Haciendo fondos
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Este artículo arranca en uno anterior titulado «La coleta de Münchhausen: ELEGIR INSTRUCTOR DE BUCEO» en el que se apuntaba la idea de la importancia de la correlación entre el alumno, el instructor de buceo y la organización de enseñanza, poniendo en solfa la extendida idea de que lo único importante es el instructor.

Aunque el artículo se centraba en la contradicción que supone que el alumno tenga que elegir un buen instructor -habida cuenta de su falta de criterio para poder hacer esa elección- y de que ello pone de relieve la importancia de las organizaciones de enseñanza encargadas de acreditar la calidad de la enseñanza y, por ende, la de su instructor, las preguntas y comentarios recibidos sobre dicho artículo se han centrado en el último casi exclusivamente.

Dicha correlación va más allá de la simple relación económica, extendiéndose hasta lo que finalmente importa: la formación. Lo interesante y lo que será el motivo del presente artículo es que la formación no se restringe a la del alumno -que también-, sino que una de las variables de esta ecuación es precisamente la propia formación de los instructores. Esto es muy importante conocerlo para que todos sepamos dónde estamos, cosa que no siempre se explicita.

Es por ello que parece merecer la pena incidir en esta cuestión en la que se presenta al instructor de buceo como resultante de distintos tipos de formación, pero también del sistema masificado de enseñanza actual, con un poco más de pormenor.

Por el momento, nos limitaremos a enunciar algunos problemas compartidos con un buen amigo y buen instructor que vive este problema desde dentro, ya que el Autor no ha sido guiado por Neptuno a través de las procelosas aguas de la enseñanza del buceo, (para bien tanto de los nuevos buceadores, como de la ya precaria estabilidad mental de quien esto escribe).

Toda categorización y generalización comporta inexactitudes y probablemente cualquier instructor concreto no pueda ser encuadrado totalmente en una de las categorías que se mencionarán, pero sirven para poder entender la cuestión.

En cualquier caso, se reitera una vez más que este blog refleja la opinión RAZONADA de su Autor, que no pretende ni molestar ni convencer a nadie de nada, pero sí servir de punto de apoyo para que el lector se forme un criterio propio fundamentado.

Lo mollar: el alumno objetivo

Partamos de lo que debiera ser lo fundamental: ¿qué debe enseñar el instructor? ¿cuál es el propósito de la enseñanza que se imparte? Y sobre todo ¿qué tipo de buceador se pretende formar? ¿cuál es el alumno objetivo? Y en su caso, ¿en qué se diferencia de la enseñanza que se impartía en el pasado?

La respuesta a estas preguntas es fundamental para entender lo que ha ocurrido y está ocurriendo en el buceo recreativo. Y, entre otras cosas, afecta a la seguridad del buceador puesto que estructura completamente su formación y su trayectoria. Se trata de su formación básica, nada menos que, en contra de lo que mucha gente dedicada a la enseñanza entiende, no debiera ser algo a resolver posteriormente si no ha resultado suficiente.

Conceptualmente, esto es de lo que más discrepa el Autor respecto de la actual enseñanza del buceo recreativo al uso: se dan unas pinceladas para formar turistas subacuáticos dependientes y tutelados por un divemaster o un instructor en el seno de un centro, para luego dejarles solos tanto ante una «formación» nada clara que supuestamente complementaría lo aprendido, como ante la consabida repetición de errores sin supervisión a lo largo del tiempo que muchos llaman «experiencia» (ya se trató este asunto en un artículo titulado: «EXPERIENCIA Y EL AUTODIDACTISMO EN EL BUCEO RECREATIVO«).

Por el contrario, el Autor considera la formación básica como algo cuyo propósito debiera ser el dotar de unos fundamentos (teóricos y prácticos) sólidos y permanentes (aunque siempre sean mejorables).

Puede aceptarse que el OWD sea algo introductorio a fin de probar y popularizar el buceo. Desde luego, funciona y muy bien. Pero algo falla cuando una gran mayoría de buceadores permanecen -frecuentemente para siempre- con el nivel y los exiguos conocimientos que se les imparte en ese curso, confiando su evolución únicamente al número de inmersiones y a unas más que dudosas «especialidades», «aventuras» o como quiera que cada organización llame a ese innumerable batiburrillo docente aglutinado bajo la equívoca denominación de «Avanzado –Advanced-«, tan lejano de una formación real. (Al respecto, el lector puede acudir a otro artículo anterior llamado: «Los caminos para aprender a bucear. Segunda parte: LA «OPCIÓN INEVITABLE»«).

Echando la vista atrás

No hace tanto tiempo los instructores de buceo procedían generalmente del ámbito militar. Ello condicionaba enormemente la formación de los nuevos alumnos tanto en técnicas como en mentalidad. Los cursos no tenían nada que ver con los actuales. Eran cursos mucho más reducidos, mucho más duros, mucho más extensos y finalmente mucho más exigentes, especialmente en lo tocante a lo físico.

Hay que decir también que muchas de estas exigencias se revelan ahora fuera de lugar, por no decir absurdas: escapes libres, ejercicios en apnea quitándose el equipo, ejercicios de resistencia natatoria como si de la travesía del Estrecho se tratara, etc. Alguna quizá pudo tener algún sentido en el ámbito militar, pero no lo tenían ni tienen en el ámbito recreativo.

Sin embargo, el buceador objetivo de la formación que se daba era un buceador autónomo no destinado a bucear guiado en grupo. Quien decidía invertir considerable tiempo, esfuerzo y dinero no era para hacer unas pocas inmersiones veraniegas grupales y guiadas, ya que hubiera carecido de sentido. No existían los «vida-a-bordo», los viajes organizados de buceo, ni las vacaciones en resorts de las Maldivas. Y muy pocos centros de buceo.

Por ello, el buceador invertía a veces meses y acababa su formación básica con muchas horas de entrenamiento y preparación, pudiendo hablarse razonablemente de un buceador autónomo. En evolución, pero autónomo. Así, el buceo era algo mucho más individual (aunque supervisado por una tutela estatal que todavía hoy no ha desaparecido). Más «aventurero» y mucho menos aceptado como actividad lúdica y turística de lo que es ahora.

Posteriormente, se fueron incorporando instructores que, sin pertenecer a ese mundo militar, eran los herederos de esa mentalidad puesto que fueron formados por los primeros. La centralización de la enseñanza del buceo en España articulada en torno a la Federación Española de Actividades Subacuáticas (F.E.D.A.S.) uniformaban dicha enseñanza. Pero ya no era lo mismo.

Poco a poco, la introducción del buceo recreativo tal y como lo entendemos ahora y sobre todo de las organizaciones internacionales de enseñanza se fue entreverando con dicha formación federativa centralizada y acabó imponiéndose muy rápidamente.

Los cursos ya eran como los conocemos ahora y la Federación no tuvo más remedio que adaptarse a ellos (no consta si con agrado, con disgusto -o ambos-, pero con cierta resistencia a perder protagonismo en un ámbito que hasta entonces controlaban totalmente).

Obviamente un curso que duraba a veces meses no podía competir con otros ofrecidos que duraban apenas cuatro días, con aprobado prácticamente garantizado y a un costo notablemente inferior. Aunque también hay que decir que el resultado no era ni de lejos el mismo. Ni el buceador objetivo, ni el tiempo, ni el costo, ni el esfuerzo requerido eran ni remotamente parecidos.

La actualidad

Como se ha dicho, la aparición de las organizaciones de enseñanza norteamericanas y multinacionales, cambió el panorama radicalmente. Proliferaron los centros de buceo, se abarataron los viajes y el escaso equipamiento disponible se desarrolló exponencialmente. Los cursos eran muchísimo más accesibles (en tiempo, exigencia, facilidad y economía) y poco a poco el buceo recreativo fue virando hacia aspectos más turísticos y grupales.

Consecuentemente, la formación necesaria para pasear por el nuevo paisaje ya no era la misma. Porque el objetivo de la formación se trastocó en lanzar al agua al mayor número de personas con el menor costo y lo más rápidamente posible.

La necesidad de que el curso básico estuviera reducido al mínimo imprescindible para respirar debajo del agua -y poco más- provocó una fragmentación de la antigua formación que resultó muy conveniente y rentable. Lo que antes constituía la totalidad de la formación básica fue fragmentada en innumerables cursos, «especialidades», «aventuras» y otras denominaciones que a juicio del Autor no merecen la calificación de cursos.

Esto tuvo un innegable efecto positivo que se ha mencionado numerosas veces en este blog: el de popularizar el buceo a niveles inimaginables. Y también desaparecieron ejercicios y requerimientos que no tenían sentido.

Pero, al igual que se redujo la exigencia para el alumno, también se redujo para el profesor. Había que alimentar la enorme demanda de instructores y divemasters para lo cual también se redujeron los requisitos de acceso a estos niveles cuyo propósito se circunscribía a la formación para el OWD y las posteriores … «especialidades» -o lo que sean-.

Si el objetivo es formar en cuatro días a una persona para que vaya en grupo, tutelado, para luego proseguir con los innumerables «cursos», cursillos y cursetes que podrían seguir, lo requerido para formar va en consonancia con la formación que se va a impartir.

Y entonces, a juicio del Autor, nos encontramos con una nueva hornada -ahora mayoritaria- de instructores formados por las agencias de enseñanza principales con requisitos para este propósito turístico-recreativo, conviviendo con instructores veteranos que tienen otra formación -y otra mentalidad- y con instructores procedentes del buceo técnico.

El Instructor de buceo como ¿»víctima»?

El contexto o la recogida de la fresa

España no es un país que destaque precisamente por el aprecio de la calidad.

El buceo es percibido como una actividad cara (aunque esto siempre sea relativo respecto del poder adquisitivo del opinante) y el usuario suele exigir precios por inmersión lo más bajos posibles. La competencia es feroz.

Al mismo tiempo, el usuario puede ver cómo los instructores de prácticamente cualquier centro acarrean botellas, las llenan, reparten el equipo de alquiler y lo manipulan, hacen labores administrativas, llevan y traen a la clientela en furgonetas, a veces patronean la embarcación (dejándola a veces solo durante la asignación ya que ellos también hacen de instructor o guía) y hasta barren, limpian o realizan cualquier otra faena que sea necesaria. Muy habitualmente el dueño del centro es el único trabajador y lo hace absolutamente todo: administrativo, instructor, chófer, …

En resumen, la vida del instructor de buceo es una actividad que, aunque suela ser de temporada, es extenuante y por ello casi reservada a gente joven y frecuentemente recién formada. O a quien haya hecho de ella su sustento. Si no se es joven y entusiasta o se depende de ella, no se aguanta semejante ritmo … haciendo dos, tres o más inmersiones diarias, además.

Esto es muy obvio y provoca protestas por parte incluso de los usuarios. Esos mismos usuarios que protestan airadamente cuando se sube el precio de la inmersión y que acuden a otro centro apenas unos pocos euros más barato. Una auténtica «Uberización» de esta actividad, afectada como muchas otras (que acabaremos pagando todos muy caro puesto que exigir precios chinos implica acabar viviendo todos como los chinos).

Sin embargo, el centro está sometido a un temporalidad extrema -salvo contados lugares de España-, a una jungla de exigente legislación laboral y de todo tipo, de reglamentación de seguridad, a adquirir, mantener y renovar equipamiento, a multitud de seguros, está expuesto a averías continuas, a sufragar innumerables costes administrativos y de gestión, impuestos, vehículos, …

Y a todo lo que lleva aparejado -nunca mejor dicho- los barcos, de los que ni hablamos habida cuenta de los infinitos requerimientos que la Dirección General de la Marina Mercante tiene a bien exigir en este país y que cualquier armador de embarcación con bandera española conoce y sufre -y más si está en la Lista 6° (barcos de recreo destinados a fines lucrativos comerciales)-.

Así, sueldos decentes y trabajo restringido a la labor propia del instructor son muy difíciles de conseguir. Si se añade el factor alojamiento de temporada, todo empeora. ¿Cuánto se puede pagar al personal y cuántos cursos hay que vender anualmente para poder sostener una infraestructura así? Generalmente el dueño de un centro de buceo no es más que un superviviente.

Quizá el lector este pensando que nadie es obligado a montar un centro de buceo. Y es verdad. La explicación de que existan tantos es que hay mucha gente a la que le gusta bucear y que sublima la actividad aspirando a dedicarse en exclusiva y a vivir de ella. La probabilidad de pervivencia es bajísima pero esto explica su proliferación por todo el territorio nacional.

En este contexto un instructor con cierto bagaje y que hable idiomas no es infrecuente que acabe trabajando en el extranjero donde los precios por inmersión son más altos, la temporalidad menor y quizá el costo de vida más bajo. O se dedica a tiempo parcial –freelance-, viviendo de otra profesión.

Cierto es que existen unos pocos centros que funcionan de una manera más holgada. Frecuentemente se debe a que están en zonas turísticas donde la afluencia de extranjeros con mayor poder adquisitivo -y diferente mentalidad y aprecio por el servicio que pagan- es alta, donde la temporalidad es menor o donde se dan circunstancias excepcionales. Pero ni de lejos es la regla.

En general y con contadas excepciones, al Autor le parece mucho más rentable dedicarse a la recogida de la fresa. Éste es el difícil contexto en el que se desarrolla la actividad del buceo en España y del que TODOS los instructores son víctimas.

La formación del formador y su objeto.

Es difícil y puede resultar injusto emitir un juicio uniforme sobre cualquier colectivo numeroso.

Por ello, el Autor pide anticipadas disculpas hacia quien se considere aludido pero no incluido en lo que se diga.

Analicemos el calificativo «víctima» desde los tres grupos fundamentales de instructores en los que en Autor divide a estos enseñantes: los formados a la antigua usanza, los procedentes del buceo técnico y la nueva hornada formada por las asociaciones masivas de buceo recreativo.

Estos tres grupos no son estancos sino que se formalizan en este texto a efectos meramente comprensivos.

Los tres conviven y, lo más importante, generalmente lo hacen todos bajo el mismo paraguas del -casi- único sistema posible, por todos conocido, adscritos a la agencias multinacionales de enseñanza del buceo recreativo que se han impuesto comercialmente y contra los cuales es casi imposible competir ofreciendo algo diferente. No hay escapatoria posible salvo la analizada en otros artículos anteriores, que ni de lejos llega a poder a acercarse siquiera en número con éstas.

Y cada uno es «víctima» de manera distinta:

1- Los instructores formados «a la antigua usanza».

La impresión es que, aunque muchos se adaptan a las nuevas y reducidas exigencias en tiempo, costo y calidad de la enseñanza, el contraste entre la formación que recibieron y la que imparten es patente y, por ello, no es infrecuente que muchos prolonguen los raquíticos estándares que sus agencias de enseñanza les imponen, generalmente extendiendo el escasísimo tiempo de formación que les marcan las organizaciones a las cuales están adscritos, enseñando materias que les parecen importantes pero que no están contenidas en los exiguos temarios «oficiales».

Y, como se ha dicho ya en otros artículos anteriores, lo hacen a costa de su propio tiempo y dinero, lo cual es encomiable.

Sin duda aprecian la actividad de buceo en sí misma y probablemente echen de menos el concepto de formar verdaderos buceadores -a su manera ya que continúan y perpetúan a menudo la enseñanza que ellos recibieron-, no conformándose con exiguas migajas turístico-formativas. El aprecio y respeto para ellos de quien esto escribe.

2- Los instructores formados en el buceo técnico.

Nos referiremos aquí a los que han sido formados en los nuevos procedimientos de buceo, no los que lo fueron como extensión de la formación «antigua» (incluidos por ello en el epígrafe anterior).

En este caso, el contraste entre lo que recibieron y lo que las agencias a las que están adscritos les obligan a impartir es mucho más acusado. Por ello, muchos tratan de modificar, adaptar e incorporar configuraciones mejores y más avanzadas o enseñando habilidades, materias y fundamento teóricos y prácticos más sólidos.

Pero ello no está exento de dificultades ya que las agencias de buceo recreativo masivas no solamente no promueven esto, sino que sus sistemas suelen imponer restricciones y limitaciones al desempeño formativo y pedagógico de estos instructores dispuestos siempre a dar más por el mismo precio, teniendo que ocultar que vulneran sus estándares formativos en tiempo y contenido, que como en toda franquicia, deben ser iguales en todas partes.

Ello frecuentemente significa «esconder» procedimientos y configuraciones a sus propias organizaciones. Y arriesgarse en alguna a sanciones o advertencias. Así, en estos meritorios casos, la organización sólo no ayuda, sino que frecuentemente obstaculiza. Este instructor enseña algo en lo que habitualmente no cree, cayendo en un estado permanente de una suerte de disonancia cognitiva (convivencia de ideas contradictorias y excluyentes entre sí en la misma cabeza y al mismo tiempo).

Muchos simplemente cambian de organización, adscribiéndose a otras más pequeñas pero más «permisivas», o bien acceden a niveles de enseñanza técnica (en la que los estándares no son tan «opresivos»). Al Autor le consta que algunos de ellos promueven fuertemente la evolución de los sistemas incluso desde dentro de las propias organizaciones, Federación Española de Actividades Subacuáticas incluida.

También la admiración y apoyo hacia todos ellos del Autor.

3- Los nuevos instructores formados en las agencias de enseñanza masiva.

Ésta es la ampliamente mayoritaria en la actualidad. En la formación que se les imparte se les orienta al recreativo básico con el objetivo de formar un buceador asimilado a lo turístico, que bucea generalmente en grupo y siempre en el ámbito de los centros.

Lamentablemente y con las debidas y meritorias excepciones -que las hay, aunque no dejan de ser excepciones-, hay que decir que, en la enseñanza del buceo recreativo al uso, el interés de las principales organizaciones de enseñanza es en gran medida económico, siendo la formación de cualquier nuevo instructor más cercana a un curso de ventas que a un curso de docencia. Si el lector ha pasado por uno de estos cursos y es sincero consigo mismo, probablemente esté asintiendo con la cabeza al leer estas líneas.

Es notable la importancia que se le da en dichos cursos al «trato al cliente» y a vender cursos y material. También es muy notable las carencias teóricas y prácticas sobre buceo, en comparación con las formaciones pretéritas. Esto es constatado -con pena- año tras año por el Autor conociendo el desempeño de instructores procedentes de cualquier parte del mundo. No es un fenómeno español solamente.

Algo que el Autor también contrasta año tras año en los contactos que tiene con instructores nuevos es un habitual desentendimiento -cuando no ignorancia- del buceo técnico, que es entendido por ellos frecuentemente como algo ajeno, cuyas habilidades y conocimientos no son de aplicación al recreativo ya que creen que por encima de un Advanced diver o de un nitrox diver, o del nivel de instructor (o «Buceador Líder», según la ISO-UNE) sólo queda el mundo profesional.

Curiosa idea derivada de la consideración de la categoría de Instructor como la cima en el buceo, lo cual les conduce a pensar que, por encima de ellos, ya no queda nada, salvo evaluar a otros instructores. Esto es obviamente algo falso que muchos constatan posteriormente, pero pocos dan el salto porque, simplemente, no les hace falta ni se les exige para su carrera profesional.

Además y aunque se menciona el buceo técnico en los manuales, es creencia habitual que las habilidades de técnico son sólo del técnico y sin aplicación para un OWD. Se percibe el técnico sólo como un nuevo nicho de mercado más, hasta ahora muy minoritario, al que accederán quizá automáticamente. (Sí, querido lector, aunque parezca increíble, algunas organizaciones internacionales regalan literalmente las certificaciones para enseñar buceo técnico a sus instructores afiliados recreativos sin formación para ello por medio).

«From zero to hero«

Un curioso fenómeno muy frecuente es el que en la jerga se denomina con la expresión inglesa From Zero To Hero («De Cero a Héroe») consistente en que un buceador viaje a un centro determinado pasando una temporada completa en dicho centro cursando y obteniendo de tirón todas las certificaciones y requisitos exigidos para llegar a ser instructor: OWD, Advanced, Rescue diver, Divemaster, … hasta instructor.

Uno detrás de otro, consecutivamente, sin espacio entre ellos y a veces solapados, tendremos a un nuevo divemaster, guía o, incluso, instructor formado en escasas semanas o meses, a veces desde que respiró bajo el agua por primera vez.

Esto es el colmo en la enseñanza del formador actual, quizá aceptable y conveniente desde el punto de vista de los objetivos de las agencias recreativas pero una impostura desde el punto de vista de la enseñanza del buceo real, en el que la verdadera experiencia cobra especial relevancia.

Busque el lector «From zero to hero» en Internet y descubrirá qué se ofrece explícitamente como procedimiento reglado para convertirse en instructor de buceo. Para que luego hagan de la «experiencia» el valor casi único en el buceo … ¿Con qué autoridad se podrá afirmar esto luego?

«Se busca instructor con idiomas» (no imprescindible bucear bien).

Si el lector aspira a llegar a ser un instructor de buceo recreativo que pueda vivir de su trabajo, se le sugiere desde este blog acudir a la escuela de idiomas en primer lugar. Los idiomas son el primer requisito para conseguir trabajo tanto en España, como en el extranjero. Lo de bucear … es secundario.

Si un instructor no habla como mínimo inglés con cierta fluidez, tendrá dificultades importantes para encontrar trabajo, aunque bucee como el mismísimo Poseidón. Don de gentes y varios idiomas por el contrario casi aseguran el trabajo, aunque aletee con las manos.

El que la competencia buceando sea secundaria a la hora de encontrar trabajo en un centro de buceo arroja mucha luz sobre el buceo turístico-recreativo. No olvidemos que estamos en un ámbito con un pie en lo turístico y otro en el buceo. Importante ser consciente de ello.

El instructor de instructores o la pescadilla que se muerde la cola

Generalmente no existe ninguna discontinuidad en el proceso por el que se llega a instructor de instructores. Por ello, pudiérase decir que estos adolecen de los mismos problemas que aquellos: nada hay que haga pensar que existe un salto cualitativo entre instructor e instructor de instructores. Es la misma cadena y procedimientos para el mismo objetivo. Sólo es un nivel más dentro de la misma dinámica.

A veces, la enseñanza del nuevo instructor se restringe a validar que el candidato tiene las habilidades requeridas. Pero no se dice cómo enseñarlas a otros (que sería lo fundamental). El Autor piensa que la Didáctica es una disciplina distinta a su materia impartida. Y cree que en el buceo no se aplica esto, habiéndose encontrado con instructores que hacen muy bien las cosas pero no tienen la más mínima formación ni sistemática para poder transmitirlas aceptablemente a otros.

De hecho, recientemente ha visto a un instructor de instructores que bucea estupendamente pero al que no votaría para presidir la comunidad de propietarios de su casa por la ausencia de organización mental que exhibía. Obviamente, en esas condiciones, no se puede enseñar nada, aunque se supiera hacer.

Resumidamente, en un curso de instructor de instructores mínimamente serio hay que llegar «sabido» y no acudir a aprender habilidades ni conocimientos porque debiera ser un aprendizaje de cómo enseñar algo que ya se sabe hacer perfectamente.

Corolario

El corolario de este artículo va a ser muy corto.

Es importante conocer las circunstancias en las que se produce la enseñanza del buceo recreativo en general, para tener alguna probabilidad de tomar las mejores decisiones de formación.

Y aquí el Autor se va a mojar: piensa que todo instructor, para serlo, debería tener conocimientos sólidos de buceo técnico. Obligatoriamente. Por conocimiento, por habilidades y, sobre todo, por mentalidad.

Y no hablemos de un instructor de instructores.

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6 comentarios sobre “

La formación del formador:

EL INSTRUCTOR DE BUCEO

  1. Saludos cordiales Coronel. Vaya por delante que no soy «víctima» profesional…, tan solo víctima (a mí parecer cada vez menos) mercantil. Y digo mercantil por que me da la sensación que el problema en el buceo recreativo es el enfoque que de le da. Enfoque desde todos los aspectos y que deja claro como bien comentabas que el objetivo es la masificación de la actividad sin ningún tipo de restricción ni miramiento secundario.
    Tan sólo una pequeña discrepancia con tu idea respecto a los fundamentos de solidez y permanencia del conocimiento que por supuesto siempre son mejorables y ampliables, pero que a mí entender el mayor porcentaje del peso de continuar creciendo e investigando recae en el alumno- buceador (gran descubrimiento este blog😉) y no en el instructor. Cierto es que en un curso de meses se queda más enraizado los conocimientos adquiridos que en otro de días…,pero mas tarde o mas temprano terminará ese curso y los posos tanto de unos como los de otros son los que alimentarán las ganas de ese crecimiento no profesional, si un poco más técnico del buceo.
    Buen azul a todos.

    1. Hola.

      Creo que no hay discrepancia, la verdad.
      Porque en cualquier profesión o actividad el papel del alumno en cuanto a desarrollar lo aprendido es obvio.
      Pero hay grados. Porque alguien formado sólidamente desarrollarà lo aprendido mucho más eficientemente que alguien al que se le han dado cuatro pinceladas y, además, incorrectas.

      En este último caso, más que hablar de desarrollo de lo aprendido hay que hablar de autodidactismo y de entrenamiento de errores.
      Y ése es el problema. No se enseña correctamente flotabilidad pero al terminar el curso se dice al alumno que ya la irá perfeccionando. ¿Cómo? ¿sin criterio ni dirección? ¿sin saber lastrarse correctamente ni distribuir su peso? ¿sin saber aletear bien? Eso sí, se le ofrece una «especialidad» de un día llamada «flotabilidad perfecta». Si uno no se lo toma sarcásticamente, es para llorar.

      Un saludo cordial y gracias por el comentario.

  2. Si señor, de lo mejor que he leído sobre el tema. Suscribo todo lo dicho ya que viví en mis propias carnes como instructor de temporada, el renunciar a dar cursos de buceo después de certificar un B3 con 6 semanas de curso y acabar discutiendo con el dueño del club, porque los cursos que yo daba no eran rentables. Lo siento pero preferí renuncia a formar a un B3 o Dive Master en 4 o 5 días.

    1. Soy un apasionado del buceo des de finales del 2019; fue cuando mis amigos me regalaron un “bautizo de buceo”.
      Salí en una nube, de la experiencia; y al día siguiente ya me estaba preparando para hacer mi OWD. Tuve la suerte de empezar en un centro que mira la seguridad y la formación por encima de “vender cursos”.
      Y tal es la relación alumno-instructor-centro; y tal la pasión que me han transmitido… que soy yo ahora el que está en el camino de llegar al nivel de instructor; y me da miedo ese hecho que comentáis, que este mundo se está volviendo comercial y que se prima más la venta de “cursos” o sacar un buen puñado de nuevos “buceadores” que de CREAR/FORMAR buceadores…
      Espero poder llegar a cumplir mi sueño, y que el centro que encuentre valore más el hecho de FORMAR que el hecho de vender…
      Nos vemos en el azul 👌🏻😁

      1. Hola, Eolo.

        La mejor recomendación sería la que se da en el Corolario del artículo: haz un curso serio de fundamentos de buceo técnico. Lo antes posible.
        Te cambiará TODO, pero lo más importante: la mentalidad. Verás el buceo de otra manera y nunca volverás atrás, aunque permanezcas en el recreativo como instructor o como buceador.
        Luego, ya te pelearás con el mundo de la docencia y de las certificadoras y tomarás tus decisiones.

        Buena suerte.
        G.

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