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«Pero … ¡si yo tengo el chaleco de mi tamaño y ni sé ni me importa el volumen de aire que puede contener!». Ésta es la habitual frase que uno se encuentra en un centro de buceo cuando menciona que hay que saber qué volumen ascensional tiene el dispositivo de flotabilidad que se lleva y cómo hay que calcular el correcto.

Si la respuesta viene de un buceador recreativo tipo, tiene sentido tal y como veremos a lo largo del artículo. El problema es el de siempre: a veces quien contesta es un buceador con conocimientos recreativos básicos pero con muchas inmersiones que ya hace mucho superó los límites inherentes al buceo recreativo (y que se describen el la anterior entrada titulada «Los Límites del Buceo Recreativo«), pero con la misma formación que le dieron al principio.

Sin embargo, esta entrada es aplicable a cualquier dispositivo de flotabilidad -chaleco o ala- y a cualquier buceador.

El empuje ascensional del chaleco

Efectivamente, el buceador recreativo se compra o alquila el chaleco que le queda bien, es decir, la talla que le corresponde. No se preocupa de más. Y hace bien, puesto que los fabricantes asignan a cada talla un volumen interno que ofrece un determinado empuje ascensional. Comoquiera que el equipo del buceador recreativo es limitado, dicho empuje ascensional suele ser suficiente, como comprobaremos a lo largo de este artículo. No hay que preocuparse.

Sin embargo, todo buceador debiera saber calcular el empuje ascensional necesario para el dispositivo de flotabilidad que vaya a llevar en una circunstancia determinada. Y lo debiera saber no sólo por «cultura de buceo», sino porque cuando con el tiempo vaya más profundo o aumente su equipo -y mucho más si da el salto al buceo técnico, en el grado que sea-, debería prestar atención a estas cosas que pueden ser muy importantes para su seguridad, sin conformarse con la justificada ignorancia del que empieza. Pero la enseñanza al uso es la que es. Para eso está este blog.

¡No depende de cómo se es! … ¡depende de lo que se lleva y a dónde!

Debido a lo mencionado en el epígrafe anterior, en el que se afirma que para cada talla de chaleco se ofrece un determinada -y frecuentemente ignota- capacidad ascensional máxima, mucha gente cree que el tamaño o volumen de todo dispositivo de flotabilidad se calcula en función del tamaño y características físicas del buceador que lo llevará. Buceador grande, mucho volumen. Buceador pequeño, volumen pequeño. Pues es un error conceptual. Un error inducido por el tallaje de los chalecos recreativos, pero un error.

De hecho, en determinadas condiciones un buceador pequeño requerirá un dispositivo de mayor capacidad que otro buceador corpulento y pesado en otras. Veremos por qué.

En la línea de salida somos todos (casi) iguales

Imagine el lector que está buceando con su equipo en un lugar de aguas muy calientes que le permiten llevar sólo su bañador, sin ningún equipo adicional y con una botella botella estándar S80 de aluminio (como las que se emplean en gran parte del mundo de influencia anglosajona) cargada con un máximo de 120 bar.

Imagine que, en esas circunstancias, se ha lastrado exactamente, es decir, que es TOTALMENTE NEUTRO en el último metro que hay hasta superficie (no a cinco ni a tres metros) al final de la inmersión con la botella sensiblemente vacía. En esas condiciones, el peso total del gas de dicha botella llena sería de un kilo y medio aproximadamente, peso que nuestro lector podría contrarrestar fácilmente con sus pulmones y aletas.

Así y como estas condiciones descritas no varían con la profundidad, podríamos afirmar que nuestro buceador es sensiblemente NEUTRO … dando igual si está a cinco metros o a cincuenta. En esas y sólo en esas condiciones, será neutro a cualquier cota (1) y, por tanto, NO NECESITARÁ CHALECO ni ningún otro tipo de dispositivo de flotabilidad. ¿Para qué, si es neutro?

Complicando la situación

Pero imaginemos ahora que nos vamos a un lugar de aguas más frías en los que hay que llevar un traje de neopreno de un cierto espesor. Y que se va a bucear con una botella de acero de 15 litros a 200 bar. Además, como no se está seguro de que el lastre que requiere nuestro traje de neopreno, sumamos un kilito más al lastre, pensando que es mejor ir un poco sobrelastrado que irse hacia la superficie al finalizar la inmersión.

En esas condiciones, nuestro buceador, llevará respecto a la situación tropical anterior, unos tres kg y medio de peso de gas, unos cuatro kg para compensar la flotabilidad en superficie de su neopreno y el kilo del porsiacaso. En total 8,5 kg que no podrá compensar con sus pulmones y para los que deberá llevar algo que le ayude a elevarlos -so pena de soltar lastre y llegar a superficie descontroladamente o irse a visitar a Neptuno-. Es decir, necesitará de un dispositivo de flotabilidad.

¿Para qué sirve realmente un chaleco o un ala?

La consecuencia que podemos obtener de esto es que el dispositivo de flotabilidad no es necesario si prescindimos de:

  • El peso del gas que se lleva
  • El lastre necesario para compensar el efecto del traje de neopreno
  • Cualquier sobrelastrado indebido (o circunstancial).

Y, por contra, podremos afirmar que el chaleco sirve para compensar -además de un sobrelastrado- el «lastre variable» o peso cuya cuantía varía a lo largo de la inmersión debido al consumo del gas y al efecto del neopreno por la diferencia de profundidad. Esas tres cosas serán las que deba compensar un chaleco o un ala. No valen para nada más.

El tamaño importa … indirectamente

Al principio de este artículo se afirmaba que el tamaño y talla del buceador no influía en el requerimiento de una determinada capacidad ascensional de su chaleco o ala … casi.

El «casi» indicaba que, en condiciones normales, un buceador corpulento llevará un traje de neopreno de mayor superficie que un buceador más pequeño y también probablemente una botella de mayor capacidad con más gas.

Realmente lo que influye es el tamaño y espesor del traje, dependiendo esto del tamaño del buceador, influencia no «per se», sino indirecta.

La cuantificación de la capacidad ascensional necesaria

Parece obvio que el dispositivo de flotabilidad deberá contrarrestar la flotabilidad negativa del conjunto buceador-equipo en todo momento de la inmersión.

La clave es «en cualquier momento de la inmersión». Por tanto, obviamente la cuantificación de su capacidad ascensional no se deberá pensar en función de cualquiera de las partes en que se quiera dividir una inmersión tipo (descenso, deco, superficie, etc.), sino sólo en la circunstancia más desfavorable a la que razonablemente se pueda pensar va a estar sometido.

Entendiendo que este es un blog dedicado fundamentalmente al buceo recreativo con monobotella, vamos a ver qué circunstancias pueden ser las más desfavorables en una inmersión.

El gas que se lleva en la botella

Efectivamente, el gas que se porta a la espalda pesa. Hay que darse cuenta que la aparente ligereza del aire a la que se está acostumbrado desaparece cuando lo comprimimos en un recipiente de volumen constante a altas presiones. Concretamente, la densidad media del aire es de 1,29 gr/dm³ a 0ºC y de 1,09 gr/dm³ a 50ºC. Supongamos pues que, a temperaturas habituales, es de unos 1,2 gr/dm³. Ello quiere decir que el aire que se transporta en una botella de 12 litros de capacidad a 200 bar pesa 12 l x 200 bar x 1,2 gr/dm³ = 2,88 kg. Y el de una botella de 15 l a la misma presión sería de unos 3,6 kg. Son pesos muy considerables que hay que tener en cuenta. Pero lo que aquí interesa es que dicho peso va disminuyendo a medida que el gas se va consumiendo.

Así pues, en el caso del aire (el Nitrox pesa un poco más dependiendo de su porcentaje de oxígeno), una botella S80 de aluminio llevará unos 2,7 kg llena, una botella de 12 l llevará casi tres kg, una de 15 l llevará unos 3,6 kg y una de 18 l llevará unos 4,3 kg. Pesos de gas todos ellos que irán disminuyendo a medida que se vayan consumiendo por el buceador durante la inmersión.

Es evidente que el momento más desfavorable en cuanto al peso del gas es el principio de la inmersión, en el que todavía no se ha consumido nada y el gas está intacto.

El lastre debido al neopreno

El traje de neopreno flota y requiere un lastre considerable para poder mantenerlo neutro cerca de la superficie al subir. Pero lo que aquí interesa es que ese traje disminuye su espesor por efecto de la presión y que, por tanto, el lastre que se lleva para contrarrestar su flotabilidad en superficie sobra en parte cuando se está a profundidad. Este lastre que sobra es el que deberá contrarrestar el dispositivo de flotabilidad. Y sobrará más a cuanta más profundidad se esté.

Esto es importante: si se bucea con neopreno, la capacidad requerida del chaleco o ala será mayor cuanta más sea la profundidad a la que se desee bajar. No depende sólo del espesor del traje.

Como indicación, considere el lector la totalidad del lastre que utilice para contrarrestar el traje de neopreno.

El lastre del porsiacaso

Debido a la mala costumbre de muchos instructores de sobrelastrar a sus alumnos de niveles básicos, muchos han asumido que el sobrelastrado les da seguridad, lo cuál es falso. Sería importante que la enseñanza actual dedicara mucho más tiempo a enseñar al novato -en teoría y práctica- a lastrarse correctamente y a vaciar su chaleco, pero las cosas son como son y no es infrecuente encontrarse con buceadores que llevan kilos suficientes para lastrar un petrolero.

Este peso indebido -o cualquier otro que pueda ser justificado por las circunstancias (una herramienta grande, o similar)- no debe ser olvidado a la hora de elegir el chaleco o ala. Quien esto escribe ha visto hundirse muy peligrosamente a un compañero con todo su chaleco hinchado «a tope» intentando transportar una cadena del fondeo de un barco, empecinado en no soltarla. Por poco frecuente que pueda ser la situación, esto hay que saberlo.

La circunstancia más desfavorable

Entonces, ¿qué flotabilidad negativa deberá compensar nuestra ala o chaleco? La respuesta pasa por entender cuál sería la circunstancia y el momento de la inmersión más desfavorables, es decir, en el que nuestra flotabilidad negativa sería mayor.

Tendremos que imaginar que nos acabamos de tirar al agua, que hemos descendido hasta la profundidad máxima de tal manera que, nada más llegar al fondo, allí llegamos con nuestra botella prácticamente llena porque todavía apenas hemos consumido gas. El peso de ese gas que lleva la botella será el máximo de toda la inmersión. En esa circunstancia, el traje de neopreno que llevemos alcanzará su máxima compresión haciendo que sobre gran parte del lastre que llevamos para poder compensar su flotabilidad casi en superficie.

Cierto es que, en esa situación y en caso de problemas, podríamos desprendernos del lastre zafable que portamos en el cinturón o en bolsillos al efecto, disminuyendo los requerimientos del dispositivo de flotabilidad pero, a efectos del cálculo de su capacidad, no debe considerarse esta posibilidad (que, en el caso del buceo «con techo» o técnico, ni siquiera existe). Sobre todo porque se supone que queremos continuar la inmersión.

En otras palabras, nada más llegar al fondo, es cuando se estará más sobrelastrado, tanto por no haber consumido el gas que lleva, como por estar su traje a la máxima compresión. Ésa es la situación más desfavorable a la que corresponderá el peso que el ala deberá compensar … en principio. Porque todavía queda algo más.

El compañero también se hunde

Averiguando estos datos, ya sabremos el empuje ascensional que nuestra ala o chaleco debe tener para mantenernos estables a profundidad en el peor de los casos.

Pero queda algo más: porque, aunque muy improbable, se puede dar el caso de que en ese mismo momento, nuestro compañero -al que se le supone en las mismas circunstancias que a nosotros- , se le salga la tráquea de su ala, descubra que está rajada (error de superficie por no comprobarla hinchándola al máximo, cosa que casi nadie hace) o por cualquier otra circunstancia, se quede sin dispositivo de flotabilidad. En ese altamente improbable pero posible escenario, deberemos sumar a los requerimientos propios, los del compañero. En otras palabras, tendríamos que duplicar la capacidad ascensional de nuestra ala o chaleco.

Al Autor este planteamiento le parece exagerado. Pero no porque tal extremadamente improbable circunstancia no se pueda dar (ver la entrada «Todas las setas se comen, pero algunas sólo una vez: el FALLO CATASTRÓFICO«), sino porque los buceadores tienen pulmones y capacidad para aletear subiendo un cierto peso hasta llegar de manera segura a cotas en las que pueda asegurarse la flotabilidad de ambos en la mayoría de los casos.

Esto es difícil de cuantificar. Pero la realidad apoya esta tesis: en el tercer ejemplo -nada inhabitual- que más adelante se expondrá, se comprueba que el cálculo duplicado exige alas para monobotella que no existen el mercado. Es por ello que el factor de seguridad que se debe aplicar al volumen del dispositivo de flotabilidad se deja a criterio del usuario aunque, como indicación, en las circunstancias descritas cualquier buceador debe poder al menos con un par de kg o tres dando aletas y con otro expandiendo los pulmones. (Hay que señalar que este razonamiento no se puede aplicar al cálculo de la capacidad ascensional del ala propia, puesto que ésta será necesaria durante todo el tiempo que se permanezca en el fondo desde el comienzo de la inmersión. No es una eventualidad a resolver subiendo de cota).

También hay que mencionar que el ascenso es más fácil cuanto menos sea la profundidad a la que se esté, ya que la variación porcentual de presión por cada metro (gradiente logarítmico, para los puristas), es más favorable. Costará más subir un metro a profundidad que un metro en zonas someras.

A juicio de quien esto escribe, el buceador debe pensar en las circunstancias más desfavorables en las que normalmente va a bucear, calcular el volumen mínimo que éstas requieren y comprar un ala un poco mayor de este mínimo. Sin paranoias.

¿Cuándo se encuentra uno con todo esto?

Dado que, como se ha reiterado, las capacidades ascensionales de los chalecos vienen dadas en función de su tallaje, el buceador suele empezar a pensar en este asunto del volumen ascensional cuando desea cambiar su chaleco por un ala. En esa circunstancia, lo primero que se encuentra son numerosos modelos de muy distintos tamaños SIN TALLA alguna.

Y, en ese momento, recurrirá a los compañeros con la consabida pregunta: «oye … ¿este ala de 15 libras que me gusta es suficiente para mí?«. El compañero, lejos de reconvenirle haciéndole ver la improcedencia de su pregunta y señalándole su ignorancia y el camino hacia este blog -que es lo que tiene que hacer un amigo-, le contestará con un «yo cogería algo más grande» o similar. Casi nadie saca papel y lápiz, pregunta en qué condiciones bucea el que inquiere y se dispone a hacer unos sencillos números para averiguar la respuesta.

Los datos y «pistas» de los fabricantes

Cuando uno busca comprar un ala, lo primero que se encuentra es que los tamaños, relacionados con su empuje ascensional -que, como se dice, no son tallas-, son dados normalmente en libras, unidad de masa del absurdo Sistema Imperial anglosajón.

Por ello, deberá transformar a kilos (2) del Sistema Internacional sabiendo que 1 lb ≈ 0,4536 kg. Para simplificar, una libra es equivalente medio kilo, aproximadamente.

De todas maneras, el lector de este blog ya está en condiciones de no extrañarse cuando busque comprar un dispositivo de flotabilidad y se encuentre con uno del que el fabricante diga en su publicidad algo como «adecuado para aguas cálidas» o «sólo para botellas de 12 y 15 l«. En vez de pensar acerca de qué tendrá que ver la temperatura del agua con un chaleco, ya puede entender por todo lo dicho que lo que realmente se quiere indicar es que el artefacto en cuestión será de poco volumen de vejiga y, por tanto, tendrá poca capacidad ascensional.

Los fabricantes, a pesar de ofrecer el dato de la capacidad ascensional de sus productos más o menos claramente en los manuales de uso -y, sólo a veces, en su publicidad-, frecuentemente suelen recurrir a estas cosas ya que el buceador recreativo medio normalmente no sabe qué capacidad ascensional necesita, ni cómo calcularla. Ya no será el caso del lector.

Ejemplos prácticos completos

En los próximos ejemplos, partiremos siempre de la base de un buceador con monobotella bien lastrado, es decir, que es neutro en el último metro que hay hasta superficie al final de la inmersión (con el traje de neopreno expandido a su máximo volumen y con una botella estándar sensiblemente vacía). De esa manera, podemos considerar que el lastre que porte en ese momento le confiere flotabilidad neutra.

A partir de ahí, consideraremos los siguientes factores: tipo de agua (dulce o salada), profundidad máxima de descenso, temperatura y traje que se lleva; capacidad, presión y, por tanto, peso del gas de la botella que portemos a la espalda. Añadiremos el pequeño peso adicional de los porsiacasos.

Primer ejemplo: el paraíso

Nuestro buceador se va a un vida-a-bordo en algún lugar del trópico en verano. Como son zonas en las que se utilizan botellas de aluminio casi por sistema, va a bucear con aire y una S80 de 11,1 litros de capacidad, cargada inicialmente a 200 bar.

Nuestro buceador bajará hasta una profundidad máxima de unos 30 m con traje liviano de unos 3 mm, que le implica llevar un lastre de un par de kilos. Supongamos también que se sobrelastra con un kilo de más para ir algo sobrado.

Respecto de la situación de neutralidad en superficie, el dispositivo de flotabilidad que lleve deberá compensar el peso del gas de su botella cuando está llena (11,1 x 200 bar x 1,2 gr/dm³ = 2,7 kg), sus dos kg de lastre y su kilo de más. En total, deberá compensar unos 5,7 kg (algo menos de 13 libras), como mínimo.

Dado que las alas comerciales habituales para monobotella suelen estar entre 14 lb (6,4 kg) y 30 lb (13,6 kg), llegando algunas incluso a 40 lb (18,2 kg), tendría que utilizar un ala muy pequeña de unas 14 lb, pero no iría nada holgado.

Pero, como las desgracias nunca vienen solas, si en esa situación desfavorable su compañero se quedara sin su respectiva ala o chaleco a esos – 30m, en el azul, sobre el abismo y suponiendo que va en las mismas condiciones que nuestro buceador, el dispositivo de flotabilidad de éste necesitaría el doble de capacidad mínima para soportar a ambos. Aún siendo improbable esta circunstancia, ello implicaría con nuestro cálculo la necesidad de elevar unos 12,5 kg y de adquirir en consecuencia un ala de 30 lb, tamaño muy habitual para monobotella. En este caso, no parece haber problema ni siquiera en la probable duplicación del volumen debido al fallo catastrófico del compañero. Por lo dicho, un ala algo más pequeña (de 20-25 lb), también sería aceptable en opinión del autor, pero las de 30 lb no molestan ni ofrecen perjuicios a considerar.

Segundo ejemplo: lo habitual

Pongamos un buceador tipo con una botella de 15 l cargada a 200 bar, buceando con aire o nitrox hasta una profundidad máxima de unos 30 m. Supongamos que lleva un traje de neopreno de 5 mm que implica un lastre de unos cuatro kilos. Supongamos también que se sobrelastra con un kilo y medio de más.

Ahora consideremos la situación más desfavorable de su inmersión: nada más llegar al fondo está ya a – 30m, con todo el gas de espalda sin consumir, su lastre para cuando suba (ahora le sobra pues su traje está comprimido) y el peso de más que lleva.

Como hemos visto, el dispositivo de flotabilidad que porte deberá compensar el peso del gas de su botella cuando está llena (15 x 200 bar x 1,2 gr/dm³ = 3,5 kg), sus 4 kg de lastre y su kilo y medio de más. En total, deberá compensar unos 9 kg (algo menos de 19 libras), como mínimo.

En este caso, duplicar la capacidad ascensional por el fallo total de flotabilidad del compañero exigiría un ala de 40 lb. Al Autor le parece exagerado por lo reiteradamente expuesto y propondría un ala de 30 lb en estas circunstancias.

Tercer ejemplo: el extremo

Al tratarse de un dispositivo de flotabilidad con monobotella, las limitaciones de ésta determina el rango máximo del buceo que se va a hacer. Aunque la profundidad máxima razonable no debiera exceder los -30 m, supongamos los consabidos -40 m que la legislación actual permite. Consideraremos una botella de acero de 15 litros cargada a 200 bar. Deberá bucear con aire para llegar a esta profundidad.

A pesar de que nuestro buceador va con monobotella, supondremos la infrecuente premisa de que es responsable y que para bucear a -40m porta un botellín o pony de aluminio S40 (5,5 l de capacidad).

Supondremos que va a bucear en el mar, en invierno, con agua fría y, por tanto, utilizará un traje de neopreno grueso de 7 mm de espesor (que puede presentar una diferencia de flotabilidad a -40 m de hasta 10 kg respecto de la superficie, dependiente del tamaños, calidad, etc. Aquí se puede comprobar una vez más las desventajas que tiene bucear con trajes de neopreno grueso a profundidad). Pongamos una diferencia más habitual de -7 kg.

Ahora consideremos la situación más desfavorable de su inmersión: nada más llegar al fondo de -40m, con todo el gas de espalda sin consumir, el botellín auxiliar también intacto, su lastre para cuando suba (ahora le sobra) y su gordi-traje totalmente comprimido y el kilo y medio de más que siempre lleva por si acaso.

En este caso, si el compañero se quedara sin flotabilidad a esos – 40m, en el azul, sobre el abismo y suponiendo que va en las mismas condiciones que nuestro buceador, dependiendo del ala de nuestro buceador y, por tanto, hubiera que duplicar su volumen calculado, ello implicaría la necesidad de llevar un ala descomunal de 60 lb (27 kg). (Este tipo de ala sólo se suele usar en la práctica para bucear con bibotellas S100 ó de 15 l en adelante).

En este caso extremo, cabría pensar que, o alguien tira el lastre zafable (que como mínimo debiera ser equivalente al peso del gas de espalda más algún kilito) y se pone a dar aletas hacia arriba, o se le dice adiós con la mano al compañero despidiéndole educadamente mientras se hunde en las oscuras profundidades, que también es una opción.

Por lo que antes se ha dicho, las aletas y lo pulmones ayudarían a resolver la situación, pero se somente a la consideración del lector que en este tipo de buceos a profundidad considerable y con neoprenos de gran espesor, quizá una opción mucho más sensata sería la de bucear con traje seco, que ofrece redundancia de flotabilidad. Como veremos pormenorizadamente en próximas entradas, el neopreno es un material muy interesante pero de muy corto recorrido fuera de los límites del buceo recreativo o «sin techo».

En este caso de buceo a profundidad, con pony y neopreno de gran espesor, el Autor sugeriría llevar una ala de 40 lb para monobotella.

Advertencia a los previsores en exceso

Conviene hacer un cierto ejercicio de generalización, habida cuenta de que uno no adquiere un ala para bucear en CADA situación concreta, debiendo cubrir todo el espectro de equipamiento razonablemente posible en el tipo de buceo que se practique, aunque no se suela utilizar habitualmente. Obviamente, aquí nos referimos a buceo con una sola botella de espalda.

«Hombre previsor vale por dos», dice el refrán. Pero hasta cierto punto. Un exceso de virtud puede resultar disfuncional.

Porque es frecuente que muchos buceadores recreativos que cambian sus chalecos por alas se compren éstas de un volumen demasiado grande por dos motivos:

  • porque no estén seguros de lo que realmente necesitan y apliquen otro refrán: «burro grande, ande o no ande»;
  • porque estén pensando en un futuro en el que hacer buceo técnico y se compren un ala que les sirva también para bibotella cuando llegue ese momento.

Meterán la pata hasta el corvejón con toda probabilidad. Porque cuando un buceador recreativo de un solo tanque compra un ala de muy excesivo tamaño, ésta crea una gran cantidad de resistencia innecesaria cuyo precio será un esfuerzo adicional y un mayor consumo de gas en cada inmersión, quizá durante años. Ello, a menos que se utilice una de esas inefables alas con gomas, que tienen la inmensa «ventaja» de dejarle a uno sin flotabilidad al menor escape. Se aconseja fuertemente que por lo menos no se utilicen alas para bibotellas con un sólo tanque.

Hay que comprar el ala que corresponda razonablemente a lo que se va a hacer, sin tampoco aquilatar en exceso. (El Autor tiene alas de tres tamaños: una de 30 lb para monobotella, una de 40 lb para el bibotella de 2×12 con el que suele bucear habitualmente y una de 60 lb procedente de algún curso pasado en el que se buceaba con dobles S100 e, incluso, mayores. Es dinero, pero duran mucho). Se aconseja fuertemente que por lo menos no se utilicen con un sólo tanque alas para bibotellas.

Corolario

Los tres ejemplos que se han expuesto en este texto son suficientemente elocuentes: el mismo buceador debe llevar un ala muy pequeña en uno, un ala algo más grande en otro y, en el caso extremo, renunciar incluso a bucear muy profundo con neopreno por falta de alas de volumen ascensional suficiente. Se podría entender fácilmente que un buceador de complexión grande necesitara menos capacidad de elevación en su dispositivo que un buceador más pequeño si el primero buceara con neoprenos mucho más finos que el segundo y distintos requerimientos de gas.

Todo buceador debe ser consciente de que distintas circunstancias en el buceo exigen diferentes volúmenes de su compensador de flotabilidad.

Es natural que al principio no se tenga en cuenta esto y se deje el problema al tallaje del chaleco que se compra. Pero éste es un límite claro del buceo recreativo con monobotella o «buceo sin techo». Quien se aventure a otras profundidades o fuera de cualquier otro de los límites inherentes a este tipo de buceo (ver la entrada «Los Límites del Buceo Recreativo«), deberá tener lo que se dice en este artículo muy en cuenta.

¡Buena suerte!

(1) – Esto es la base de un tipo de buceo denominado «Monkey Diving» que se practica en el Mar Rojo y en otras latitudes de aguas cálidas y que, a juicio del Autor, lejos de ser una manera descerebrada de bucear como mucha gente cree, ofrece unas posibilidades interesantes, que serán objeto de un próximo artículo.

(2) – El Autor es muy consciente que el peso es una unidad de fuerza (Newtons), pero para hacer el artículo más accesible, lo indicará en kilos (kg) (unidad de masa).

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CÁLCULO DEL VOLUMEN DEL ALA O CHALECO DE BUCEO

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