Bajando la escalera2
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El descenso en la inmersión no es sólo lograr bajar con la ayuda del lastre. Es mucho más.

Este artículo fue sugerido por un lector de este blog al que el Autor tuvo el placer de conocer personalmente. Con muy pocas inmersiones pero unas ganas de aprender y de entender encomiables, acosó literalmente con preguntas a quien esto escribe sobre este tema. Vaya dedicado este artículo a él y a los que, como él, no se conforman con parcas explicaciones de curso (es decir, a todos los lectores de este blog).

El comienzo

En superficie

Llevándose problemas desde el barco

Hay quien opina que el descenso es la fase de la inmersión dónde se originan más incidentes. Dada la dificultad de acceso a estadísticas de accidentes, el Autor no puede ni confirmarlo ni desmentirlo. Sin embargo es evidente que para muchos buceadores, supone un cierto trauma pasar de un medio (aire) a otro (agua) y que constantemente se ven problemas de todo tipo en esta primera fase de la inmersión.

Muchas veces las causas de dichos problemas se gestan en el barco, por lo que en distintos artículos de este blog se ha insistido en hacer las cosas de una determinada manera -ya desde que se llega al centro e, incluso, antes- para paliar o evitar todo aquello que pueda ser la causa de la más mínima perturbación en la ya de por sí traumática entrada en el agua. Tiempo suficiente, comprobaciones del equipo en diferentes fases, seguridad de que éste funciona, condiciones adecuadas en la inmersión, coordinación previa con los compañeros … casi todos los artículos de este blog rebosan de admoniciones sobre comportamientos incorrectos, para evitar problemas. Y todavía se escribirán algunos más.

Hay muchos instructores y guías que recomiendan que el momento de entrada en el agua sea lo más corto posible, zambulléndonos cuanto antes, para evitar que aquellas personas que se sientan inseguras sean conscientes de sus sensaciones y empiecen a agobiarse y a generar demasiado dióxido de carbono, que les hará respirar más superficial y rápidamente. «Pasar el trago» lo más rápidamente posible, pudiérase decir. Esta opinión se puede defender ante una superficie del mar movida y agresiva pero, en líneas generales, el Autor no puede estar más en desacuerdo con ella.

Por el contrario, cree que este consejo propendrá a llevarse el problema hacia el fondo, aumentando su magnitud y potencial peligro. Existen protocolos, procedimientos y técnicas que permiten que el buceador estar lo más tranquilo posible desde el momento de meter la cabeza en el agua, lo cual debiera ser el primer objetivo en toda inmersión. No se debería empezar ninguna inmersión con estrés. Nunca. Estas técnicas serán objeto de un próximo artículo.

La superficie marina «agresiva»

Los pilotos de avión suelen opinar que se sienten muy seguros al volar … mientras la tierra esté lejos. Efectivamente, las fases de despegue y aterrizaje son en general las más comprometidas y potencialmente peligrosas en cualquier vuelo.

Con el buceo pasa algo similar: todo va bien (salvo fallos catastróficos puntuales) mientras estemos alejados de la superficie. De hecho, parece que la mayor parte de los incidentes y accidentes graves se producen en los últimos metros cerca de la superficie o en ella misma.

Es por ello que, en general, se aprovechará una superficie calma para adaptarnos lo más posible a la transición aire-agua, haciendo las últimas comprobaciones, verificando el lastre y el resto del equipo, visualizando el comienzo de la inmersión, hablando con el compañero lo que sea preciso y otras acciones necesarias antes de sumergirnos. Y, sobre todo, tomarnos tiempo suficiente para adaptarnos y tranquilizarnos si lo precisáramos. Cuando quien esto escribe ha tenido que acompañar a alguien a quien le estresa entrar en el agua, si las condiciones lo han permitido ha permanecido con él en superficie «mareando la perdiz» hasta que literalmente la «víctima» se ha aburrido y ha sido ella la que ha pedido bajar de una vez.

Por el contrario, una superficie desapacible, con oleaje o corriente, no permitirá hacer este tipo de acciones, aumentando el malestar. En este caso sí se deberá reducir el tiempo de permanencia en superficie lo más posible, pero también deberemos haber realizado en el barco todo lo que no podremos hacer en ella. Tener esto en la cabeza y no tirarnos al agua siempre igual, como si las condiciones fueran las mismas, es importante.

La entrada en el agua

El innecesario «golpe de riñón»

Se denomina en la jerga «golpe de riñón» a una maniobra en la que el buceador, estando en la superficie, se coloca súbitamente cabeza abajo con el tronco sumergido, impulsándose hacia abajo en el mismo movimiento hasta que se sumergen las piernas y se puede aletear para ganar los pocos metros de profundidad necesarios (2 ó 3 m) para que el traje se comprima un poco y se pueda descender. En otras latitudes y países se denomina con nombre variados (hacer el pingüino, la maniobra del pato, la foca, etc.), generalmente aludiendo a bichos que utilizan métodos similares para hundirse.

"Golpe de riñón" de una foca
«Golpe de riñón» de una foca

Dicha maniobra generalmente se utiliza en apnea, pero también se suele ver en buceo autónomo.

Sin embargo, a juicio del Autor, en buceo autónomo no tiene el menor sentido por las razones que a continuación se dirán. El «golpe de riñón» es una consecuencia directa de un error previo.

En artículos anteriores se ha insistido en que el buceador debe ser neutro al final de la inmersión a pocos centímetros de la superficie. No ser neutros a 3 m o a 5 m, como se suele enseñar en los cursos y como unánimemente se recomienda en toda clase de libros o textos recreativos -e, incluso, técnicos-, sino casi tocando la superficie.

Se reiterará la razón de ello: ser neutro a 3 m o a 5 m de profundidad significa no serlo en el tramo comprendido entre esas cotas y la superficie. Y como quiera que es precisamente en ese tramo es donde se produce la mayor variación porcentual de presión por unidad de longitud (gradiente logarítmico), ello querrá decir que no podremos controlar el ascenso en el peor momento de la inmersión a esos efectos si ascendemos sin apenas gas (por ejemplo, donando).

El Autor se tira de los pelos -hasta el punto de ya no poder encontrarlos- cada vez que ve a alguien haciendo dócilmente la recomendada parada de seguridad -que le han enseñado que es tan vital hacer aunque sólo se recomiende (?)-, para luego salir desde esa cota como un misil hacia la superficie. Y la tricotilomanía se torna en furor incontrolable cuando escucha a algunos instructores defenderlo y recomendarlo. El lector puede leer extensamente acerca de todo esto en anteriores artículos, especialmente en los titulados: «Aquiles y la tortuga: REFLEXIONES SOBRE LA VELOCIDAD DE ASCENSO» y «Los porsiacasos subacuáticos: EL SENTIDO DE LA PARADA DE SEGURIDAD«.

En cualquier caso, se supone que el buceador es neutro, casi en superficie o, por lo menos e incorrectamente a 3 m o 5 m de profundidad. Pero también hay que recordar que lo es con la botella prácticamente vacía -no con 50 bar como también se enseña erróneamente en cursos y también se ha explicado- y que al comienzo de la inmersión, la tiene completamente llena. Y el peso del gas comprimido es considerable (ver también las distintas partes dedicadas a «LA FLOTABILIDAD DE LA BOTELLA DE BUCEO«.

Por tanto, el peso del gas que llevamos en ese momento es adicional a la situación de flotabilidad neutra que debiéramos tener una vez vaciado el chaleco o el ala si estuviéramos correctamente lastrados casi en superficie o debiera compensar al menos gran parte de la flotabilidad positiva que tuviéramos correspondiente a la diferencia entre los 3 m o 5 m en que somos neutros y la superficie, si nos lastramos incorrectamente como enseñan en los cursos.

También hay que recordar que el lastrado en la cota que sea se debe realizar con los pulmones en situación normal, no vacíos ni llenos. La razón es que se supone que en la parada o en el ascenso en general se debe poder respirar normalmente en todo momento. No es infrecuente ver a gente mal lastrada aguantando en la parada prácticamente en apnea para no irse a superficie.

Por todo ello, si se vacía convenientemente el chaleco o ala, el sólo peso del gas que se lleva a la espalda debiera ser más que suficiente para hundirnos. Si ello no fuera suficiente porque nuestra situación de neutralidad estuviera hubiera sido determinada a 5 m -por ejemplo-, un adicional vaciado completo de los pulmones debiera permitir el hundirnos sin el más mínimo problema.

Por todo lo dicho, si estuviéramos correctamente lastrados, ¿qué podría justificar la imposibilidad de hundirnos y, para conseguirlo, tener que dar un «golpe de riñón»?

Los errores que impiden hundirse

Querer y no querer hundirse

Esta aparente contradicción es casi universal cuando se aprende a bucear y nos ha pasado a todos al principio: queremos bajar al fondo, pero nos da miedo en mayor o menor medida. Queremos racionalmente pero el cuerpo pareciera que no quisiera porque pone en marcha mecanismos defensivos de manera automática.

Así, muchísima gente toma aire como medida precautoria inconscientemente y lo mantiene en los pulmones inevitablemente, no siendo capaz de exhalarlo. Incluso cuando se le dice que lo expulse y lo intenta, sólo lo hace en un pequeña proporción. El cuerpo sigue con sus actos reflejos precautorios por el estrés y mantiene gran parte los pulmones llenos defensivamente, contra la voluntad del buceador.

Tampoco es infrecuente observar cómo un buceador consigue sumergirse apenas un metro y vuelve a salir a superficie, no pudiendo continuar descendiendo. Ha metido la cabeza en el agua y se ha asustado o, al menos, ha inspirado del regulador defensivamente, no siendo capaz de mantener en apnea los pulmones vacíos el suficiente tiempo como para llegar a la profundidad en la que el traje se ha comprimido lo suficiente como para ser negativo.

No hay que preocuparse: es cuestión de práctica. Y también de conciencia de lo que ocurre.

El desequilibrio

También al principio, es infrecuente que un buceador novel pueda estar verticalmente en superficie sin mover sus aletas. Esto es normal habida cuenta de que no está acostumbrado a la distribución de pesos que provocan equipo y botella, desequilibrándole. Y ese desequilibrio lo compensa moviendo las aletas, a veces inconscientemente y muchas veces imperceptiblemente.

De hecho, el Autor ha grabado en vídeo las aletas de alguien con este problema que juraba y perjuraba estar totalmente inmóvil, con gran sorpresa final para su protagonista. Es un problema de percepción que, hasta que el sujeto no lo ve desde fuera por otros procedimientos, no toma conciencia de la realidad. (Sirva esta pequeña anécdota para poner en valor la grabación en vídeo como procedimiento didáctico. ¿Ha visto el lector utilizar una cámara para este propósito en algún curso recreativo al uso? El Autor, salvo excepciones que se salen de los estándares, tampoco. No hay tiempo para «nimiedades».

El incorrecto vaciado del dispositivo de flotabilidad

Sea por la posición desequilibrada, sea por la falta de práctica en la maniobra con la válvula de hinchado y deshinchado, por la percepción del vaciado, porque se acciona durante insuficiente tiempo y sólo cuando la cabeza está al aire, sin mantener presionado el correspondiente botón mientras uno se hunde, frecuentemente se vacía sólo parcialmente el dispositivo de flotabilidad.

La toma de conciencia de que al principio de la inmersión se debe vaciar TOTALMENTE, es importante y no se insiste lo que se debiera sobre esto en los cursos, a la vista de las habituales dificultades que se ven, a pesar de los también habituales sobre lastres dignos de un submarino nuclear que someten -y, lo que es peor, enseñan- muchos instructores a sus alumnos (afortunadamente, no todos).

La compensación de los oídos

Hay personas que presentan más dificultad que otras a la hora de compensar los oídos, sea por su estado de salud (acatarrados, alergias,…), sea por su fisiología ya que un determinado porcentaje de la población presenta un ángulo inadecuado en el conducto auditivo que le dificulta o incluso impide la compensación (aproximadamente esto ocurre en el 10% de la población).

Las maniobras necesarias para compensar a veces hacen que el buceador novel las realice violentamente, tomando demasiado aire apenas habiendo descendido algún metro, el cual le impulsa de nuevo hacia la superficie.

El viaje

«¡Os espero en el fondo!«

«¡Os espero en el fondo!» ¡Cuántas veces el lector habrá oído esta frase! El Autor, muchísimas y siempre con el mismo desagrado.

Y es que ¿tirarse sólo e irse al fondo sin esperar a los compañeros no es bucear en solitario en uno de los momentos más críticos?

Tirarse al agua y tener problemas con las juntas tóricas entre primera etapa y grifería, cinchas de botellas flojas, la habitual pérdida de máscara, deficiente lastrado, … o simplemente, nerviosismo extremo. Todos estos problemas han sido analizados en artículos anteriores, especialmente en los tres dedicados al «EQUIPAMIENTO Y COMPROBACIÓN DEL MATERIAL«.

Pero más crítico y habitual tirarse al agua con la botella cerrada o a medio abrir.

Puesto que hay quien verifica la presión de la botella, y ante un intervalo más o menos largo de espera, muchos buceadores cierran otra vez la grifería SIN PURGAR el latiguillo.
Una vez llegado al punto de inmersión, a veces olvidan abrir la grifería, comprueban que su regulador les da aire (el latiguillo presurizado contiene el suficiente para tres o cuatro bocanadas) y comienzan el descenso con la grifería cerrada, no teniendo aire ni para respirar ni para hinchar el chaleco o ala. Se dedicó un artículo completo a este asunto titulado «Como pollos sin cabeza: EQUIPAMIENTO Y COMPROBACIÓN DEL MATERIAL – Tercera parte: ABRIENDO LA BOTELLA«, que se recomienda releer.
En esos momentos, la ayuda del compañero como única fuente alternativa de aire, es vital. Si no se encuentra en emergencia de aire, algunos pueden alcanzar la superficie nadando y en flotabilidad claramente negativa. Otros, sólo tienen el recurso de tener alguien cerca para que les suministre aire.

La posición de descenso

De cabeza

Las focas se sumergen verticalmente de cabeza para maximizar su propulsión y minimizar su resistencia hidrodinámica al avance. Si lo hicieran en otra posición, tardarían mucho más en llegar a la profundidad pretendida.

Lo mismo pasa con el buceador humano. Pero, al contrario que estos otros animalitos y aunque alguno tengamos cierta similitud morfológica con ellas, no estamos adaptados de igual manera a la presión del medio.

Es por ello que bajar de cabeza propulsándonos con las aletas es incómodo, agresivo y tiene sentido únicamente ante algún tipo de urgencia que nos impela a llegar al fondo cuanto antes. Y esto puede tener consecuencias si lo hacemos demasiado rápido, como luego veremos.

Buceador descendiendo cabeza abajo
Buceador descendiendo cabeza abajo

Hay veces en las que no hay más remedio que hacerlo más o menos verticalmente al tenernos que impulsar «trepando» a la inversa por el cabo, especialmente si se va a ir profundo o hay mucha corriente. En posteriores párrafos se hablará un poco sobre cómo hay que hacer esto.

Pero quedémonos en que en buceo recreativo, no es recomendable el descenso de cabeza, viéndose frecuentemente en buceadores novatos bien porque no se es capaz de adquirir flotabilidad negativa y se requiere una enérgica impulsión con las piernas, bien porque tienen que descender rápidamente para no perder al resto del grupo o a su compañero que va por delante y ya se va perdiendo de vista (¡bendito buceo «en pareja»!), o bien porque simplemente lo han observado en otros buceadores «aguerridos» más avanzados.

De pie

Al contrario que el descenso cabeza abajo, bajar con las aletas por delante propende siempre a la deceleración. Máxima resistencia sin posibilidad de propulsión hacia abajo (aparte de la que se pueda ejercer con los brazos apoyándose del cabo).

Descenso por el cabo de pie
Descenso por el cabo de pie

Tiene la ventaja que se puede hacer paralelamente con el compañero -cosa importante-, de tal manera que no se le pierde de vista ante cualquier eventualidad.

También tiene la ventaja de que las manos no están tan condicionadas, de tal forma que la utilización de alguna de ellas para compensar o para donar el regulador o para cualquier otro propósito, es mucho más sencilla.

Muy natural y aconsejable para los que se inician y se ayudan del cabo, tiene el inconveniente de que se pierde la visión continua del fondo (ventaja para algunos que les pone nerviosos no verlo). No tan natural si se hace sin la ayuda de un cabo.

«El paracaidista»

Posición de "paracaidista" al descender
Posición de «paracaidista» al descender

Postura generalmente realizada sin ayuda de cabo. Maximiza la resistencia a la caída. Muy placentera, es la preferida de muchos buceadores cuando no hay corriente fuerte.

Debiera realizarse el paralelo con el compañero, cara a cara o en triángulo si se va acompañado de dos compañeros más, pero muy raramente se ve esto porque se requiere un buen control de la flotabilidad y técnica, infrecuente en el buceo recreativo.

Cuando no se ve el fondo

En muchas ocasiones, bien porque la visibilidad no es buena, bien por la distancia, el fondo no se ve desde la superficie. Si, además, tampoco hay paredes próximas u otras referencias visuales, esto pone muy nerviosos a muchos buceadores, que lo perciben como algo muy amenazante.

Obviamente, si se va a bucear en un lugar en estas condiciones, es imprescindible hablar esto antes (incluso en superficie), intentando previsualizar el descenso sin referencias y determinando claramente la cota esperada para el fondo. Es aconsejable bajar lentamente controlando la profundidad y la propia respiración. Y si en las proximidades de la cota prevista para encontrar el fondo, éste no aparece, no seguir ciegamente, sino pararse y abortar la inmersión porque probablemente no se esté en el lugar en el que se creía. No pasa nada.

Cabo sí … cabo no

Cuando se empieza a bucear, todo el mundo utiliza el cabo para descender. Sin excepciones. El control de la flotabilidad y del equilibrio todavía no son buenos y el cabo ofrece un punto de apoyo y una cierta seguridad, independientemente de las condiciones.

Sin embargo, pasado el tiempo y mejorada la técnica, se puede observar que mucha gente intenta bajar sin la ayuda del cabo.

Pudiéramos decir que hay circunstancias adversas (como corrientes fuertes) en las que el cabo se vuelve imprescindible para todo tipo de buceadores, con técnica o sin ella.

Sin embargo desde estas páginas se anima al lector a que intente bajar y subir sin el apoyo del cabo. Que lo haga consciente y prudentemente pero de tal manera que esté siempre a su alcance para en un momento de necesidad poder asirse a él. Es simplemente un ejercicio y una manera de mejorar.

La manera correcta de bajar por el cabo con corriente fuerte

Hay muy poca gente que baje ayudándose del cabo con la técnica adecuada en caso de corriente muy fuerte.

Usualmente el buceador se agarra al cabo con las dos manos en posición más o menos horizontal, agarrado de él y comienza a «trepar inversamente» para descender ayudándose de él.

Como normalmente el cabo del que el buceador se ayuda es el de fondeo de su embarcación, en caso de corriente fuerte la línea presentará un ángulo en la dirección de la corriente que será más inclinado cuanta mayor sea la fuerza de ésta. Efectivamente, la corriente tenderá a desplazar la embarcación alejándola del punto de fondeo. En este caso el buceador que se agarre al cabo y por alguna razón pierda el asidero, se verá desplazado y alejado de él por la corriente y probablemente le sea imposible volver a asirse, perdiéndose quizá en medio del azul en una situación potencialmente muy peligrosa.

Manera incorrecta de bajar con corriente
Manera incorrecta de bajar con corriente

En la fotografía se puede observar un descenso en una zona sin abrigo con mucha corriente (a juzgar por la horizontalidad de las burbujas) en el que los buceadores se agarran al cabo con sus manos , quedando sus cuerpos por detrás de éste en dirección a la corriente. Un resbalón, quitar una mano para hacer una maniobre de Valsalva, intentar recolocar algo del equipo o ayudar a un compañero puede provocar que se pierda el asidero de tal forma que la corriente desplace al buceador del cabo, siendo imposible volver a él y alejándose en medio del azul que, como se dice, es una situación potencialmente MUY peligrosa.

Menos incorrecta
Descenso de una pareja en el que uno pasa el cabo por su axila

En esta fotografía se aprecia a una pareja descendiendo en la que uno de ellos (el de la derecha) se agarra al cabo pero pasándolo por su axila derecha. Si bien esta manera es algo más segura que la anterior, también es susceptible de tener los mismos problemas.

Sin embargo hay una manera más correcta.

Es preferible bajar ayudándose de las manos pero con el cuerpo por delante del cabo, quedando éste situado entre las piernas. A horcajadas del cabo, pudiérase decir.

De esta manera, si por alguna razón se pierde el contacto entre la mano y el cabo, la corriente tenderá a desplazar el cuerpo del buceador hacia el cabo haciendo éste de tope y no perderá nunca contacto con él.

Cabo correcto
Bajando por el cabo con corriente fuerte correctamente

Esta posición no impide en absoluto aletear, no requieren ningún aprendizaje ni práctica especial y simplemente hay que ser consciente del problema y hacerlo.

Velocidad de descenso

Bajar rápido significa también que la compresión será rápida. Entre los buceadores experimentados hay un cierto acuerdo en que la narcosis aumenta si lo hace la velocidad de descenso. A pesar de ser un hecho generalmente aceptado, el Autor no ha podido encontrar ningún estudio que respalde esta afirmación (lo cual no es extraño, habida cuenta de la dificultad de medir objetivamente el fenómeno, tal como se describió en el pasado artículo sobre la narcosis «La Narcosis en el buceo: GASES Y DROGAS«).

Aceptando este hecho, sería deseable un descenso progresivo que permitiera una compresión gradual.

Velocidad de descenso ¿constante?

Hay que saber que el estándar de velocidad de bajada es de 15-20 m por minuto según las principales agencias de enseñanza. Más o menos el doble que la velocidad máxima de ascenso (regla mnemotécnica para que el lector lo recuerde fácilmente). Y, como en el ascenso, dicha velocidad máxima se enseña como velocidad constante, sea cual sea el tramo de profundidades.

Sin embargo, hay circunstancias que aconsejan superar esa velocidad, como por ejemplo bucear en zonas de fuertes corrientes sin protección de paredes, ya que cuanto menos tiempo esté expuesto el buceador en la zona desprotegida, mejor. Hasta que llegue al fondo o al abrigo de algún accidente del terreno sumergido.

Normalmente y si no se hinchan los pulmones o el dispositivo de flotabilidad (aún más cuando se va sobre lastrado), el buceador iniciará el descenso a poca velocidad pero su traje se comprimirá cada vez más y la inercia de su masa propenderá a aumentar su cantidad de movimiento y a acelerarle progresivamente.

De manera similar a lo afirmado en el pasado artículo «Reflexiones sobre la velocidad de ascenso» y aun siendo la compresión un fenómeno opuesto a la descompresión y mucho menos crítico, parece razonable pensar que, si queremos una compresión uniforme, la velocidad no debería ser constante sino que debiera serlo la variación porcentual de presión (gradiente). Todo los fundamentos reflejados en el citado artículo para el ascenso podrían aplicarse en el caso del descenso. Se recomienda leerlo, si no se ha hecho ya.

¿Una «parada recomendada» al descender?

Debido a lo anteriormente dicho, parece aconsejable iniciar el descenso lentamente en los primeros metros donde los cambios de presión son más bruscos por unidad de longitud para posteriormente acelerarlo.

Esto que parece en principio complicado se puede realizar de una manera muy natural si se piensa en realizar una pequeña parada somera a tres o cinco metros para ajustar, comprobar el equipo y alguna cosa más que luego se dirá. Algo similar a la «parada de seguridad» en el ascenso a superficie a 3 ó 5 m, recomendada por las agencias recreativas, pero al revés. (Se recomienda leer el artículo «Los porsiacasos subacuáticos: EL SENTIDO DE LA PARADA DE SEGURIDAD«). El Autor entiende que son dos paradas similares para controlar velocidades tanto de ascenso como de descenso. Se sugiere al lector que piense en su similitud.

Esta parada no consta en los estándares de las agencias recreativas, aunque sí en algunas de las certificadoras técnicas más prestigiosas. Comprobar que todo está en su sitio, desplegar el foco de luz, comprobar que se llega con la mano a la grifería, moverse para que el traje seco quede holgado con el arnés, ajustarse éste, etc. son operaciones que forman parte de sus protocolos.

En el ámbito recreativo todo esto no tiene lugar pero, sin embargo, esta parada a 3 ó 5 m es muy útil para ajustarse un poco mejor el equipo y, sobre todo, para verificar que todo va bien y que nadie se queda atrás. ¿Por qué una parada tan somera? Porque es habitual que haya quien no se haya lastrado bien y haya quedado en superficie luchando para poder bajar. O que empiece a tener problemas de compensación con sus oídos. Además, el acceso en caso de problemas graves a superficie es sencillo a esa cota.

Quizá siguiendo el cabo de descenso la parada es más sencilla y al alcance de todos aunque la flotabilidad todavía no sea buena ya que sirve como sustentación en caso de problemas. Todo ello en grupo, aunque la organización lineal que impone el cabo lo dificulte.

¿Por qué «los que saben» bajan a toda velocidad?

Cualquier buceador recreativo que haya coincidido con buceadores técnicos que hagan inmersiones muy distintas a las suyas o con gente «experimentada» que haga lo mismo que él, habrá observado que generalmente todos bajan hasta el fondo a gran velocidad y, por tanto, habrá pensado que eso es lo que hay que hacer. Pues no necesariamente.

Aunque hay que aclarar que «los que saben» de verdad hacen estas cosas controladamente y cuando tienen sentido, no por sistema. Si se ve a alguien que lo hace por sistema y a cualquier profundidad, a lo peor es que no sabe tanto. Ahora veremos porqué.

La explicación de porqué lo hacen es muy sencilla: para no restar tiempo en el fondo y ahorrar gas.

En buceo recreativo no tiene demasiado sentido, pero cuando se baja a profundidades considerables en circuito abierto, un minuto más de fondo puede suponer mucho en el tiempo de descompresión y en la cantidad de gas que se lleva, de tal forma que los tiempos de fondo totales -incluido el tiempo de descenso- suelen ser de pocos minutos.

En estas condiciones, si se emplean 4 ó 5 minutos para llegar al fondo y en el minuto 12 ya hay que empezar a subir, no queda casi tiempo para estar en él. Por ello, se prefiere asumir los efectos de una compresión lo más rápida posible -que, como se ha dicho, redundará en una probable mayor narcosis que deberá ser paliada por una adecuada mezcla en el gas de fondo-, antes que renunciar a algunos preciados minutos de fondo.

Cuestión distinta es hacer esto por sistema y cuando no hace ninguna falta. Si no hay otras circunstancias que lo aconsejen, bajar a 35 ó a 40 m a toda velocidad no tiene el menor sentido puesto que el ahorro es irrelevante (salvo que vayamos con escasez de gas, con lo que el problema lo traemos «ya puesto» desde antes de subir al barco). Más probabilidad de narcosis a cambio de casi nada. Por eso, «los que saben» no siempre bajan lo más rápidamente posible, sino que lo hacen a la mejor velocidad en cada situación.

La organización previa del descenso: un ejercicio no tan sencillo

Es en casos en que el mar está difícil cuando es imprescindible la comunicación previa en el barco entre buceadores, en previsión de lo que pueda pasar en la inmersión, pero también durante el descenso.

Vamos a ver que la cosa puede no ser sencilla mediante un pequeño ejercicio para el lector, aplicado a una hipotética inmersión oceánica con corriente fuerte, de las muchas que se realizan habitualmente en los viajes de «vida a bordo».

Supongamos que un grupo tiene que bajar por el cabo en el azul con una fuerte corriente hasta llegar al fondo, en donde está la zona de abrigo. En ese caso:

– ¿una persona propensa a una mala compensación debe intentar la inmersión?;

– ¿qué pasaría si uno de los buceadores de la línea se parara porque tuviera dificultades para compensar los oídos? ¿los que fueran detrás debieran adelantarle o pararse con él quedando expuestos todos a la corriente hasta que resolviera el problema?;

– ¿debiera pararse sólo su compañero?; y si su compañero fuera delante, ¿debiera pararse el que va inmediatamente detrás obligando al resto a reorganizar las parejas?;

– ¿hasta cuándo debiera intentar compensar y cuándo debería abortar a inmersión de no poder?;

– o, por el contrario, ¿debiera quedarse él sólo y ascender?;

– ¿qué se debiera hacer si alguien pierde el cabo y es alejado por la corriente?;

– y si éste fuera el último de la fila ¿cómo se lo podría comunicar a sus compañeros?

Quien esto escribe sugiere al lector que haga un pequeño ejercicio visualizando estas situaciones y razonando lo que él haría, así como las ventajas e inconvenientes de cualquier posibilidad, hasta llegar a una conclusión. Este proceso será mucho más provechoso que conocer directamente la opinión del Autor. Y aplicable a la enorme casuística de problemas que se pueden dar. (Se sugiere que el lector deje sus respuestas razonadas en los Comentarios del artículo).

En este blog se insiste continuamente en la importancia de la comunicación entre buceadores pero, al contrario que en el 99% de páginas y cursos en los que se trata este asunto, a la que más se da importancia es a la comunicación previa en superficie. (Véase «La mímica no es suficiente. LA COMUNICACIÓN EN EL BUCEO. Generalidades y reflexiones«).

No sea tímido el lector hablando con sus compañeros antes de la inmersión. Sea sincero con ellos y cuénteles su miedos e incertidumbres. Dese suficiente tiempo para poder conversar con ellos aunque se los acaben de presentar. Exija al centro de buceo tiempo para hacerlo. Sea una auténtica cotorra hasta aburrirlos si hace falta, pero no se deje en el tintero nada que le preocupe. Egoísmo … mucho egoísmo.

En llegando al fondo (1)

Cuando se llega al fondo, es inevitable una espera para reagruparse .

Pero, al igual que no se debe comenzar la inmersión en estrés y hay que dar un poco de tiempo al buceador para que asimile el cambio de elemento y meta la cabeza en el agua con una cierta tranquilidad y sin agobio, si el descenso ha sido accidentado por cualquier razón, no está de más perder un par de minutos al llegar al fondo respirando profundamente (haciendo lavados de pulmones) para reducir el exceso de CO2 que hayamos acumulado por la tensión en el descenso. Una vez tranquilizados, se podrá empezar la inmersión.

Esto NO es una pérdida ni de tiempo, ni de gas, sino todo lo contrario: se evitarán problemas, la inmersión será mucho más relajada y se reducirá el consumo de gas.

Corolario

Cualquier buceador recreativo ha experimentado problemas en descensos. Y las escasas veces en que se planifica la inmersión, se prevé los que ocurrirán en el fondo y cómo se abordará el ascenso. Sin embargo, es muy raro que se realicen planificaciones sobre lo que hay que hacer en el descenso -incluso en presencia de corrientes fuertes-, a pesar de que en esta fase de la inmersión se producen muchos incidentes y se determinan las condiciones del resto de la inmersión.

El ejemplo propuesto en el artículo es suficientemente explícito respecto de las numerosas circunstancias potencialmente peligrosas que se pueden dar en un descenso, incluso sin corriente.

Se aconseja al lector que considere fuertemente la propuesta de una parada somera a 3 ó 5 m, parecida a la parada recomendada en el ascenso, tal como se describe en este texto.

Así mismo se le sugiere que ponga mucha atención en cómo va a hacer su descenso, que empieza en el barco, continúa en la superficie y acaba en el fondo.

El camino puede ser proceloso. En el fondo, todo es más fácil. Pero hay que llegar a él y en las mejores condiciones.

(1) – Sí, querido lector. Es correcto el uso de la preposición en seguida de un gerundio . De hecho es la única preposición que puede anteceder a un gerundio. Los textos clásicos desde Quevedo a Cervantes pasando por Delibes o Cela, la literatura española está repleta de esta expresión que resulta tan extraña a las nuevas generaciones. En este blog gusta de comentar también estas cosas marginalmente porque cultura y buceo no son incompatibles.

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6 comentarios sobre “

Los riesgos ignorados:

EL DESCENSO EN LA INMERSIÓN

  1. El lector agradece al autor el artículo!!!
    Es increíble la de “cosas” que suceden en el buceo en cualquier situación y solo somos conscientes cuando alguien nos planta en la cara un analisis situacional profundo expresado de una manera tan clara que hace 2 minutos estaba literalmente bajando por un cabo con corriente….
    Cuanto gas se habrá consumido de más por bajar rápido en una situación de cierto estrés para luego querer tener más gas…

    Un placer leerte siempre!!!

  2. Yo soy instructor y siempre hago incapié a mis alumnos en que paren atención al descenso, puesto que es practicamente el momento en el cual es más fácil que surjan los problemas.
    Gran descubrimiento este blog. Lo he descubierto hace una semana y estoy devorando los artículos.
    Gracias y esperamos muchos más!

  3. Es increíble la de literatura que existe alrededor del buceo y su técnica, y la poca que existe que sea realmente útil. Mis mejores deseos para que este blog se mantenga en el tiempo. Lo descubrí hace un año, y lo devoro en cada artículo que se publica. Hay una gran cantidad de errores que se nos han enseñado y de los cuales solo somos conscientes tras muchas horas de buceo, y por el contrario hay también muchas cosas que no nos han enseñado, ni siquiera planteado, y que son realmente útiles.
    En cuanto a las preguntas que haces más arriba, yo tengo claro lo que haría, pero sobre todo, lo hablaría con mi compañero, para prevenir imprevistos y saber como actuar en cada una de las posibles situaciones.
    Muchas gracias por este blog y por esta enseñanza.

  4. Sugiero mayor concreción. En mi opinión el texto es demasiado largo y rebuscado en su expresión, ello induce a abandonar su lectura o dificulta su comprensión si se continúa con la misma.

    1. Hola.

      Esto es un problema de difícil resolución por cuanto conviven unas generaciones educadas con textos largos y a veces difíciles (la mía) y otras a los que los 256 caracreres de Twitter ya se les hacen insoportables y se pasan a los vídeos de Instagram.
      Entre medias de estos blancos y negros, todos los grises que se quieran.
      Además de eso, «gustibus non disputandum», que decían los romanos.

      Gracias por el comentario y la intención constructiva. Los aprecio de veras y los tendré en cuenta.
      G.

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