Buceador con muchas botellas
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Una de las preguntas más habituales que se escuchan en los centros de buceo es cómo reducir el consumo del buceador que está empezando, ya que suele agotar su gas muy rápidamente. Frecuentemente esto se pregunta después de escuchar quejas por haber tenido que salir del agua demasiado pronto, lo que suele suponer un fastidio para los compañeros.

Existen numerosísimos artículos y vídeos sobre este tema en Internet. Sin embargo, casi todos adolecen de poner al mismo nivel lo importante junto a factores que son inevitables (con lo cual, no sirven para nada, en la práctica) o que no tienen relevancia pero que se mencionan repetidamente y que deberían ser desmitificados.

En cambio, en este artículo se distinguirá muy claramente entre todos ellos para que el buceador se centre en lo que está en su mano y que sí incide sustancialmente en la reducción del consumo de gas perseguida. Para que no pierda el tiempo en medidas irrelevantes o fuera de su control.

Antes de proseguir, conviene que el lector lea cómo se cuantifica un consumo, explicado en un anterior artículo titulado «LA CUANTIFICACIÓN DEL CONSUMO DEL BUCEADOR«. Todo le será más fácil.

Factores endógenos. No pongamos puertas al campo.

El «consumo basal»

Hay que asumir que, al igual que las capacidades físicas genéticas, cada persona tiene un consumo que le es propio. Esta «base» genética podrá ser mejorada y afinada, pero no cambiada sustancialmente. Y esto conviene asumirlo aunque, como se verá, no suele ser el consumo que se produce al aprender a bucear.

Así pues, llamaremos «consumo basal», a la parte del consumo del buceador que es determinado por la fisiología personal de cada uno y que sólo es leve pero no sustancialmente modificable.

Dicho consumo no es totalmente constante, sino que varía según los días, según circunstancias personales, etc. Y sobre todo, según vaya ud. a saber porqué. Pero, si se hace una estadística con una muestra suficiente, se verá que las oscilaciones durante distintos días no es acusada, pudiéndose centrar en claros valores medios.

La morfología. Generalidades no tan generales

A igualdad de condiciones, se puede afirmar que, de manera general, los hombres consumen más que las mujeres … pero hay mujeres que consumen más que hombres.

Así mismo que las personas de morfotipo grande consumen más que las de morfotipo pequeño … pero hay bajitos que consumen más que gente alta.

La gente obesa consume más que la delgada, …. pero hay obesos que consumen sorprendentemente poco.

Por el momento, quedémonos en que, si el lector se parece al Autor (hombre, pesado -de constitución y de molesto-, con tendencia a la obesidad y, además, feo), ya puede hacer lo que quiera que, a igualdad de condiciones, lo más probable es que nunca tendrá el consumo de una mujer bajita y delgada. Pero no se desmoralice el lector. Tampoco llegará a ser pivot en la NBA y ello no debiera frustrarle.

Afinando el «consumo basal»

Si bien no es posible sustancialmente cambiar nuestra base genética, como en el caso del metabolismo en general, sí se puede mejorar o afinar. Veamos cómo.

La obesidad

En las mismas circunstancias, un buceador obeso tiende a consumir más que uno delgado. Sin embargo, si ese consumo se debe a que su mayor masa influye en el consumo de oxígeno necesario para moverla, si su perfil hidrodinámico ofrece mayor resistencia al avance, si existen causas fisiológicas internas más profundas o si se debe a una combinación de todo ello, el Autor lo desconoce. Fuera como fuese, lo cierto es que si un buceador obeso adelgaza, tenderá a consumir algo menos. Esto es conocido.

Sin embargo, adelgazar no cambia mucho las cosas. Al menos no tanto como otros factores que trataremos casi al final del artículo.

La forma física

Lo dicho para la obesidad es igualmente aplicable a la forma física.

Sin embargo, en la mayor parte de las páginas que tratan sobre este asunto se afirma que una persona en forma y musculada requerirá de más oxígeno (y más consumo) que una menos atlética y sin muscular alegando que una mayor masa muscular requiere más oxígeno como «combustible».

El Autor no está tan de acuerdo con esta afirmación. Porque, si hablamos de musculación efectiva (no de hipertrofias inefectivas), a igualdad de requerimiento físico -ésta es la clave-, el buceador con buen tono muscular será más eficiente que otro que no lo tuviera. Es decir, que para producir el mismo trabajo, requerirá de menos esfuerzo y, por tanto, tendrá un menor consumo aunque su «motor» tenga la capacidad de quemar más «combustible» en términos absolutos.

En otras palabras, las mencionadas fuentes confunden las cosas equiparando el máximo trabajo que una persona musculada puede desarrollar con el máximo trabajo que una persona del mismo peso y características pero sin muscular desarrolla. Concluyen que los músculos fuertes del primero requieren más oxígeno que los raquíticos del segundo y que, por tanto, el primero consume más que el segundo. Lo que obvian es que los trabajos desarrollados por ambos generalmente son distintos y que a igualdad de trabajo, el primero siempre será más eficiente que el segundo. Lo contrario, vamos.

No nos liemos con esto para reducir el consumo del buceador

Aunque pudieran producirse reducciones de consumo si se adelgaza o se mejora el tono muscular y la capacidad aeróbica, no está muy claro si esto es tan relevante en cuestiones de consumo. La experiencia parece indicar que lo que mayoritariamente influye son otros factores.

Sin embargo, el buceador debe intentar mejorar su forma física, pero no tanto por reducir su consumo -que también-, sino porque mejorará su habilidad atlética para el desempeño buceando, así como otras variables que van desde la propensión a sufrir enfermedad descompresiva y minimizar riesgos que puede tener el buceo sobre la salud, hasta la mejora de la técnica.

Factores exógenos

La confusión entre el consumo del buceador y el consumo de la inmersión

Muchas veces se habla indistintamente del exceso de consumo del buceador y del que las circunstancias concretas de la inmersión le provoca. Esto llama al engaño porque se mezclan conceptos que, aun teniendo el mismo origen -que no puede ser otro que el propio buceador-, en realidad deben ser considerados independientemente.

Nadar contra corriente, el frío, situaciones exigentes físicamente, utilizar traje seco o más equipo (menos hidrodinámico), etc. son circunstancias que, de producirse, aumentan el consumo del buceador en la inmersión concreta que realiza, pero que no están originadas en su fisiología. Obviamente, si éstas cambiaran, ese exceso de consumo no se produciría.

Y no se puede obtener conclusión alguna sobre lo que nos ocupa porque ¿cuál sería entonces el consejo? … ¿no bucear en corriente? ¿no encontrarse con circunstancias exigentes físicamente? ¿no bucear con traje seco? Nada de ello se refiere al consumo inherente al buceador y no debiera ser mencionado cuando lo que se trata es cómo disminuir éste. Distrae del objetivo, aunque conviene saber esto.

El buceador debe centrarse en mejorar aquellos aspectos que, simultáneamente, son relevantes y que puede controlar. El resto es ruido de fondo.

Medidas irrelevantes

El sobrelastrado y el llenado y vaciado del chaleco

Entre los consejos que casi cualquier instructor de buceo recreativo dará al alumno que le pregunte sobre cómo puede reducir su consumo, sin duda uno de ellos será: «lástrate bien porque si vas sobrelastrado tendrás que ir hinchando y deshinchando tu chaleco, y eso gasta mucho aire«.

Pero, ¿alguien se ha molestado en comprobar cuánto es «mucho aire»? Nosotros vamos a hacerlo.

Un chaleco de buceo suele tener una capacidad de entre 12 y 17 kg, dependiendo de los modelos y las tallas. Ello obviamente significa que para llenarlos y vaciarlos COMPLETAMENTE se requieren entre 12 y 17 dm³ (litros) de gas.

En una inmersión recreativa tipo de unos 45 minutos de duración, con una profundidad media de entre 10 y 12 m (lo habitual), las manipulaciones con el hinchador de la tráquea ¿a cuántos llenados y vaciados COMPLETOS del chaleco de unos 15 kg de capacidad ascensional puede equivaler? ¿uno, dos, …? ¿tres?

Supongamos tres. Es decir, en el peor de los casos, serían 3 x 15 l x 2,2 bar = 100 litros en total. Y ¿eso es mucho o poco? Pues en dicha inmersión, con una botella de 12 litros de capacidad cargada a 200 bar (2.400 litros en su interior), representarían unos 8 bar y en una de 15 litros (3.000 l), unos 7 bar. Es decir, el 4 % y el 3 % del gas inicial, respectivamente.

Para que el lector se haga una idea si esto es relevante, o no, para nuestro buceador tipo con un consumo tipo SCR de 20 l/min, ello representaría estar en un fondo de 25 m sólo un minuto y medio más, respecto de no tocar el chaleco en toda la inmersión -cosa muy poco probable-. No parece demasiado relevante.

Aunque todo influye, el manipular el chaleco o ala, inflándolo y desinflándolo de vez en cuando debido al habitual sobrelastrado que soporta -nunca mejor dicho- casi todo buceador recreativo, es una cantidad irrelevante. Por ello, el buceador debe centrarse en otras cosas. La menor manipulación de su chaleco y el poco consumo de aire que ello representa ya llegarán solos cuando mejore su técnica y, entre otras cosas, mejore su flotabilidad a base de utilizar sus pulmones y no el chaleco.

Inflar el chaleco con la boca

El Autor ha visto esta práctica algunas veces y, curiosamente y casi siempre, a buceadores con cierta experiencia educados en la época «aguerrida». Pero lo peor es que ha oído también recomendarla a algunos instructores.

¿En serio? ¿La mejora de nuestro consumo depende de soplar por la tráquea del chaleco para ahorrar aire? Es el tipo de cosas que solivianta escuchar.

Los sencillos cálculos anteriores desmienten fácilmente esta pretensión. Pero más importante sería ponerla en contexto: ¿hay que quitarse de la boca el regulador cada vez que se necesite inflar el chaleco para ahorrar unos litros? ¿qué protocolo es ése?

No respirar en superficie del regulador

En un anterior artículo titulado «La seducción de lo innecesario: ¿LLEVAR TUBO o «SNORKEL»?«, se afirmaba que uno de los principales argumentos de los partidarios de llevar el tubo era que así no se consumía gas de la botella estando en superficie.

Aun siendo evidentemente cierta esta afirmación, el Autor cuantificaba este presunto «ahorro» de gas. Recordémoslo:

Un consumo (SAC o SCR -ver la entrada «LA CUANTIFICACIÓN DEL CONSUMO DEL BUCEADOR«-) estándar de 20 litros por minuto durante un nado de 5 minutos (que ya es mucho) representaría un consumo absoluto de 100 litros . Transformando este volumen en unidades de presión relativa a la capacidad de la botella que se porta, (que son las que podemos leer en el manómetro) esto representa 9 bar en una botella S80 de aluminio (de 11,1 l), unos 8 bar en una de acero de 12 L y algo menos de 7 bar en una botella de 15 L, que son las más habituales en el ámbito recreativo .

Como a mucha gente no le resulta claro si esto es mucho o poco, diremos que estas cantidades equivalen a permanecer un minuto y medio buceando a 20 m de profundidad con el mismo consumo e independientemente de la botella que se lleve. Juzgue el lector si esto es mucho o poco. Al autor le parece una cantidad irrelevante en general.

Volvemos a lo mismo: innegablemente todo afecta. Pero ello no debe justificar cicatería en el empleo del gas. Mejor llevar gas de sobra, que es lo que se debería enseñar (y no se hace porque es muy conveniente comercialmente que el buceador vaya con botellas pequeñas para que su inmersión dure entre 45 min y una hora a lo sumo).

Y, aunque en rigor es cierto afirmar que no respirar del regulador en superficie reduce el consumo de la inmersión, que no del buceador (detalle que debiera ser mencionado), es estéril focalizarse en estas menudencias y absurdo considerarlas como procedimiento para reducir el consumo.

Lo que de verdad importa en el exceso de consumo

La técnica de buceo

En una anterior entrada titulada: «Los involuntarios hijos de Atila: LA TÉCNICA DE BUCEO Y LA PROTECCIÓN DEL MEDIO» se describían los problemas para el medio marino que ocasionaba una deficiente técnica de flotabilidad, de posición estática, de nado y de aleteo.

Nadar con el cuerpo en ángulo por encima de la horizontal (en la jerga, «nadar a lo hippocampus» -caballito de mar-) significa ofrecer una resistencia enorme al avance respecto de hacerlo con una posición horizontal que la minimiza. Es obvio que la resistencia se vence a base de trabajo mecánico, lo que redunda en un consumo de oxígeno mucho mayor.

Adicionalmente, el aleteo de tijera recreativa, aun siendo muy eficiente en distancias cortas, a la larga exige también un mayor esfuerzo.

Por último, quien sepa esquiar habrá comprobado que, al principio, la mayoría del esfuerzo que se hace es innecesario, por falta de técnica. Cuando ésta se adquiere, el cansancio prácticamente desaparece. Cuanta más técnica, menor cansancio hasta el punto de poderse ver a esquiadores muy mayores bajar «de tirón» una pista sin esfuerzo alguno, mientras musculosos jóvenes principiantes tiene que pararse cada tanto porque no pueden soportar el esfuerzo -innecesario- que desarrollan. Lo mismo pasa en el buceo: muchísimos esfuerzos que se hacen son innecesarios y desaparecen cuando la técnica se consigue.

Y con la técnica no sólo desaparece el esfuerzo que penaliza el consumo, sino que aparecen otros factores coadyuvantes para lograr un menor consumo como el control, la seguridad, la tranquilidad, etc. Una mayor adaptación al medio, finalmente.

El estrés

Quizá éste sea el factor más importante, con diferencia. Aunque, como se ha visto, está muy relacionado con la técnica y también con el tiempo pasado en el agua -por qué no decirlo-.

En este artículo no se considera el estrés o la ansiedad debidos a posibles desarreglos psicológicos (fobias, etc.). Sin querer minusvalorarlos, se entiende que se parte de una condición mental sin penalización previa (aunque estas cosas también tiene su solución clínica, por supuesto).

En anteriores artículos como en «LA CUANTIFICACIÓN DEL CONSUMO DEL BUCEADOR« se ha puesto de manifiesto que el consumo (SCR, SAC o Consumo Equivalente en Superficie, expresado en litros/minuto) aumenta muy considerable bajo estrés.

El Autor relata que él mismo, en condiciones normales, tiene un SCR de 14 a 16 l/min (muy normalito, tirando a mediocre -como el resto de su ser-), pero tiene registrado un consumo bajo estrés y esfuerzo de 50 l/min. Más del triple. Esto sólo pretende ilustrar la influencia del estrés en el consumo. No hablamos de unos pocos bar de presión de la botella, ni de un minuto más o menos en el fondo, sino de nada menos que triplicar el consumo. Y hay ejemplos mucho peores.

Por ello, el estándar que se emplea en los cálculos de 20 l/min en condiciones normales y de 30 l/min en estrés, lejos de ser exagerados, son optimistas. Lo que ocurre es que, de aumentarlos, no hay gas para bucear. Una bonita trampa al solitario universalmente asumida.

El lector podrá pensar que éste también es un factor que forma parte de los avatares de la inmersión, pero no es exactamente así. Porque, si bien una determinada circunstancia en una inmersión concreta puede provocarnos una situación de miedo o de ansiedad, el estrés inicialmente forma parte de cualquier inmersión de todo incipiente buceador.

Meterse en el agua durante una hora a una profundidad equivalente a la altura de un edificio de varios pisos respirando de un cacharro unido por una manguera a una botella provoca temor o, incluso, miedo a todo el que empieza. A todos. Y quien diga lo contrario, o miente o mejor que visite a un especialista de la salud mental (el Autor aquí renuncia a ser prudente).

Desde que el buceador se inicia hasta que se acostumbra de verdad a tener confianza debajo del agua, puede pasar mucho tiempo. Algunas veces ello no ocurre nunca y no es infrecuente que personas que llevan años buceando, dejen de hacerlo porque no logran librarse de una sensación de temor o de incomodidad, como mínimo.

Pero, cuando la tranquilidad ya se ha conseguido, el buceo pasa de ser una actividad «adrenalínica», a ser «relajante». Y, aunque ello no ocurre de la noche a la mañana sino progresivamente, en ese punto se comprueba que el consumo ha descendido más que notablemente respecto de cuando se empezó. Esto es porque la respiración se hace más regular.

Éste no es el único efecto negativo del estrés, ni mucho menos, ya que sus efectos van mucho más allá, modificando variables corporales importantes (acidez en sangre, hormonales, etc.), que influyen hasta en la enfermedad descompresiva. Pero eso es otra historia para otro artículo, que abordaremos en un futuro próximo.

Y ahora, la pregunta: «¿y qué puedo hacer? … ¿no estresarme? ¿Cómo?, si es inevitable«.

La respuesta que se da en el 99% de los casos es la remisión a lo que todo resuelve en el buceo recreativo, al parecer: la sempiterna «experiencia» (tratada en un reciente artículo). «Cuando vayas adquiriendo experiencia, ya verás cómo el consumo se te va reduciendo«. Y, siendo esto cierto, no es una verdad completa.

Porque la tranquilidad y la sensación de seguridad y de control también se pueden lograr -o aumentar- mediante otros procedimientos.

Por ejemplo, mejorando la técnica de buceo. Es decir, adquiriendo más control. Cuando nuestra flotabilidad (auténtico cimiento de la técnica del buceo) es mala, cualquier anécdota se convierte en problema. Cuando nadamos ineficientemente y hacemos un ejercicio innecesario aumentando la producción de CO2, la ineficiencia se trasmite a la respiración, aumentando el consumo muchísimo. En esto tiene una influencia definitiva el control de la respiración, (asunto nada evidente ni sencillo que será objeto monográfico de varios y próximos artículos porque tiene la suficiente enjundia).

O, por ejemplo, siguiendo los pasos indicados respecto de la preparación del equipo descritos con detalle en anteriores artículos para comenzar la inmersión con el menor estado de ansiedad posible y no empezarla con un nivel alto de estrés. (Se recomienda la lectura de la primera («Condiciones Generales«), segunda («Montando el equipo«) y tercera parte («Abriendo la botella«) del artículo sobre EQUIPAMIENTO Y COMPROBACIÓN DEL MATERIAL, ya publicado).

O absteniéndonos de entrar en el agua en malas condiciones (sueño, falta de descanso, alcohol, preocupaciones, etc.). Se aprovecha esto para decir al lector que, para el Autor, uno de los signos inequívocos de encontrarse delante de un buen buceador (consolidado o en ciernes) es escucharle la palabra NO. «Hoy no me encuentro en condiciones y no buceo«. ¿Cuántas veces se escucha esta frase? Seguramente muy pocas. O no todas las que se debiera.

¿Qué reducción del consumo cabe esperar?

Dado que la primera afirmación de este texto es que cada buceador tiene su propio consumo «basal», se debiera colegir que cada caso será distinto.

Pero, para que el buceador que se inicia y esté leyendo estas líneas mitigue su incertidumbre, se intentará ilustrar un orden de magnitud esperable con un ejemplo ya mencionado, como es el del propio Autor.

Como se refirió anteriormente, desde que el que esto escribe comenzó a registrar sus consumos, hasta la fecha, su Consumo Equivalente en Superficie SCR ha variado desde 25 l/min hasta los 14-16 l/min en la actualidad. Consumo mediocre para ciertos niveles, como se ha dicho. Pero es lo que hay con este cuerpo de escombro que los dioses del olimpo han tenido a bien concederle.

Pensando en una inmersión recreativa tipo de unos 45 min, a una profundidad máxima de 25 m y con una profundidad media de unos 12 m, la diferencia entre ambos consumos sería enorme. A saber:

la diferencia absoluta entre ambos consumos sería de (25 – 15) l/min x 2,2 bar x 45 min = 1.000 l, equivalentes a casi 85 bar de una botella de 12 l y a casi 70 bar en una de 15 l. Es decir, el más del 40% y el 35% de la presión de la botella, respectivamente. Una cantidad muy significativa. (Compárese con las menudencias de las recomendaciones que se suelen dar, analizadas anteriormente).

Lo que no se debe hacer y casi todo el mundo hace

Casi todo buceador que desea reducir su consumo acaba haciendo apneas durante la inmersión.

Esta práctica es denostada con mucha razón por todo instructor y buceador consciente que se precie. Pero con algún matiz.

Porque el consejo que se suele dar al que empieza es «Tú respira normalmente al bucear. Como lo haces en superficie«.

Y el Autor, desde sus insolentes comienzos de OWD, siempre se preguntó cómo podría ser posible hacer eso, que también le aconsejaron. ¿Respirar como si se estuviera esperando al autobús en superficie, con un regulador en la boca -que, por muy bueno que sea, presenta una apreciable resistencia respiratoria-, inhalando un gas mucho más denso que el aire en superficie y estando sometido el cuerpo a una presión que limita la capacidad pulmonar? El Autor ruega que alguien le aclare cómo se puede lograr. (Obviamente es un ruego retórico).

Así pues, la realidad es que la respiración correcta al bucear no es la respiración en superficie, sino que es más profunda y pausada.

Pero hay mucha gente que alarga las pausas hasta el punto de hacer apneas. El Autor encontró una vez a un buceador que decía contar hasta diez en cada tramo de la secuencia inhalación-pausa-exhalación-pausa, mejorando notablemente su consumo. ¡Pues claro! … y si dejara de respirar, ¡mejoraría infinitamente más!

Cabe preguntarse si tal ejercicio de masoquismo permitía a este crono-buceador ver algún pez o, por el contrario, lo que le reportaba eran dolores de cabeza. Y es que este tipo de prácticas llevan directamente a un estado de hipercapnia (acumulación de CO2) en sangre que es de las cosas más perniciosas que pueden suceder a un buceador en inmersión.

No hay que hacer apneas, sino respirar normalmente -siendo la norma, la respiración en la inmersión, no en superficie-. Dentro de ese ritmo acompasado aceptable, hay gente que «suaviza» la exhalación, alargándola un poco. Suele funcionar bien.

En cualquier caso, el control de la respiración tiene una influencia muy importante en la flotabilidad y, por ende, en el consumo, por lo que la relación entre espiración e inspiración (una curva más o menos sinusoidal) debe tener una amplitud pequeña y un período constante. Como se ha dicho, esto será objeto de próximos artículos.

Otras soluciones

Soluciones lógicas: una botella mayor

Si se constata que el consumo de uno mismo es alto cuando ya se tiene una técnica apreciable y cuando se ha hecho todo lo que razonablemente se puede hacer, pero se sigue terminando el tiempo de inmersión con apuros, el siguiente paso lógico es llevar una botella de mayor capacidad.

Es llamativo que muchas veces quienes emplean botellas de 18 litros tienen que dar explicaciones a los compañeros del barco. Y más curioso es ver cómo tipos grandes como castillos bucean con botellas de 12 litros para evidenciar lo poco que consumen -al parecer inequívoca demostración de saber y veteranía-. Incluso lo hacen muchos instructores. Aunque tengan que pasarse media inmersión en apnea.

Todo lo contrario: en este blog se insiste continuamente en la idea de llevar siempre gas de sobra respirando correctamente. Por comodidad y por seguridad. Pero también por necesidad.

El buceador que consume mucho no debe avergonzarse de ello, ni justificar nada ante nadie. Debe simplemente obrar en consecuencia.

Soluciones drásticas: una botella más

Si no fuera suficiente llevar una botella de mayor capacidad, se puede llevar una segunda botella (etapa o pony). No solamente no pasa nada, sino que es muy sencillo acostumbrarse a ello y, además, ofrece un inestimable añadido de seguridad al significar una segunda fuente de gas independiente, obteniendo una redundancia que no existe en buceo recreativo.

Una botella adicional de 5-7 litros de acero o una S40 de aluminio resolverán cualquier problema de gas en una inmersión recreativa, aunque normalmente no sea necesario llegar al extremo de llevarla únicamente por un exceso de consumo (sí por otros motivos).

Soluciones más drásticas: el rebreather recreativo

No se extrañe el lector de que se mencionen esos aparatos reservados hasta ahora al buceo técnico porque, en la actualidad, se empiezan a incorporar al ámbito recreativo modelos sencillos de recicladores (rebreathers) cuya máxima profundidad operativa es de 40 m.

Además, no es desdeñable la evolución que se está produciendo en estos aparatos. En este blog se defiende la permanente evaluación de la tecnología y medios disponibles, sopesando el binomio riesgo-beneficio. Lo que no es aconsejable hoy, sí puede serlo mañana.

El Autor entiende que, independientemente de la no emisión de burbujas y ruidos, generalmente en la actualidad esto no tiene gran sentido todavía en un ámbito en el que hay unas grandes limitaciones de tiempo y profundidad por la propia naturaleza del buceo recreativo, habiendo un enorme recorrido hasta agotar las posibilidades -mucho más sencillas y diría que seguras- del buceo en circuito abierto (con botellas) antes de introducir otras técnicas. Pero esta posibilidad hay que mencionarla porque, si el lector tiene irresolubles e inmodificables problemas de consumo, un reciclador o rebreather puede ser la solución.

Corolario

Las mejores recomendaciones que el Autor piensa se puedan dar al buceador que se inicia y que está preocupado por su exagerado consumo, son:

  • Asuma que lleva «de fábrica» un consumo del que no podrá bajar. No se frustre por ello cuando bucee con compañeros que gasten menos. Llegar al mínimo consumo personal ya es un gran paso.

  • Tenga paciencia, bucee mucho y FOCALICE TODO SU ESFUERZO EN MEJORAR SU TÉCNICA de buceo MEDIANTE LA FORMACIÓN, sobre todo su flotabilidad y, para ello, el control de su respiración.

  • Haga todo lo necesario para llegar al agua y comenzar la inmersión SIN ESTRÉS, o con el menor posible. En este blog hay varios artículos citados anteriormente sobre cómo conseguirlo.

  • NO HAGA APNEAS AL RESPIRAR DEBAJO DEL AGUA. Prolongue suave y ligeramente la respiración que el cuerpo le pida en esas condiciones, intentando que ésta sea tranquila y uniforme.

  • BUCEE SIEMPRE CON GAS DE SOBRA. La holgura es seguridad. No le dé vergüenza ni reparo pedir botellas de mayor capacidad. Combata las reticencias de muchos centros de buceo a ofrecer botellas mayores de 12 l. (Si ése fuera el caso, desconfíe de ellos).

  • No pierda su tiempo en menudencias como hinchar el chaleco con la boca, llevar tubos innecesarios para no usar el regulador en superficie, etc. No se preocupe por hinchar y deshinchar en demasía su chaleco, ya dejará de hacerlo cuando mejore su flotabilidad y utilice su respiración como compensador.

En resumen, no se caliente el lector la cabeza con lo que no puede modificar, ni en factores casi irrelevantes que se debieran solucionar de otras maneras. Ello lleva sólo a la frustración y a la melancolía. Ponga atención en lo que sí puede modificar y tiene verdadero impacto en el consumo, que es lo que importa.

Y nunca tire la toalla (que luego hay que agacharse a recogerla y acaba doliendo la espalda).

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4 comentarios sobre “

«Buceo, luego respiro».

CÓMO REDUCIR EL CONSUMO DEL BUCEADOR

  1. Cosas que me planteo:
    -Consumo basal, por definición es de Oxígeno, en litros de oxígeno (o moles, o lo que quieras), si estamos buceando a 20 metros de profundidad, respiramos a 3 atm, es decir, una PPO2 de .63, El consumo de O2 de un velocista de élite es de 5 litros por minuto. Si hacemos las cuentas, veremos que por mucho que cambiemos nuestro metabolismo basal, o por más o menos que nos esforcemos, no es el consumo de oxígeno lo que nos acelera la respiración. Pero si no es el oxígeno (o no en la medida que pensamos) ¿por qué nos acelera la respiración y por tanto el consumo cuando nos estresamos o cuando tenemos una postura ineficiente? Es que la respiración no sólo se trata de llevar O2 al cuerpo sino también de sacar CO2 del cuerpo. Y me da la impresión de que ahí viene el aumento del consumo, porque producimos CO2, para disiparlo producimos más número de respiraciones y más profundas. Por tanto, inspiramos más litros de gas en cada respiración y hacemos más respiraciones por minuto y ahí si que las cuentas son las que son.

    Pero entonces, si el aumento del consumo de gas no viene por la deuda de oxígeno sino por la generación de CO2, ¿influiría en algo el metabolismo basal? Puede ser que simplemente cuanto más consumo basal tengas, «estés acostumbrado» a realizar más respiraciones por minuto y eso se traslade a bajo el agua.

    No lo sé, son sólo reflexiones que me salen a vuelapluma y te invito a profundizar en ello para próximos artículos si te apetece, claro.
    Un saludo.

    1. Vas bien encaminado.

      Realmente, de todo el aire que inspiramos, sólo consumimos un porcentaje pequeño de todo el oxígeno que contiene. El resto lo volvemos a expulsar.
      Pero, efectivamente, la respiración está determinada por relaciones complejas en el intercambio oxígeno-dióxido de carbono-vapor de agua, no por la necesidad de oxígeno sin más. Diríase que más bien que por el exceso de CO2 que los receptores que tenemos nos indican. Si no producimos CO2, no hay sensación de ahogo, independientemente de que haya oxígeno, o no.

      El CO2 es el gran desconocido del buceo recreativo. Hay escrito desde hace mucho tiempo un artículo muy pormenorizado sobre el CO2, pero es un poco «denso» y, si lo hubiera publicado al principio, me hubiera quedado sin lectores. Hay muchos temas que deben ser tratados antes.
      Paciencia, ya llegará.

      Gracias por el comentario.
      Un saludo cordial.
      G.

  2. Muchas gracias por este artículo. He empezado a bucear hace 8 meses a los 63 años de edad y me tiene enganchado y este artículo me ha dado una nueva perspectiva

    1. Hola, Baldomero.

      En el buceo se puede disfrutar muchísimo y durante muchos años. Es mágico y, aunque se pueden hacer muchas cosas placenteras en la vida, pertenece a una categoría superior.
      Si has empezado hace poco, lo importante es conseguir consecutivamente técnica-control-seguridad-relajación-disfrute. Una cosa te llevará a la siguiente. Y el final no es demostrar nada a nadie, sino pasártelo bien. Pero hay que empezar mejorando la técnica. Porque, sin ella, no hay ni control ni todo lo que sigue. Y se puede disfrutar, pero sin control, sin seguridad y sin la relajación consecuente, el disfrute es una fracción del que se pudiera alcanzar. El buceo debe poder ser una actividad totalmente relajante.

      Por ello, me permito sugerirte que no descuides la formación, tengas la edad que tengas. Es como mejor podrás gastar el dinero.

      En cualquier caso, aquí tienes este blog para lo que pueda contribuir a ello.
      Gracias por el comentario.
      G.

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