Ascenso libre de emergencia
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Ascenso libre de emergencia

Entre el ignorar casi totalmente los riesgos y la angustia de sólo pensar en accidentes, hay un largo trecho de estados intermedios. En este blog dirigido a buceadores adultos, se defiende la idea de un conocimiento realista sin caer en miedos injustificados ni paranoias.

Desde este punto de vista se abordará un asunto mollar del buceo recreativo convencional o «sin techo», como es el ascenso libre de emergencia o ascenso libre, muchas veces bastante ignorado o mal interpretado por mor de no querer pensar en aquello que nos agua la fiesta. No olvidemos que «dive is fun» es lema estrella de la enseñanza al uso.

Por ascenso de emergencia ante un problema se pueden entender dos acciones muy distintas como son subir con la asistencia de un compañero compartiendo su gas respirando de sus dos segundas etapas o haciendo «calumet» (1) o bien ascender sin asistencia alguna, generalmente en total ausencia de gas. En este artículo se tratará exclusivamente de este último, que se suele denominar «ascenso libre», «ascenso libre de emergencia» o «ascenso boyante».

Ya desde los primeros artículos de este blog se manifestó la necesidad de entender qué es realmente el buceo recreativo convencional con monobotella y en qué se basan sus procedimientos y límites (léanse «EL FUNDAMENTO DEL «BUCEO RECREATIVO, Primera parte: CONCEPTO Y SISTEMA y Segunda parte: LOS LÍMITES«).

Resumidamente, en estos artículos se planteaba la idea de que el buceador debe tener siempre al menos dos opciones viables ante un fallo catastrófico irresoluble dentro del agua. Dos como mínimo.

En el caso del llamado buceo técnico o «buceo con techo» subir en cualquier momento no es una opción por existir un techo físico (buceo en el interior de cuevas o pecios), por haber contraído obligaciones descompresivas relevantes, por no ser accesible la superficie de forma segura (buceo en zonas de paso de barcos) o por estar a una profundidad considerable con pocas probabilidades de llegar a la superficie en unas mínimas condiciones ─ es decir, vivo ─.

El problema hay que resolverlo dentro del agua y la redundancia en el equipo (dos fuentes independientes de gas, etc.) y la asistencia del compañero son las dos alternativas posibles para ello, por este orden.

Sin embargo, en el caso del buceo recreativo convencional con monobotella o «sin techo» no hay redundancia en muchos escenarios, por lo que la opción de ascender en cualquier momento a superficie es la base de esta modalidad de buceo. Ante un fallo catastrófico, la asistencia del compañero en primer lugar y el ascenso de emergencia ─ asistido o libre ─, como segundo y último recurso, son las dos opciones.

Un ascenso asistido por el compañero con sus dos segundas etapas no refleja necesariamente la existencia de un error previo. Hacerlo compartiendo una única segunda etapa o «haciendo calumet» (1), sí implica un error previo puesto que el malfuncionamiento de un octopus lo es. Pero un ascenso libre refleja una secuencia de varios errores acumulados, general y fundamentalmente dos: quedarse sin gas y estar en una situación en la que no se reciba la asistencia del compañero.

Pero hete aquí que el ascenso libre, lejos de ser un procedimiento inocuo, por el contrario tiene varios riesgos importantes que muchos buceadores no conocen del todo puesto que lo imaginan con un pensamiento desiderativo y tranquilizador.

El motivo más probable de realizar un ascenso de emergencia es quedarse sin gas por algún motivo. Sin embargo, la cosa no suele ser como nos gusta imaginar. Los distintos escenarios de esta circunstancia ya han sido analizados en una serie de artículos titulados «LA PÉRDIDA TOTAL DEL GAS» y «EL CORTE SÚBITO DEL GAS«. No se insistirá en ello, recomendándose su lectura.

La escena más probable de este fallo catastrófico sería el corte súbito del gas de un buceador que descubre que se queda sin aire después de exhalar su última respiración e intentar inhalar de una botella que no le da gas. Ya con déficit de aire, pierde unos cruciales segundos en intentar comprender qué ocurre y algunos más buscando a su desaparecido compañero que quizá esté demasiado lejos o fuera de su vista. Ya se está ahogando.

Y todavía tiene que tomar la decisión de tirar o no su lastre, encontrar la hebilla y hacerlo … con 25, 30 o 40 m de agua por encima de él. Este tipo de situaciones se describen en «EL FALLO CATASTRÓFICO Y EL ACCIDENTE DE BUCEO» y no son como la inmensa mayoría de la gente imagina. Esto es importante saberlo.

Una vez más y como en tantos otros fenómenos analizados, no es propiamente la velocidad de ascenso ni la diferencia de presión el problema, sino la variación porcentual de la presión, es decir, el gradiente de presiones, esto es, la variación de presión por unidad de longitud.

Repitiendo un ejemplo recurrentemente utilizado, tanto entre -40 y -35 m como entre -5 m y la superficie hay en ambos casos 5 m de diferencia, equivalentes a los mismos 0,5 bar de presión, pero en el primer tramo la variación es del 10% (4,5 bar / 5 bar = 0,9 ≫ ∆ = (1 – 0,9) * 100 = 10%), mientras que en el segundo es del 33% (1 bar / 1,5 bar = 0,67 ≫ ∆ = (1 – 0,67) * 100 = 33%).

Por tanto, en los mismos 5 m de distancia pero a distinta profundidad, comparativamente tendremos una variación de presión de más del triple en un caso que en el otro y, por tanto, la expansión de nuestros pulmones y alvéolos será muy distinta, aumentando su volumen tres veces más en el tramo más somero que en el más profundo del ejemplo.

En consecuencia, hay que exhalar más cuanto más cerca se esté de la superficie. Y en esos últimos momentos, exhalar al máximo no es ni intuitivo, ni fácil.

Y esto representa un problema porque no sólo es contra intuitivo, sino que se llega al último tramo del ascenso angustiado y después de una privación de respiración que puede ser larga. (Si se aceptara una velocidad de 20 m/min, ascender desde 40 m supondrían 2 minutos y 1,5 min desde 30 m. No es poco. Ello, suponiendo un ascenso con velocidad más o menos controlada, que ésa es otra cuestión.

En esa tesitura y ya probablemente casi en pánico, el buceador se desprende de su cinturón (si encuentra la hebilla) e inicia un ascenso cada vez más rápido hacia la superficie a modo de misil intercontinental. Si ha sido aplicado en su curso, mantendrá su segunda etapa en la boca con la esperanza de que quizá a una profundidad más somera le vuelva a dar algo de aire y ascenderá exhalando permanentemente durante todo el recorrido hasta la superficie, aprovechando que el aire en sus pulmones se expande al subir.

Con suerte y circunstancias favorables, llegará a superficie con un susto monumental, pero llegará. Sin embargo …

Aunque observando a alguna gente no lo pudiera parecer, por mal que se llegue es preferible llegar a la superficie vivo, que ahogarse. Y a partir de este insólito descubrimiento y de que hay gente mejor y peor informada, la peligrosidad de los riesgos que acechan en un ascenso libre suelen ser malinterpretados.

El buceo recreativo sin paradas de descompresión obligadas (no se incluye la recomendada a 3-5 m) parte de la premisa de que un ascenso a una velocidad máxima de 9 a 10 m\min en cualquier momento de la inmersión queda dentro de la curva de seguridad y, por tanto es altamente improbable una enfermedad descompresiva o ED. Algún organismo como DSAT eleva esta velocidad a 18 m/min, pero es la excepción.

En el caso más frecuente y desfavorable de tener que ascender sin gas a 9 m/min, esto significaría casi 4,5 minutos desde 40 m; 3,3 minutos desde 30 m y algo más de 2 min desde 20 m. ¿El lector se ve capacitado no sólo para controlar la velocidad de un ascenso en esas condiciones y durante ese tiempo prácticamente en apnea y exhalando de continuo? Si es así, felicidades por la alta autoestima pero se sugiere que lo reconsidere delante de un espejo.

Después nos haremos trampas al solitario y acudiremos a la velocidad máxima de la DSAT de 18 m/min, que duplica la anterior. Aún así, muy poca gente sería capaz de ascender controlando la velocidad.

¿Cómo se puede controlar la velocidad cuando se está uno ya ahogando literalmente y probablemente en estado de pánico? Con carácter general no se puede, por mucho que uno se fije la velocidad de sus burbujas más pequeñas. El impulso generado por la expansión del aire que contenga el dispositivo de flotabilidad y el traje de neopreno acelerará la subida cada vez más. En estas condiciones, muy poca gente es capaz de controlar nada.

Siendo sinceros, la inmensa mayoría de los buceadores recreativos realizarían el ascenso libre de manera totalmente descontrolada. Y es mejor asumirlo que engañarse para, a continuación, pensar que, en los rarísimos casos de accidentes mortales que se producen en el buceo recreativo, la gente se muere porque se ahoga, no por una enfermedad descompresiva.

Así, pasaremos de la temida ED a la más temida «sobre-expansión pulmonar».

En todo curso básico se enseña que, al ascender, el volumen del gas contenido en los pulmones aumenta. Por ello, se impele a respirar «normalmente» (esta curiosa afirmación será tema de un próximo artículo) y se desaconseja totalmente hacer apneas para «ahorrar» aire.

Es obvio que, en el caso de un ascenso libre, la expansión del volumen de gas en los pulmones aumenta radicalmente. Por ello, en los cursos se afirma que esa expansión puede exceder la resistencia de la pleura o pared pulmonar, haciendo que el pulmón «explote» (esta afirmación la ha escuchado literalmente quien esto escribe en varias ocasiones).

Sin ser tan peliculeros, lo cierto es que se pueden provocar daños en el tejido pulmonar (no sólo en la pleura, sino en los alvéolos) y permitir la salida de aire intrapulmonar produciendo barotraumas como un neumotórax ─ con su correspondiente colapso pulmonar ─, un enfisema subcutáneo (bolsa de aire bajo la piel), un enfisema mediastínico (aire en el mediastino o espacio entre los dos pulmones, columna y esternón) o un neumopericardio (aire atrapado alrededor del corazón).

Es preferible ni imaginar lo que puede pasar en un ascenso libre si se produce por cualquier motivo un espasmo de glotis.

Para que el lector esté alerta después de un episodio de ascenso libre, dependiendo de la localización de la acumulación de gas, los signos y síntomas pueden ser un dolor torácico, dificultad para respirar o tragar, cambios en el tono de voz, burbujas de gas que se palpan bajo la piel (generalmente alrededor de la parte superior del tórax, cuello o cara) y cianosis (coloración azulada de los labios).

El mayor riesgo se produce en zonas someras debido al gradiente de presiones anteriormente explicado y puede ser consecuencia de la contención de la respiración en tan sólo 1,5 metros de agua (la sobre-expansión pulmonar más somera registrada en España se dio en una piscina de 3 m de profundidad en un entrenamiento militar). Así que, mucha atención a esto.

Sin embargo, pudiendo ser graves algunas de las patologías descritas, todavía queda lo peor.

Lo peor es que el traumatismo del tejido pulmonar puede permitir la entrada de gas respiratorio en los vasos sanguíneos que vuelven al corazón (venas pulmonares). Y ese gas puede acabar en cualquier sitio … incluyendo el cerebro (estos casos con frecuencia se producen en los últimos metros de ascenso y el buceador se desmaya, ahogándose generalmente).

Los síntomas de una EGA se suelen producir en un intervalo de 10-15 minutos, al contrario de otras patologías similares como el shunt pulmonar en las que burbujas venosas eluden el filtro pulmonar y entran directamente en el sistema arterial (fenómeno que se puede producir también por un Forámen Oval Permeable en el corazón).

Aunque el principal factor de riesgo de EGA es contener la respiración durante el ascenso, otros factores de riesgo potenciales incluyen afecciones y enfermedades subyacentes como infecciones pulmonares o como el asma, que pueden aumentar el riesgo de atrapamiento del volumen de aire.

Y aunque es importante señalar que no todas las lesiones del tejido pulmonar provocan necesariamente una EGA, el riesgo está ahí siempre, por lo que debe ser tenido muy en cuenta a la hora de pensar sobre el ascenso libre. (¿A que al lector le están entrando unas ganas irresistibles de no separarse de su compañero en su próxima inmersión?).

Asunto muy delicado, los ascensos de emergencia eran práctica habitual en el pasado. Sin embargo, como entrenamiento han sido proscritos de los sistemas de enseñanza actuales (salvo aguerridos y recalcintrantes instructores formados en la vieja escuela, que todavía los hay. De hecho, no hace mucho el Autor viajó con dos OWD que contaron que su instructor les obligó como parte del curso a practicar esto desde unos 15 m de profundidad. Después de felicitarles por estar vivos, la recomendación fue elevar una queja y no volver a pisar ese centro).

El lector podrá ver en el siguiente vídeo una práctica de una de las más conocidas certificadoras mundiales que, al parecer, todavía hace estas cosas, aunque de una manera «light».

Aparte de una mímica digna de Marcel Marceau, la práctica anterior es bastante tramposa habida cuenta de que la «víctima» se lo espera, está lastrada muy neutra y con muy poco gas en el chaleco, toma aire, se hace desde muy baja profundidad y, además, de que su asistente le cierra pero luego abre de nuevo la botella (¿para qué se la ha cerrado?). Simulacro que nada tiene que ver con una situación real.

También se tiene constancia de instructores que practican esto con sus alumnos haciéndoles nadar en horizontal soltando gas. ¿Qué tiene que ver esto con un ascenso libre tal como se ha descrito? Casi nada o nada.

¿Por qué todavía hay gente enseñando en la práctica a hacer ascensos libres a pesar del riesgo para el alumno?

Quizá sea por la inercia producida porque los primeros instructores procedían del ámbito militar, en el que los escapes de submarinos y situaciones similares formaban parte importante de su entrenamiento. Y ya se sabe que algo que se enseña a un instructor tiende a permanecer en el acervo colectivo durante generaciones, por absurdo que sea (este blog contiene numerosos ejemplos de ello).

Los procedimientos se hacen o debieran hacer con un ojo puesto en la campana de Gauss. En estos términos ¿resultaría raro que alguien se pusiera nervioso y aguantara la respiración haciendo una práctica de ascenso libre con las consecuencias descritas?

Y, desde otro punto de vista ¿tiene sentido asumir ese tipo de riesgos en una enseñanza destinada a lanzar al agua al mayor número de personas en el menor tiempo posible? No olvidemos que la segunda parte del lema «dive is fun» es «… and for everybody». ¿Al aprender a conducir se practican los accidentes? ¿Tiene algún sentido realizar maniobras tan descafeinadas que no queda nada de café?

Lo que sí se debiera practicar habitualmente es el ascenso de emergencia compartiendo gas con el compañero. Y lejos de un cabo porque los problemas no suelen aparecer al lado del fondeo.

Un ascenso de emergencia sin control es lo peor que se puede hacer, salvo decidir ahogarse.

Lo más probable es que el buceador llegue a la superficie en mal estado porque excederá la velocidad máxima de ascenso seguro y correrá el riesgo de sufrir una enfermedad por descompresión, un barotrauma pulmonar y, lo que es peor, una embolia arterial gaseosa. Debido a que ascenderá de forma descontrolada, también correrá el riesgo de sufrir lesiones por el tráfico de embarcaciones. 

Pero no olvidemos que la necesidad de hacer un ascenso libre proviene de haber cometido varias negligencias o errores previos, por lo que la mejor manera de evitarlo es ser muy consciente del gas del que se dispone, sabiéndolo gestionar adecuadamente y, sobre todo, incidir en la idea de la necesidad del buceo de compañeros en unos términos seguros, es decir, que se obtenga en todo momento la certeza de la asistencia por parte del otro. Bucear siempre a menos de 30 m con monobotella sería otra conclusión.

El escape libre sin suministro de gas es una muy indeseable opción sobre la que generalmente se piensa en términos irreales. Considérelo el lector.

(1) – El término calumet  ─ de evidente origen francés cuyo significado es «caña» ─ es curioso porque se refiere a las pipas sagradas que fumaban los pueblos indígenas de América del Norte, pasándoselas de unos a otros. Las «pipas de la paz», como se las conoce popularmente.

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10 comentarios sobre “Los últimos recursos : EL ASCENSO LIBRE DE EMERGENCIA”

  1. Yo soy una de la vieja escuela y el escape libre, (creo recordar se unos 15 o 20 m de profundidad), era la práctica obligatoria del cursillo de buceador avanzado. No había jackets en esa época.
    Creo recordar que se dejaba el equipo en el fondo y se ascendía libremente.
    Y tal y como afirmas los instructores eran militares o antiguos militares. Sin embargo es curioso, porque en todos los demás aspectos eran muy exigentes en el tema de la seguridad. Eran otros tiempos.

    1. Hola Biljana (bonito nombre ¿serbio?).

      Sí. Eran otros tiempos.
      Pero no solo otros tiempos sino otro buceo completamente distinto. Realmente creo que no nos damos cuenta de lo que ha significado el buceo recreativo turístico que ha generalizado la actividad a todo rango de edad y condición física.
      Los militares partían de una base física completamente diferente puesto que por definición están en un rango de edad y forma que nada tiene que ver con la media gaussiana a la que aludía en el artículo.
      De todas maneras, también se van sabiendo más cosas y una de ellas es que los peligros descritos pueden afectar igualmente a una persona de 60 años que una persona de 20.
      Yo pienso que los militares incidían mucho en la seguridad externa dando por sentado que la salud venía dada.

      Un cordial saludo y gracias por el comentario.
      G.

  2. En la escuela de buceo de la armada (ya sabemos que no es recreativo) se practica siempre los escapes libres, y , aún sabiendo que ha habido varios accidentes (alguno de ellos fatales) creo que es una practica importante. Se pierde un poco el «miedo» al buceo a cierta profundidad, aprende uno a ver qué hay una salida posible ante un accidente donde no esté la pareja disponible y como solucionarlo. como todo en el buceo habrá siempre disparidad en las opiniones. pero mi caso.. creo que la práctica es necesaria siempre con unas medidas muy estrictas de seguridad.

    1. Hola, Salva.
      Discrepando de tu afirmación, me limitaré a señalar que aquí se está hablando de buceo recreativo con monobotella, no de buceo militar. Y es muy diferente, puesto que la cantidad de gente que accede a esta modalidad (que a veces pienso que tiene que ver más con el turismo que con el buceo), es muy variopinta.

      Además, ¿en un curso de apenas cuatro días crees verosímil enseñar estas cosas? ¿Qué pasa si una persona de 60 años no demasiado acostumbrada al ejercicio físico se pone nerviosa y aguanta la respiración en un ascenso libre? ¿nos la cargamos «para enseñarle seguridad»? Recuerda que la edad media en el buceo recreativo de de 40+ años. Y no sólo es la edad, sino la variabilidad de la condición física.

      Y hacer un ascenso a velocidad controlada sin cabo es difícil. Se requiere mucho tiempo y entrenamiento para hacerlo. Y muy buena flotabilidad. Nada al alcance de un alumno recreativo tipo. Incluso te diría que ni algunos buceadores técnicos serían capaces.

      Yo niego la mayor: el ascenso libre es un ultimísimo recurso y una indeseable y peligrosa solución a unos errores previos que son los que hay que evitar. Y en evitar esos errores es donde hay que incidir.

      Un saludo cordial y gracias por el comentario.
      G.

  3. muy acertada la columna!! me adhiero totalmente a ella. yo soy instructor y les digo a mis alumnos que no me gusta enseñarles esta habilidad, que lo hago para cumplir el estandar (es como entrenarlos para fallar). Prefiero hacerles mucho enfasis la importancia de los procedimientos de buceo seguro y les digo que un buzo que tenga que hacer un asenso boyante de emergencia es un buzo negligente y ha pasado por alto muchos puntos de seguridad.
    muchas gracias

  4. Estimado colega.

    Como siempre felicitarte por tu blog, ya que coincidamos o no en las opiniones, aporta luz, sensatez y ganas de debate constructivo.
    En mi opinión de Instructor de la «vieja escuela» que ha evolucionado y mucho con el transcurso de los años, la enseñanza y la experiencia que aportan, quiero romper una lanza a favor del ascenso controlado de emergencia, siempre en vertical, a poca profundidad (6 a 9 mts.) y que se realice con los medios adecuados y el control necesario. Es decir, con un cabo desde el fondo hasta la superficie por si se ha de parar el ascenso del alumno/a y una observación directa y personalizada de que exhala burbujas, de nuevo por si hay que detener el ascenso de forma inmediata.
    Soy firme creyente de que sólo se hace bien lo que se practica y desafortunadamente estas situaciones aunque escasas también ocurren, por lo que es mejor practicarlas con el Instructor/a.
    Saludos

  5. Yo también hice practicas de ascenso de emergencia desde 25m (Eramos unos «machotes») y siempre me lo tomé como un extra de seguridad, pues te hacía ver que el aire sobra en el ascenso (aunque el CO2 aumente en sangre, el tener aire de más en los pulmones elimina la ansiedad) y que la superficie está a tu alcance.

  6. Un muy buen articulo, felicitaciones por ello.
    No acostumbro a comentar ,pero se hace obligatorio hacerlo ya que durante mi vida de buceador , he tenido en dos oportunidades que salir en «escape libre » uno de 28 metros y un segundo de 30 metros .. es una situacion dramatica NO deseable , la primera vez fue cuano era muy joven +- 25 anos buceando con un tubo de buceo que se habia quedado en el agua con regulador abierto ,se uso el aire y no se subio a la embarcacion , (en esa epoca colocabamos a 12 metros una botella con aire con un regulador MISTRAL para hacer deco si se requeria no utilizabamos BC) al controlar la presion de la botella al inicio estaba en valores aceptables , pero a los 28 metros bastaron tres respiraciones y quede seco.. mis companeros de buceo estaban muy lejos , asi que solo me saque el equipo y subi con la boca abierta gritando , era un enorme flujo de aire el que salia por mi boca , no presente sensacion de querer inhalar, afortunadamente sali bien ..
    En la segunda oportunidad fue a mis 55 anos , por bucear con una botella de acero de origen RUSO , que tenia una valbula de ON /OFF un cuarto de vuelta abria o cerraba , a los 30 metros la camara de la valvula , que era muy pequena se tapa con oxido y me quede sin aire , estaba solo habia terminado de guia de un grupo de buceadores extranjeros y los habia llevado a la embarcacion , pero como me quedaba la mitad del aire en la botella baje a los 30 metros a ver una cueva con un pez gigante que me facinaba . Aqui me di cuenta que estaba en un gran riesgo incluso dude de ser capaz de llegar a superficie , lo unico que pense fue que mi hijo que estaba en la embarcacion deberia reconocer mi cadaver , asi que inicie mi ascenso sin botar nada , ni plomos ni botellas solo conciente de no sacarme el regulador de la boca , a mitad de camino me bajo un fuerte reflejo de querer respirar , tube que usar mis dos manos para contener el regulador en mi boca y no tragar agua y consentrarme en no perder el conocimiento en especial en los ultimos metros , afortunadamente no sufri ninguna lesion , y me deje flotando mirando el cielo azul que me parecio el mas bello del mundo . Alli termine de aprender que uno debe tener siempre el mejor y mas seguro equipo posible y nunca creer que es invencible..
    Disculpen lo largo del relato , pero creo que a alguien le pueda ser util.

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