamos día tras día mi amigo y yo, debatiendo configuraciones, métodos, etc. Ya no esta entre nosotros pero al menos me dejo un buen trim.

    Un saludo

  3. Un curso por si solo, por muy bien impartido y lleno de contenido, no asegura nada más allá de lo asimilado en ese momento.
    La experiencia me ha enseñado que por muchos cursos que se realicen si no se bucea y bucea y bucea… prefiero a un buzo con 2000 inmersiones en diferentes lugares a uno con 150 y superávit de titulaciones. Y no es que esté en contra de realizar cursos, pero nos es la panacea. Lo mismo lo aplico a conducir…

  4. Buenos días.
    Da gusto leer una y otra vez cosas sobre buceo escritas con conocimiento y sentido común. Y además con cuidado en lo que hace al estilo; que no es poco, no es poco.
    Estamos hablando de medidas desde (podríamos decir) el lado del mercado (oferta y demanda). Pero un servidor modestamente diría que resulta imprescindible la acción eficiente del regulador.
    Resulta difícil imaginar, por expresarlo con el ejemplo de otra actividad objetivamente de riesgo (mutatis mutandis), un tráfico de vehículos en las vías públicas mínimamente seguro sin una normativa razonablemente buena, y sin unas autoridades capaces de observar como evoluciona, y de vigilar y sancionar. No parecería razonable hacer descansar el asunto en una regulación no demasiado fina y las decisiones de empresas de transporte, conductores particulares y autoescuelas. La idea de que el mercado se autorregula es tan poco sensata como su contraria, la de que se puede prescindir de la competición y la expectativa de beneficio individual.
    En todo caso, el buceo se está convirtiendo (exagerando un poco, vale, vale) en casi un deporte de masas. Y una vez obtenida una titulación básica, cualquiera puede decidir que está capacitado para meterse en el agua desde la playa por su cuenta; o en una «caverna». Y nadie (nadie) registra, por ejemplo, ni mucho menos analiza datos de situaciones de riesgo que se resuelven bien por pura suerte, incidentes y accidentes de cualquier clase y gravedad. Pero ahí están; y probablemente se tienda a ocultarlos.
    Pues eso.
    Un cordial saludo.
    Santiago.

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