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Quedarse sin aire, la pesadilla del buceador: 2ª Parte – EL CORTE SÚBITO DEL GAS

En la primera parte de esta serie de artículos con el antetítulo común «Quedarse sin aire, la pesadilla del buceador«, se trataban los fallos que pueden producir una fuga incontrolada de gas de la botella hacia el exterior, dejando al buceador sin suministro en segundos o minutos.

En esta segunda parte se abordará algo más inquietante, como son las causas por las que se puede producir el corte súbito del gas mientras se está buceando, por sorpresa y sin tiempo para reaccionar. A veces resoluble, a veces no.

En este caso, se dividirán los fallos analizados en tres niveles: fallos improbables, fallos probables y fallos comunes. Esto se hará para evidenciar tanto la probabilidad de tenerlos, como sus verdaderas causas, esperando obtener alguna conclusión.

Este artículo está especialmente dedicado a aquellos buceadores recreativos preocupados por la posibilidad de quedarse sin gas por un fallo en su equipamiento. Se les sugiere leerlo hasta el final puesto que las conclusiones plasmadas en el Corolario quizá no sean como esperan.

Como se dijo en la primera parte, no se trata de asustar a nadie, sino de que el buceador recreativo tome conciencia de estas cosas y, en la medida de lo posible, haga preventivamente lo que esté en su mano para que no se produzcan, así como sepa qué esperar y cómo reaccionar, si ocurrieran.

Fallos improbables

Los latiguillos o mangueras del regulador

En la primera parte de esta serie de artículos se trataba sobre la imposibilidad de cortar el flujo de gas doblando un latiguillo en caso de -por ejemplo- un flujo continuo incontrolable en una segunda etapa. Se mencionaba un incidente sufrido con el material suministrado en un curso al cenizo que esto escribe, que se quedó súbitamente sin gas en tres ocasiones sucesivamente debido al doblado accidental del latiguillo de 2 m del que respiraba. Se comentaba que ninguno de los experimentados buceadores que luego vieron reproducir el problema en superficie había visto nunca algo así. Pero ocurrió.

El que se corte el flujo de gas si se dobla accidentalmente un latiguillo es raro y peligroso. Y, aunque ofreciera la posibilidad de resolver un flujo continuo de un regulador, esto no compensaría su riesgo.

Por esta causa y por todos los fallos derivados de ellos que se trataron en dicho artículo, se sugiere al lector que preste atención a la calidad de los latiguillos que compra y los considere como lo que son, esto es, consumibles que deben ser sustituidos al menor signo de deterioro y, en cualquier caso, cada cierto número de años aunque no los presenten. No son eternos, como a veces se suele creer.

Pero, volviendo a su calidad, también habría que mencionar un problema con unos nuevos latiguillos de novedoso diseño que apareció en el mundo del buceo hace unos años.

milflex cristalizado
Latiguillo obturado por cristalizado del revestimiento interior

El problema consistía en el deterioro y cristalización de los materiales polímeros que componían el interior de la manguera o latiguillo, de tal (mala) suerte que se desprendían escamas llegando a obturar completamente el paso de gas. Y esto ocurría sin ningún signo exterior que pudiera alertar sobre la existencia de problema alguno. El buceador se podía quedar sin gas repentinamente y sin causa aparente.

Pareciendo resuelto el problema en la actualidad, debe haber en uso todavía un considerable número de unidades defectuosas habida cuenta del enorme éxito comercial que tuvieron -y siguen teniendo-.

Pinchando en los enlaces correspondientes, el distinguido lector podrá indagar con el culete apretado en algunos ejemplos de estas extremadamente improbables posibilidades (que sin embargo animan mucho a mantener el equipo en buenas condiciones), denunciadas incluso por DAN -ver enlace 1 y enlace 2-.

Fallos en el regulador

Todos los eventos que se describirán a continuación son muy marginales. En cualquier actividad similar que se pueda imaginar existen potenciales fallos de esta naturaleza y generalmente más graves y habituales que en el buceo. La seguridad absoluta no existe en ninguna parte.

Quizá lo único que se pudiera colegir de ellos es que fuera preferible adquirir equipamiento conocido, extendido, de marcas acreditadas y muy probado sobre las novedades que constantemente se lanzan al mercado y más si incorporan sistemas nuevos. Ser un poco conservador en estas cosas no sobra.

¿Se puede bloquear una primera etapa del regulador?

Hay dos tipos de reguladores: los llamados «upstream» y los «downstream» – términos que pudiéranse traducir como «corriente arriba» y «corriente abajo». La inmensa mayoría es del tipo «downstream«. Sólo unos pocos y antiguos son «upstream«.

El principal inconveniente de estos últimos «upstream» era que, en caso de que le llegase por el latiguillo un exceso de presión por un fallo en la primera etapa, estas válvulas no actúan como válvula de seguridad abriéndose y liberando el aire, sino que se cierran dejando al buceador sin gas.

Por el contrario, las «downstream» ante este fallo se abren y entran en flujo continuo. (Adicionalmente, si se montara en una segunda etapa una válvula «upstream» sencilla y le llegara sobrepresión de la primera etapa, el latiguillo reventaría por lo que se solían complementar con válvulas de sobrepresión en la primera etapa o en los latiguillos también).

No nos extenderemos en ello puesto que el 99,99 % de los reguladores que se puedan encontrar en la actualidad son «downstream» y, al fallar la primera etapa, se quedarían en flujo continuo, con todo lo que ello conlleva y que ya ha sido comentado en la primera parte de esta serie de artículos.

Además de fallos mecánicos extremadamente raros, estos fallos se pueden producir por congelación de la primera etapa (buceo en aguas muy frías concatenado con la pérdida de calor en el sistema propio de cambios de presión súbitos, inherentes a cualquier regulador).

Si un día el lector decide bucear en latitudes muy frías o bajo hielo, se le aconseja vivamente desde este blog que preste mucha atención a esta cuestión, pues puede ser muy grave.

Volviendo a los raros fallos mecánicos, no hace demasiado tiempo acontecieron varios episodios de cortes de gas a buceadores por bloqueo en sus primeras etapas debidos a defectos de fabricación en un sistema que se les incorporaba para evitar la entrada de agua al endulzar en el propio regulador. Uno de estos incidentes fue reportado en el año 2018 por DAN, (cuya descripción puede encontrarse en las notas (1) a pie de página de este artículo o consultarse en el siguiente enlace) .

Fallos en la segunda etapa

De igual manera que en el caso anterior, la misma entidad DAN reportó incidentes en la segunda etapa de algún buceador también debidos a fallos mecánicos, aunque producidos probablemente por un deficiente mantenimiento. (El lector también puede consultarlos en el siguiente enlace).

Fallos probables

De nuevo con la segunda etapa

Siguiendo con las segundas etapas, un evento que no es raro que se produzca es el doblado de la membrana principal o de la de la válvula de exhaustación de la segunda etapa del regulador. Ello suele ocurrir por introducción de arena, cieno u otras impurezas en su interior. Y lo que produce es la entrada inmediata de agua en la cámara y el consiguiente trago de agua e imposibilidad de seguir respirando de ella.

Membranas susceptibles de doblarse por impurezas
Membranas susceptibles de doblarse por impurezas
octopus colgando
Octopus colgando

Cuando se ve a alguien llevar el octopus colgando a la manera que las certificadoras enseñaban hasta hace muy poco tiempo, literalmente arando el fondo cuando el buceador se aproxima a él, hay que preguntarse si la arena y porquería que sin duda está entrando en su interior no habrá doblado alguna de sus membranas inhabilitándolo.

Afortunadamente, ahora se enseña a llevarlo de otra manera (con una coca metida en el chaleco) que, sin ser una maravilla de procedimiento, evita esta posibilidad. Aunque sorprende el tiempo que han tardado en cambiarlo, sobre todo pensando que es el regulador de emergencia, que no puede fallar.

Como curiosidad también se dirá que nuevamente al cenizo que escribe se le produjo en una ocasión muy comprometida una entrada de agua en una segunda etapa al doblarse su membrana principal por bucear en un lugar con mucho cieno arcilloso en suspensión. Respirar del alternativo y desmontar dentro del agua la propia etapa afectada para limpiarla y seguir con ella fue la solución (por esa razón algunas certificadoras de buceo en cuevas recomiendan usar segundas etapas con piezas roscadas sin tornillos que permitan ser desmontadas dentro del agua con las manos y sin necesidad de herramientas).

Obturación del filtro o de la botella

Éste es un temor habitual en los buceadores, no estando seguros muchos de ellos de si este tipo de eventos se pueden producir realmente, o no. Y la respuesta es que sí, pero quizá de otra manera a la esperada.

Pero primero hay que saber que en el interior de la botella y enroscado a la parte inferior de la grifería existe un vástago hueco abierto en sus extremos al que mucha gente no da importancia, aunque la tiene -y mucha- puesto que su propósito es impedir que las impurezas y el óxido que pueda contener la botella obturen el paso del gas al regulador.

En una posición erguida, el óxido y el agua que pudiera contener la botella quedaría en la parte baja de la misma, pero si el buceador nadase en posición horizontal, todo ello se trasladaría a lo largo de ella.

En el caso de inclinarse en posición «de cabeza» más allá de la horizontal, se corre el riesgo de que toda ese barro de óxido llegue al cuello de la botella y obture o ciegue el agujero que da paso al gas hacia el regulador, o bien lo introduzca en él, deteriorándolo o impulsándolo a través de todo el circuito hasta llegar incluso a los labios del buceador.

Vástago decantador y óxido en el interior de la botella
Vástago decantador y óxido en el interior de la botella

Con el vástago mencionado, la cantidad de agua y óxido que debiera haber hasta poder introducirse por su extremo sería muy grande. Una botella medianamente bien mantenida y cuidada no debiera llegar nunca a ello.

Sin embargo, el Autor conoce el caso de un buceador de cuevas al que le ocurrió todo lo descrito. Su botella, recién revisada, por razones ignotas contenía una considerable cantidad de agua salada que había producido óxido en cantidad suficiente para superar el nivel del extremo del vástago decantador. Al meterse cabeza abajo por una restricción e inclinar la botella, ese barro superó la altura de dicho vástago introduciéndose por el agujero de paso de gas, inundando la grifería y taponando parcialmente el filtro hasta el punto de llegar hasta su boca, produciéndole un regusto metálico (típico de otros fenómenos como narcosis o hiperoxia), antes de dejarle sin gas.

Todo lo descrito es válido para el caso de llevar el vástago, pero hay quien no lo instala por parecerle superfluo. Y también no es infrecuente que se afloje su rosca y caiga en el interior de la botella, produciendo un tintineo cuando se mueve ésta. Cuando el vástago no está, la probabilidad de fallo aumenta exponencialmente, aconsejándose al lector -especialmente si dispone de botella propia-, que cuide estas cosas.

Pérdida de la boquilla

No es raro que la brida plástica que sujeta la boquilla del regulador se rompa y la segunda etapa se desprenda de la boca.

Todo al que le ha pasado en alguna ocasión sabe de la sorpresa o susto que produce el trago de agua que el buceador, que está respirando tranquilamente, ingiere sin previo aviso ni razón aparente.

Como sigue mordiendo la boquilla, suele pensar en un fallo de la etapa sin darse cuenta de que ya no la tiene en la boca. Y el agobio es inmediato.

Este pequeño fallo de material es hasta cierto punto imprevisible y por ello se recomienda cambiar la brida de vez en cuando. También existen unas boquillas -que algunas marcas suelen vender sólo a centros de buceo- un poco más estrechas y rígidas, que ajustan más de tal manera que son hasta difíciles de instalar sobre la embocadura de la etapa, siendo mucho más difícil que se salgan, aunque se rompa la brida plástica.

Quien crea que éste es un fallo tonto, se le recomienda vea el siguiente vídeo en el que una buceadora entra en pánico y por poco se ahoga por este problema ya que el «cineasta» no parece donarle su regulador.

En Internet se pueden encontrar sin dificultad muchos casos como éste. Y todos con el mismo patrón: buceador tranquilo y despreocupado que se queda inadvertidamente sin segunda etapa, trago de agua, momentos de total perplejidad, intento de hacer … algo, agobio inmediato y subida en pánico a superficie o bien agarre y tirón desesperado y violento del regulador del que respira el compañero más próximo, frecuentemente con sus dientes todavía en él (para que luego alguien dude si hay que donar o no el regulador del que se respira).

Fallos comunes

Las causas más probables de que un buceador sufra un corte súbito de gas mientras bucea se resumen en dos palabras: él mismo.

Y es que, aunque los problemas anteriores son muy raros y ciertamente difíciles de anticipar, el fallo humano es, con muchísima diferencia, la causa u origen de los problemas de falta de gas más habituales.

El lector después de leer lo que a continuación se expondrá podrá argumentar que ello se refiere a buceadores noveles, sin muchas inmersiones a sus espaldas. Y, en general, tendrá razón. Pero se llama la atención en que estos son los buceadores tipo de las organizaciones de enseñanza, que bucean ocasionalmente, siempre guiados y que, por tanto, están empezando de nuevo año tras año. Buceo asociado a lo turístico. Y que representan la mayoría de las inmersiones que se realizan en el mundo.

Pero también habría que preguntarse cuántos buceadores presuntamente «avanzados», incluso con muchas inmersiones en sus cuadernos, saben gestionar solventemente su consumo y su gas. No tantos, ¿verdad?

Botella cerrada

Lo primer que todo el mundo piensa es en en fallo de tirarse al agua con la botella cerrada. Esto sí es un error del buceador y no del material. Es mucho más habitual de lo que parece y ya ha sido extensamente tratado en un pasado artículo -que se recomienda leer si no se ha hecho ya- sobre la manera razonada de algo tan aparentemente trivial como abrir la válvula de una botella. No se repetirá aquí.

Pero …

A vueltas con el pomo de la botella

En el citado artículo de este blog, entre otras muchas cosas se decía que es frecuente encontrar botellas en los centros recreativos con válvulas que ofrecen una apreciable resistencia al cierre en medio de su recorrido. Y que mucha gente, al abrirlas y encontrarse con dicha resistencia, piensa que la válvula esté totalmente abierta y la dejan en ese punto intermedio.

Cuando esto ocurre no es raro que, al descender, el buceador se encuentre con que el regulador ofrece mucha resistencia a la respiración o que, incluso, se quede súbitamente sin gas. Ello es debido a que la posición a medio abrir de la válvula de la botella no ofrece el caudal suficiente para que el regulador funcione a partir de determinada presión ambiente (profundidad).

Afortunadamente, terminando de abrir la botella o ascendiendo un poco se resuelve la cuestión, pero el susto es inevitable y muchos buceadores ya en situación de agobio se quitan el regulador del que respiran para resolver la situación con su octopus, que probablemente tampoco funcionará.

En esa tesitura, o hay un compañero literalmente pegado, o frecuentemente se suelta el regulador de la boca y se asciende a superficie casi en estado de pánico (o sin el «casi»).

Esto es un error ya que a los pocos metros se restituiría de nuevo el suministro de gas y el buceador entendería qué es lo que ocurre, pudiendo solucionarlo mediante la ayuda de un compañero o, incluso él mismo (preferentemente llegando a la válvula con la mano sin necesidad de quitarse el equipo, cosa que casi nadie es capaz de hacer en el ámbito recreativo, dada la altura a la que se suele montar la botella respecto de la cabeza).

Y esto, ¿es un fallo del material o del buceador? El Autor piensa que, aunque el buceador debiera haber detectado que ha quedado abierta la botella con pocas vueltas de su pomo, es claramente un problema de mantenimiento de las griferías, es decir, un fallo de material.

Este es un problema hasta cierto punto lógico habida cuenta de la cantidad de manos y manazas que manipulan cada grifería diariamente en cualquier centro de buceo, abriéndolas y cerrándolas como si fuera lo último que fueran a hacer en su vida. En cualquier centro de buceo en temporada es casi imposible encontrar botellas que se abran con la deseable suavidad.

Lo que ya no es de recibo es que, una vez producido y advertido el problema, la botella no sea retirada inmediatamente para su revisión y se espere a que el siguiente cliente se dé cuenta o tenga más fuerza en la mano. Y en este sentido se conmina al lector a ser inflexible con estas cosas en los centros de buceo, exigiendo dicha retirada y no admitiendo que se trate de un fallo suyo.

La vergüenza

Pues sí … increíblemente la causa más frecuente de quedarse sin aire buceando es la vergüenza. O, diciéndolo de otro modo, la supeditación ciega una una presunta opinión del grupo.

No es infrecuente que alguien se quede sin gas simplemente porque haya prolongado una situación de escasez peligrosa por no «fastidiar» la inmersión a los compañeros, por no parecer «muy novato», por no salir «demasiado pronto», por dar reparo el «consumir mucho», etc. Este tipo de cosas y los mecanismos psicológicos que operan en estos casos serán objeto de un próximo artículo monográfico.

Esto lo saben muy bien los sufridos y admirables instructores que tienen que lidiar casi todos los días con estas cosas. «¿Por qué no me dijiste nada al llegar a 50 bar?» «¿Por qué no me advertiste que casi no te quedaba aire?» son frases que muy frecuentemente se escuchan en los centros recreativos, dirigidas a algún integrante de un grupo. ¿Cuántas veces habrá tenido que donar aire un divemaster o un instructor a alguien que, sin que le haya ocurrido ningún fallo, se ha quedado sin aire? ¿Cuántas veces vuelven al barco donando gas varios buceadores del grupo?

El Autor afirma cada vez que surge la ocasión -y le dejan, aunque no le escuchen- que lo primero que tiene que aprender un buceador es a decir NO. Aprender a no estar donde no debiera. A no dejarse llevar por lo que él cree que pensarán los demás respecto de uno y centrarse exclusivamente en una evaluación racional de cada circunstancia concreta y la consiguiente actuación lógica que proceda. La mejor de la que sea capaz para esa situación. Aunque se equivoque. Digan lo que digan y piensen lo que piensen los demás.

El desconocimiento nos mete en problemas pero el orgullo y -su opuesto- la vergüenza nos mantiene en ellos.

Fallo del manómetro

En esta ocasión nos referiremos a la habitual circunstancia de quedarse sin gas aun cuando el manómetro marque todavía 10 o 20 bar. Esto se ha tratado en un artículo dedicado al manómetro analógico.

Se podría pensar que, si no marca la presión que realmente hay, esto es un fallo del material, pero en realidad tiene mucho más de fallo humano, porque ¿en qué circunstancia está justificado apurar tanto el gas disponible? En ninguna, por lo que, si un buceador está en el agua con esos pocos bares, ello es principalmente un error del buceador, no del manómetro.

Hay que decir que este tipo de fallos se produce en un momento anterior. Si el buceador -por ejemplo- empezó a ascender con la cantidad correcta de Gas Mínimo, podrá estar razonablemente seguro que, aunque tenga un manómetro muy impreciso al final de su escala, contará con gas.

En los últimos tiempos han aparecido manómetros digitales que sustituyen a los analógicos, pero unidos con un latiguillo al regulador. Simplemente, tiene un sistema de medición distinto (piezoeléctrico) y una presentación de valores expresados en cifras. Adicionalmente, suelen añadir temperatura, profundidad media, etc, aunque ello también esté presente en los ordenadores.

Así mismo, se han popularizado los transmisores conectados a un puerto de alta presión e inalámbricamente al ordenador.

El Autor confiesa no ser demasiado partidario de estos cacharros. Quizá porque, cuanto más sencillo, mejor; quizá porque no le gusta depender de más baterías de las imprescindibles; quizá por una injustificada desconfianza hacia la electrónica. O quizá porque esté viejo y atontado conviviendo con sus contradicciones ya que lleva un profundímetro digital y un ordenador sin que le estalle el cerebro de preocupación.

Sea como fuere, lo que el lector no debe hacer es deducir mayor fiabilidad de su aparente sofisticación.

Si la pila se acaba, la conexión se corta, el manómetro digital se apaga o da lecturas erráticas (en algún centro conocido ya no los utilizan por esta razón), se tiene un problema. O, mejor dicho, dos. Porque el problema del fallo del material no es el importante ya que ello debiera suponer el final razonable pero automático de la inmersión y, si se ha controlado el gas hasta el momento del error, se debiera poder hacer el ascenso tranquilamente y con absoluta seguridad.

El segundo problema es el importante: y es que muchos buceadores prolongan la inmersión. Y éste ya no es un fallo de material.

Aunque el fallo del manómetro hace imperativa la finalización de cualquier inmersión, si un buceador ha estado pendiente del gas que tiene en cada momento, sabe lo que le queda y sabe también estimar y calcular su consumo, con las consiguientes cautelas razonablemente puede prolongarla para, por ejemplo, acercarse más al barco. Pero tiene que saber lo que hace muy bien.

Los sustos aparecen cuando quien sigue buceando no sabe calcular un consumo o no está seguro del gas con que cuenta. O no tiene criterio para disminuir la profundidad para reducir el gas que gastará, sino que continúa como si tal cosa. Si el lector está en alguna de estas circunstancias, péguese por lo menos a su compañero como un mejillón a la roca. Porque más que probablemente lo acabe necesitando.

No existe el manómetro

Aunque parezca mentira, hay gente que adopta una actitud evitativa digna del avestruz de la sabana. Y como le pone nervioso la posibilidad de que se le acabe el gas, simplemente no mira su manómetro. El Autor conoce a buceadores ciertamente novatos que no lo miran en ningún momento de la inmersión. Pareciera que creyeran que sus guías o instructores les libraran de todo mal y no hiciera falta.

Esta actitud se opone a la de otros que lo miran constante y compulsivamente, pero por las mismas razones.

Todo ello deriva de la falta de control de lo que se hace. Con el tiempo y la práctica, casi no se necesita mirar el manómetro porque se sabe con bastante aproximación la presión que se tiene. Y cuando se mira, casi es para corroborarla, como ejercicio. Esto es objeto de entrenamiento, animándose desde este blog al lector que no esté bregado en estas cosas a intentar «adivinar» el gas que tiene y solo luego mirar el manómetro, en todas sus inmersiones. Obtendrá sorprendentes y gratos resultados muy rápidamente.

La falta de control respecto del consumo

Los varios artículos de este blog dedicados al consumo del buceador ofrecen herramientas para que éste sea consciente de su propio gasto. Salvo honrosísimas excepciones y lamentablemente, esto no se suele enseñar en los cursos básicos, lo cual produce un auténtico descontrol en muchos buceadores que empiezan.

Pánicos innecesarios cuando se tiene gas de sobra pero también despreocupación cuando no se tiene. Quedarse sin gas para mucha gente es imposible de prever y de gestionar. Se lo encuentran. No hay anticipación.

La minusvaloración del esfuerzo y del estrés

Mucha gente no es consciente del impacto que tiene el ejercicio en el consumo de un buceador, creyendo que es una cuestión de matiz. Sin embargo, no se dan cuenta de que un ejercicio intenso puede multiplicar por cinco o más el consumo. Y esto puede ser grave en caso de tener que nadar contra corriente, por ejemplo, en que el buceador ve con sorpresa cómo ha caído la aguja de su manómetro hasta quedarse sin gas.

(Para ilustrar la situación, el Autor, que tiene un consumo normal SAC de entre 12 y 14 l/min, tiene registrado uno de más de 50 l/min en esfuerzo. Y conoce un caso muy directamente de casi 100 l/min. Véase la diferencia que se puede producir).

Quedarse sin gas en medio de una tarea o de una situación que requiera esfuerzo no es raro.

Corolario

¿A que de esto no hablan las certificadoras recreativas? Pero no se asuste el lector. Algunos fallos de equipamiento quizá sean menos probables que sufrir la caída de un rayo.

Probablemente ése sea el problema: no anticipar la posibilidad y caer en la desidia o en el exceso de confianza debido a la improbabilidad de que algo así suceda aun sabiendo que ni Santa Claus ni la seguridad absoluta existen.

Evitar esto es el propósito de este artículo en el que la conclusión fundamental es que se puede establecer una correlación entre causa y probabilidad de un fallo que nos deje sin gas súbitamente: las altamente improbables son las ocasionadas por defectos del material; las más probables se deslizan hacia un incorrecto mantenimiento y, finalmente, las más frecuentes son debidas en su inmensa mayoría a fallos del propio buceador.

Y, aunque todo esto conviene conocerlo y hacer las cosas de tal forma que se minimice la probabilidad de que ocurra, el buceador no debe ponerse en ninguna circunstancia en la que no haya alguna salida alternativa de producirse alguno de estos fallos catastróficos, por muy extremadamente improbables que sean.

A pesar de que la probabilidad es directamente proporcional a la intervención del buceador recreativo, curiosamente las causas que más suelen preocupar a éste son las debidas al material y las que suele ignorar son las que se deben a sí mismo. Quien esto escribe no sale de su asombro cada verano observando cómo buceadores generalmente novatos, que no saben gestionar su gas y que incluso algunos ni miran el manómetro, les salen canas de preocupación pensando que su regulador pueda fallar y les deje sin gas. Todo esto debiera invitar a la reflexión.

En este sentido, si a quien esto escribe le preguntaran cuál considera ser la causa principal de quedarse sin gas buceando en el ámbito recreativo, contestaría: la falta de formación. Sin ninguna duda. Eso es lo que más debiera preocupar.

(1) –

La buceadora era una mujer de 36 años de experiencia o certificación desconocida. Estaba en un viaje de buceo de ocho días en las Islas Salomón y estaba buceando con un regulador que había comprado ocho meses antes.

El incidente
La buceadora entró al agua para su primera inmersión del día aproximadamente a las 7:45 a.m. con 2,900 psi de aire en su tanque. Ella descendió a lo largo de una pared a 91 pies en busca de tiburones. Poco después ascendió a una profundidad menor, alrededor de 60 pies, tomando fotografías en el camino.

Estaba buceando sola, pero otros 16 buceadores se extendieron a lo largo de la pared. Ella se encontró con otro fotógrafo, pero mantuvo su distancia para mantenerse alejado de su disparo. Encontró un abanico de coral; antes de fotografiarlo, hizo lo que solía hacer: miró su computadora para verificar su profundidad y suministro de gas. En ese momento tenía 53 pies de profundidad y le quedaban alrededor de 1,100 psi en su tanque.

El buzo recordó haber tomado varias fotografías del ventilador y luego hacer una gran exhalación. Cuando trató de respirar de nuevo, no había aire. Inmediatamente agarró su regulador de pulpo, esperando obtener algo de aire y nuevamente no obtuvo nada. Buscando a alguien lo suficientemente cerca como para ayudar, vio al buzo que acababa de pasar y le hizo un gesto para llamar su atención, pero él no la miraba. El buzo evaluó que estaba demasiado lejos para que ella corriera el riesgo de nadar hacia él.

Ya experimentando un impulso involuntario de «pulso» para respirar, el buzo decidió hacer un ascenso  de emergencia. Recordó en un momento que vio a su computadora mostrar «000» como el tiempo / aire restante.

En el camino a la superficie, el buzo nuevamente trató de respirar desde su regulador, pero no tuvo éxito. Cuando finalmente salió a la superficie, el bote estaba cerca y rápidamente se metió en él. Ella explicó su situación y pidió que le pusieran oxígeno. En ese momento miró su computadora de buceo, que leía 900 psi. Confundida, trató de respirar de ambos reguladores de segunda etapa nuevamente y no pudo obtener aire de ninguno de los dos. El buzo mostró su computadora al operador del bote y dijo: «¡Hay aire en el tanque!»

Al llegar al resort, el gerente le dio oxígeno al buzo durante unos 20 minutos y verificó la función del regulador al conectarlo a otro tanque. Pudo respirar con el tanque lleno, pero no recibió aire de ninguno de los tanques parcialmente llenos a los que conectó el regulador a continuación. Luego, el gerente tomó el tanque original del buzo, lo examinó a fondo y no encontró nada malo o inusual en él.

El gerente probó nuevamente el regulador del buzo en un tanque parcialmente lleno después de la próxima inmersión, pidiéndole a un buzo que finalice su inmersión con 900 psi. El regulador continuó fallando y no proporcionó gas.

Después de quedarse sin bucear durante 30 horas, la buceadora usó su tanque original con una nueva primera etapa. Ella no tuvo problemas adicionales. Al sopesar la evidencia, el buzo se puso en contacto con DAN® y dijo: «Creo que fue una falla catastrófica de mi primera etapa del regulador, y no se cerró».

Lecciones

Los reguladores de buceo funcionan en una configuración «aguas abajo»: el aire fluye hacia abajo desde un lugar de alta presión (el tanque) a uno de presión intermedia (la manguera de baja presión) y luego a un lugar de baja presión (el buzo).

Debido a esto, a menudo se los considera a prueba de fallas, es decir, la mayoría de las fallas causarán un flujo de aire libre en lugar de cortar el suministro de aire. De hecho, es muy raro que una primera etapa falle en la forma en que este buzo lo describió.

Esta primera etapa en particular tenía un dispositivo de cierre automático diseñado para evitar la incursión de agua en la primera etapa cuando se retira del tanque.

Después de informar este incidente, el buzo se puso en contacto con DAN unos meses después para informarnos que el fabricante había publicado un aviso de seguridad del consumidor en su sitio web que recomendaba una «verificación voluntaria del producto» porque un componente de ese sistema puede no haberse ajustado al par correcto Según el fabricante, esto podría causar una «posible falla en el flujo de gas durante una inmersión».

Cualquier buzo que posea un regulador que tenga un dispositivo de cierre automático debe consultar el sitio web del fabricante para conocer los avisos de seguridad del producto.

Es importante tener en cuenta que el buceo en solitario, o el buceo sin un compañero cercano, ha ganado popularidad en los últimos años con la mayor disponibilidad de cursos de certificación de «buzo autosuficiente».

Un elemento central de muchos de estos cursos es el uso de una fuente de aire redundante en caso de que ocurra una falla como esta. Desafortunadamente, este buzo no llevaba una fuente de aire redundante y necesitaba hacer un ascenso de emergencia.

Afortunadamente, era su primera inmersión del día, y se había trasladado a aguas menos profundas durante la inmersión, por lo que probablemente no había tomado tanto gas inerte como de lo contrario podría haberlo hecho. Tanto solicitar oxígeno como permanecer fuera del agua fueron medidas prudentes. Afortunadamente, el buzo no sufrió efectos nocivos y pronto pudo volver a bucear.

Alert Diver – 2018

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3 comentarios sobre “

Quedarse sin aire, la pesadilla del buceador:

2ª Parte – EL CORTE SÚBITO DEL GAS

  1. Un gran artículo, muy bien planteado.
    Hace algunos años , tuve un accidente de quedarme sin aire a treinta metros, buceando con un equipo de origen ruso, su válvula era del tipo “on /off “ , presentando una muy pequeña cámara de salida y sin tubo central para evitar que el óxido de la botella no salga. Salí sin problemas porque durante mi entrenamiento de joven , se realizaron escapadas de emergencia como práctica, de 20 y 30 metros, era el entrenamiento de rutina del escape de submarinos.
    Hoy sería un descriterio practicarlo , los equipos son tremendamente seguros con el mantenimiento adecuado.

  2. Buenos días como siempre, un articulo muy interesantes y como dice en el corolario, uno de los fallos más comúnes es NO VALORAR LA IMPORTANCIA DEL MANTENIMIENTO DEL EQUIPO.
    Con revisiones periódicas de mantenimiento y frecuentes en la época de mayor uso del equipo, se evitaría un porcentaje muy alto de estos incidentes>accidentes.
    Sobre todo a esos «super buceadores» que llevan equipos que aparentan ser viejos o descuidados para tratar de demostrar » su experiencia».
    Si hacemos revisiones al coche, a la caldera de la calefacción a la moto, etc…REVISEMOS y MANTENGAMOS el equipo de buceo.
    Un saludo
    Ramón

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